sábado, 20 de agosto de 2011

eugenio atget


Boulevard de Strasbourg, 1912 © George Eastman House, el Museo Internacional de Fotografía y Cine, Rochester

Cabaret au Tambour, 63 quai de la Tournelle, distrito 5 1908 © Musée Carnavalet / Roger-Viollet / TopFoto

Puerto au Cabaret Salut, vendedora ambulante vendiendo mariscos, rue des Fossés-Saint-Jacques distrito 5 
1903 © Musée Carnavalet, París / Roger-Viollet / TopFoto

Chimenea, Hôtel Matignon, Embajada de Austria Formet, 57 rue de Varenne, distrito 7 1905
© Musée Carnavalet / Roger-Viollet / TopFoto

Rue Hautefeuille, distrito 6 1898 © Musée Carnavalet, París / Roger-Viollet / TopFoto


Rue de l'Hôtel de Ville, 1921 © Colección Galería de Arte de Nueva Gales del Sur

Rótulo de establecimiento, au Rémouleur en la esquina de la calle de los Nonnains-d'Hyères y rue de l'Hôtel-de-Ville,
el distrito 4 julio 1899 © Musée Carnavalet, París / Roger-Viollet / TopFoto

Primavera, por el escultor François Barois, jardin des Tuileries, distrito 1, 1907 © Musée Carnavalet, París / Roger-Viollet / TopFoto

Vendedor ambulante, place Saint-Médard, distrito 5 Septembre 1898 © Musée Carnavalet, París / Roger-Viollet / TopFoto

El antiguo Colegio de Chanac, 12 rue de Bièvre, distrito 5 agosto 1900 © Musée Carnavalet, París / Roger-Viollet / TopFoto

Impresionante exposición fotográfica de Eugène Atget en la Fundación Mapfre (Paseo de Recoletos 23, Madrid). Fotos de grandes placas de finales del XIX y principios del XX que demuestran una mirada especial a la ciudad donde vivía, París. Viejos oficios, pequeñas tabernas, rincones, escaleras, maravillosos patios, pasajes, pequeñas calles retorcidas, escaparates, putas y putiferios, aldabas, detalles de parques y jardines, viejos hoteles, edificios a punto de caer...un intento de aprehensión de aquello que estaba a punto de desaparecer. Una mirada con cariño hacia lo que se fotografía. Especialmente fuertes los reportajes de las chabolas de los suburbios y la vida de los traperos. Conmovedoras sus notas. "la zona va a desaparecer al igual que los traperos"
Como ya no llevo cámara, hago algunos dibujos:

En la otra sala puede verse una expo sobre el dibujo en el siglo xx "La mano con lápiz", perfectamente explicada y visible aquí.
Fotos de Eugène Atget aquí, aquí, aquí y aquí.

manchas

Todo el día con la tinta china. De golpe llaman por teléfono y pintamos manchas mientras hablamos. Qué bien corre la tinta. Qué bonitas manchas. Alguien baila para una máquina de música.Uno podría estar mucho tiempo mirando, perdiéndose entre blancos y negros.
Dan ganas de tirar el cuaderno a la papelera y seguir haciendo manchas infinitamente y ser feliz con un pincel. Ser feliz sólo haciendo sin importar qué.
O zambullirse en la cama y soñar con una brocha grande para manchar el mundo.

jueves, 18 de agosto de 2011

no con mis impuestos

 Mani convocada en Tirso de Molina en contra del gasto público en un evento privado de la Iglesia. En realidad, la convocatoria no es anticlerical, pero muchos de los asistentes sí. Hay de todo, como en botica. Se ven cartelas y se oyen consignas de todos los colores.
Mucha gente. La plaza llena y las calles adyacentes vienen cargadas. Los del 15M no convocan, aunque sí se ha adherido alguna asamblea de barrio.
Los de la CNT sacan su A mayúscula sobre una gran bandera negra. Y los de Intereconomía se ponen a grabar mientras les gritan fuera, fuera. Hace calor y me siento en una terraza delante de una cerveza fresquita mientras se deciden a caminar. Dibujo algunos manifestantes. Los pulverizadores vuelven a funcionar. Veo que hay cierta uniformación en los tíos, que consiste en: gorrito de ala estrecha, gafas de pasta negras, camiseta negra ilustrada, pantalones debajo de la rodilla  y zapatillas negras con calcetines cortos.
Subiendo Doctor Cortezo aparece un auténtico peregrino alto y fuerte que habla alemán, holandés o vaya usted a saber. Está quemado por el sol, lleva un pesado macuto y las zapatillas y los pies destrozados. Una chica trata de explicarle su equivocación, pero él no parece sentirse equivocado, sino bien. La chica saca una grabadora con un micrófono grande incorporado y le hace una entrevista mientras lo dibujo. ¡Cuánto me gustaría entender lo que dicen!
En la cabeza, se dividen en dos columnas que bajan Carretas y Cruz. Detrás aún salen de Tirso. Hay muchos condones inflados como globos. La gente se asoma a los balcones y sale de los bares. Yo decido seguir por Cruz pensando que será menos difícil entrar en Sol.
Cuando llego a Sol está hasta arriba. Hay gente en los balcones decorados con banderas que bendicen a los manifestantes y levantan crucifijos (me acuerdo de Buñuel). Un grupo se va a Arenal donde los peregrinos cantan y luego a la salida del metro donde salen columnas escoltados por la policía. Les gritan: esa mochila la he pagado yo y vuestro papa es un nazi. Yo no le veo mucho sentido a esta lucha verbal en la frontera formada por policías, y vuelvo a Tirso. Baja un grupo de costaleros alzando un muñeco parecido a Benedicto XVI con condones inflados en las manos. Los manifestantes están repartidos por los bares y otros muchos están en la plaza escuchando a alguien que se ha subido a una especie de púlpito hecho de tubos de andamio.

 Frases leídas o escuchadas: De mis impuestos NO. Mi papa se llama Eusebio. Religión: teoría ambigua que crea y provoca controversia. Intereconomía es una porquería. Si Jesús levantara la cabeza... Papa okupa. +profesores -papas. Cuidado con los niños ¡que viene el papa!. Ni voy, ni te espero. Mis excursiones me las pago yo. No hay hostias para tantos peregrinos. Cuidado con las carteras que viene el Papa. Ay Papa ¡dame argo!. Más patatas y menos papas. Por los curas, me quedo a oscuras. JMJ en Somalia, por ejemplo. Ningún dinero público para curas, rabinos o ayatolás. Aborto no, pedofilia sí. -papa +maría. Menos curas y más educación. Cuando seas papa, comerás huevos. menos religión y más educación. papa o Califa paguen sus visitas. La juventud del Papa, también se la machaca. El ahorro de los peregrinos lo pagamos los vecinos. 
La que más me gustó fue la escrita en la camiseta de un adolescente: Dios no existe, son los padres.


Un estudio sobre los gastos para la visita papal aquí.

miércoles, 17 de agosto de 2011

18may09 halong-hanoi





Por la mañana temprano, el nivel del agua ha bajado dejando una zona extraña bajo los mogotes. A las seis ya es de día. Oigo dos chop fuertes, se están tirando al agua. Me asomo a la ventana y doy los buenos días, estos sí que son buenos y no muchos que damos.
Me pongo el bañador y me tiro. Doy brazadas sin cesar hasta que paro y me extasío rodeado de mogotes entre la niebla. Quiero disfrutarlo al máximo y me hago el muerto mirando el cielo, sin hacer un solo movimiento. El agua está templada. Los motores bajan el volumen y las voces se pierden mientras mi mente se pone en blanco. No sé si me duermo.
Dévora no quiere tirarse y le muestro la escalera. Lion saluda desde la terraza y se tira en un gran chop. Subo saludando a la australiana gordita que siempre está aparte. Se acerca una barca con una familia con niños muy pequeños. La vida es muy dura en el paraiso. Mientras desayunamos nos desplazamos por la bahía. Se van algunos y vienen otros. Formamos un pequeño grupo de veteranos, entonces la gordita australiana surge.
Dibujo a los niños de la pequeña isla flotante de madera. Sebastián me hace fotos. Ty quiere que le arranque la hoja. Le digo que no puede ser y se queda triste. Kim no para de saludar  con la mano mientras nos alejamos. Goodbye Kim.
Me baño otra vez. La corriente me aleja del barco y tengo que hacer un esfuerzo enorme para llegar a la escalera. Una chica pide socorro para que la recojan. Mires donde mires todo son mogotes que se pierden en la bruma, como si el mundo fuera así y sólo así.
Volvemos despacio al puerto de partida. Cenamos hablando de cómo se llaman las cosas en distintos idiomas. Las pijitas blanquitas traen su propio cojín. Chantal, la profesora de pintura, se asombra de que pueda dibujar a la gente sin parar de mirarla, ella no podría, por eso pinto paisajes. Lion es diseñador industrial, conoce Madrid y habla un poco español. La comida es occidental. Una pena con lo buena que está la suya. Todo viene frito, no me agrada. Ziv saca una botella de tinto vietnamita.

El viaje de vuelta se hace pesado. En Hanoi, subimos al último piso del hotel para ver la ciudad. La calle está a tope. Nos sentamos con los vietnamitas y pedimos su cerveza. Compro unos pinchos a una señora y en la siguiente ronda probamos unos calamares secos a la brasa que hace otra señora abanicando un pequeño plato de brasas. La camarera va haciendo hueco y colocando estas banquetillas blancas de plástico. De vez en cuando, pasa la policía y todo el mundo tiene que subirse a la acera, hasta que se van. Los basureros pasan tocando una campana. Todos echan la basura al suelo; pero a la mañana siguiente ya está limpio.
Damos una vuelta por las calles de las especias. Tiendas bonitas con muchos cajones de madera. Setas gigantes, una raíz de gengibre con forma de hombre. Pasa un motorista con un chubasquero que tapa también la moto. Su hijo cogido atrás es una joroba. Se pone a llover y todos los negocios se forran de plásticos de colores. Todas las banderas rojas con su estrella amarilla se empapan.
Entramos en un bar de cócteles de frutas. A mí me gusta el dragón, que es un tubérculo rosado con el interior verde fuerte. Pido una Halida de presión por unos 30 céntimos. Mañana nos vamos a Hué.

invasión cristiana






¡Hola Canadá! gritan en el metro unas adolescentes con gorrito vaquero. Uniformes de colores, banderas. Las gorditas de Gabón me espachurran contra la puerta. Aunque hay aire frío hace un calor horrible. Cantan en francés Jesús te amo y luego unas de Zaragoza se lo cantan en maño. La primera hornada se baja en Ópera y todos los demás en Sol. Se me ha puesto mal cuerpo.
Llenan las calles que la policía les regala, les hacen bocadillos, abren las merenderas en las terrazas de los bares, invaden los colegios y las bibliotecas públicas, cuelgan la ropa mojada en una cuerda sobre los pupitres, les dan comida en las iglesias mientras echan a los mendigos por la puerta de atrás (no, esto es sólo para los jóvenes que vinieron a ver al Papa), se tumban en el césped, gritan en el metro, se pasean en comandos.
Polacas blanquitas y narigudas, franceses con chapas en la carrillada, pijotas mejicanas rubias, negritos con levis mirándose en los escaparates, monjas con sayones, guiris de guitarrica... toda esta gelatina ñoña esconde a los gerifaltes del mañana. De aquí saldrán aquellos que acabarán con el mundo. Esto, no es más que un pequeño simulacro.

Los dibujos son de la gente en las colas, por la calle, el metro y de un documental que veo, sin ningún discernimiento. Sólo son peregrinos los dibujados en la segunda fila, y la nariguda polaca de la cuarta.

martes, 16 de agosto de 2011

17may09 hanoi-halong




 Sueño que somos muy jóvenes como si nos hubiéramos retrasado en el tiempo. La Maru es una niña. Carlos está feliz, lo lleva muy bien. Yo, que sé que a las seis y media nos llamarán para ir a Halong, le digo: Carlos, esto no puede durar mucho, esto no es normal, seguramente que es un sueño. Aunque se lo teme, me responde que cree que la cosa es definitiva.
Desayunamos con dos guiris sobrados de esos que van por la calle como los dueños del mundo en un país fastidioso. Después de conseguir una fórmula barata para ir al Golfo de Tonkín, Beni no se fía y optamos por comprar viaje y barco en un paquete mucho más caro. Y aquí estamos en una nave llena de guiris y productos artesanos fabricados para nosotros, lo que menos apetece después de un madrugón.
Al atravesar el río, todo es más húmedo y está lleno de palmeras. Enseguida llegamos a la bahía con mogollón de barcos de madera y velas. Las cabinas parecen pequeñas pagodas.
Avanzamos en este lugar alucinante tintado de azul por la niebla, rodeados de islas-rocas que se van perdiendo en el fondo, formando esa infinita serpiente que sale y entra en el agua.  Estoy en la terraza superior del barco con una extraña sensación de retiro a la vez que de inmensidad.
La comida no muy buena: un pez con muchas raspas, langostinos secos y, lo mejor, brotes con calamares. Comemos con una pareja de Israel con esas vacaciones gigantes que se gastan antes de ser secuestrados por el estado. Él lleva seis meses, viene de Laos y va hacia China, y habla un perfecto castellano porque vivió con una colombiana en Barcelona durante cinco años. Es simpático y dice que le gustaría ir a Cuba antes de que muera Fidel Castro (un tópico). También hay una chica de Madrid que trabaja de periodista en Pekín. Con ellos va atardeciendo hablando de países, viajes, dibujos y cuadernos de viaje. Se ha ido el nublado y ha aparecido un sol amarillo en el Oeste, muy lateral, que nos trae belleza y paz. No hay nada mejor que lo que la naturaleza nos da.

lunes, 15 de agosto de 2011

16may09 hanoi




Me despierta el altavoz de un vendedor al más puro estilo bolañego. Soñaba con la gente de San José: Rafita, la Rosa y otra chica que me había comprado unas cristalizaciones , de las que todo el mundo se empleaba. Yo era el turista con pasta que venía de Madrid.
Desayunamos con una familia neoyorquina. Ella habla castellano y es muy simpática. Nos dice que antes iban mucho de turismo a España pero que ahora es muy caro para  ellos. Nos recomienda el Hanoi Garden para comer. Su hijo nos recomienda hacernos un traje en Hoian (¿Para qué quiero yo un traje?).
Paseamos por el Templo del Monte de Jade, en el Lago de la Espada Restituída, con cultos budista, taoista y confucionista, un lugar recogido y hermoso, con acceso por el puente púrpura, de madera. En una heladería nos dicen donde coger el bus 14, que nos lleva al Museo Etnológico. Está muy bien, pero dejan fotografiar y apenas dibujo. Muy interesante la colección de muñecos de madera, las llamadas marionetas de agua, con los brazos articulados. También las distintas recreaciones de la forma de vivir de las distintas etnias del país, fuera, en el jardín. El calor agota.
Edificios franceses de vuelta en el 14, con el aire puesto es la mejor forma de pasear. Venta de bonsais, gente muy joven, monjas en moto, peluquerías en la calle, colegios, la catedral y otra vez el lago.
La calle de la percusión: tambores de madera, bidones, bombos, xilófonos de bambú, cajas de madera y gongs de todos los tamaños. También el Café Bistro Golden Drum, donde nos bebemos una Halida fresquita debajo del ventilador gigante. Me marea esta alta humedad. Parece común llevar dos móviles, con los que oyen música. Desde el balcón vemos, como Heráclito, pasar este río de gente. El mismo río, distinta gente.
El Hanoi Garden es un restaurante apañao con palmeras en el patio interior, pintado con colores fuertes amarillos y verdes. Delante de un ventilador nos comemos una ensalada de raíces de loto con crevettes, cerdo con setas (que se sale, aunque Beni no acaba de ser feliz con la comida) y una tarrina de barro con berenjenas guisadas con carne de cerdo picada. Riquísimo todo regado con tres Saigón bia de medio litro. En una pared cae una cascada de agua fría que refresca bastante.
Siesta y marionetas de agua. Lo que más me gusta es la música y la forma de tocar los músicos. Es una representación naif de pequeñas historias que duran lo que una canción. Son tan simples que las puede comprender hasta un niño español. La percusión va con los movimientos, la velocidad con el banjo y las campanillas y la melodía con las voces femeninas. Los personajes son los propios de la cultura del arroz: la elegante garza, el furioso dragón de agua, los peces juguetones que se ríen del pescador, la tortuga gigante, el tigre, el ejército de soldados del emperador, los recogedores de arroz, las danzarinas, las remeras y el búfalo de agua. Es un teatro inventado para ser representado en los campos de arroz, en el agua.

domingo, 14 de agosto de 2011

15may09 hanoi






Desayunamos con un grupo de franceses. Al salir, la calle tiene un aire irreal, exótico. Está tranquila. Vemos la exquisita casa de un comerciante chino y el templo budista de Bachma. El guardián nos invita a pasar. Atiborrado de grandes letras chinas de madera. Es una mesa electoral que están decorando con jarrones llenos de flores. Pequeña y familiar Puerta del este. Aceras anchas en Pho Hang Ma. Mercado de Pong Xuang, cruzamos las vías del tren. Zona militar, no fotos. Descanso en la pagoda de Quan Thanh, reconstruida en el sXIX, con un gran buda de piedra de cuatro metros. En el patio, una bandera grande con el signo chino de norte, los dos hombres sentados dándose la espalda. Espectacular la iglesia católica de Cua Bal.
Un poco el sur, la Pagoda del Pilar Único, una pequeña y bonita pagoda sobre un pilar anclado en un estanque. Cuando me pongo a dibujarla, mogollón de adolescentes peligrosas me rodean. Por mucho que lo intente, es difícil superar el dibujo de la etiqueta de barritas de incienso. Al lado, un edificio espantoso de hormigón que es el Museo de Ho Chi Ming.
Hacia el sur, paramos en un café chulo en los bajos de un edificio colonial francés: Café Dragón. Nos tomamos un té vietnamita frio. Usan la palabra china cha. Es de hojas verdes crudas y tiene un sabor especial. Dos guiris se dejan el macuto y la camarera sale corriendo a buscarlos. Bajamos al Templo de la Literatura, dedicado a Confucio y primera universidad del país (1076). Tejados impresionantes sobre columnas lacadas en rojo. Oímos las explicaciones que un guía da a un grupo de franceses. Un monje, encaramado a un tejado, hace fotos.
Volvemos por el mismo camino hasta el Lago del Oeste. En la orilla, nos sentamos en la terraza de un restaurante de pescado (Nhàhàng Long Vú). En frente, la Pagoda Flotante y los patinetes con forma de cisne que empiezan a llenar el lago. Beni pide un pez. Yo miro alrededor y veo que todo el mundo tiene delante una cazuela de caracoles, los pido. Los ponen al vapor con un platito de sal, limón y guindilla. La salsa tiene gengibre, cilantro y hojas de algún arbusto. Están mucho más ricos sin salsa. Son unos caracoles blancos y muy grandes y creo que es el plato estrella, les llaman Ôc châp y están mucho más ricos con salsa de limón (ôc châp láchanch) que de gengibre. De éstos nos comemos otra cazuela.
Cuando el sol se pone naranja detrás de los juncos y el cielo se pinta de rosa, pillamos un taxi al hotel, que negociamos por 30.000. Al llegar nos pide 45.000, me tantea un poco y me da buena vuelta.
Hanoi por la noche es alucinante. Todo el mundo está tomando el fresco en la calle. Familias enteras o amigos jugando sobre una esterilla. Viva, alegre ¡cómo nos gusta! La gente bebe cerveza y pide los pinchos a las mujeres que se ganan la vida con una pequeña parrilla con ascuas. Alrededor del lago se está fresquito, nos sentamos en la terraza de un café lujoso lleno de vietnamitas arreglados. Ellas están especialmente guapas. Pedimos cafés y dulces. Tienen un cartel precioso con dos caras de astronautas rusos y un cohete lanzado al espacio. ¡Esto es vida!

(Eso también piensan las ratas que se comen los restos de comida en los platos amontonados).

sábado, 13 de agosto de 2011

14may09 hanoi


El hotel está bien (con desayuno e Internet gratis: 15 usd). Callejeamos por el barrio, los gremios se agrupan por calles, hasta el Lago de la Espada Restituída. En el agua el Templo de la Montaña de Jade (al que se accede por un puente rojo lleno de gente) y el monumento de la tortuga.  Las paredes llenas de cifras, son números de teléfonos, algo de mal gusto nos dicen en inglés. En la calle, muchas motos aparcadas y los vigilantes de motos, al lado. Es fácil perderse en estas calles que no van en cuadrícula, tendré que conseguir una brújula. Recorremos la orilla norte del lago. El edificio de correos y la Catedral de San José en una placita llena de colegiales en camisa blanca y pañuelo rojo al cuello (a lo pionero cubano). Notamos la contaminación en los ojos. Las mujeres van tapadas y no llevan marcas de diferenciación sexual. Ellas trabajan duro, llevan esos enormes balancines cargadísimos y se dedican a vender en mercados y calles. Parece que han acumulado todos los trabajos del hombre, sin abandonar los de la casa. No vemos mendicidad pero sí mucho tío vendiendo un paseo en moto, postales o un  hotel barato. Gente agradable, un tanto reacia, me refiero a la gente de la calle, no a esa que vive de los turistas.
No encontramos el restaurante Labrique. Vemos un español llamado La Salsa, pero no hemos venido a comer gazpacho y paella.
La ciudad nos recuerda a Manila. No es fácil pasear con las aceras llenas de negocios, con los clientes sentados afuera, ese montón de motos aparcadas y tanto tráfico en la calzada.
La temperatura está bien, pero hay una humedad muy alta. Comemos sopa de verduras (pho) y carne, una especie de ensalada de papaya y frutos secos y un rollito con arroz (unas 1000 ptas. los dos). A Beni le desagrada una hierba olorosa y el picante. Ellos comen en la calle, en los mercados callejeros, como en China, sentados en unas banquetas de plástico que levantan unos 15 cms del suelo. Todos los platos los lavan en el mismo cubo. Es cuestión de días que entremos en su rollo.
El día 20 hay elecciones. Los carteles son de imprenta digital, con dibujos chulos pero no originales. Representan al pueblo ante las urnas.
El Café Mocca, muy bonito, lleno de pijas asiáticas y turistas. El camarero es un listo que no quiere soltar los 20.000 dong que me sobran, con toda su magnífica simpatía. En frente hay un templo budista. La atmósfera es mágica. Sentados hay un monje viejo y una jovencita con el pelo rapado. Llevan un sayo marrón desgastado. El viejo se levanta y nos enseña el viejo templo de madera y tejas pasadas. Llegamos a una sala de columnas de madera y altares con budas de color bronce. Nos enciende un paquete de barritas de incienso y le doy un dólar. Foto, foto dice. Saco la cámara y dramatiza la colocación de las barritas. En el patio, un grupo de monjes jóvenes comen alrededor de una mesa de madera oscura y recia.
Volvemos al lago. Nos sentamos en un banco, mirando la tortuga de piedra. Un chaval con bigotillo ralo y cuatro pelos de barba quiere vendernos postales del Hanoi de finales del XIX.

13may09 viaje a vietnam: madrid-frankfurt-hanoi

Todo sobre ruedas: facturación rápida, tren nuevo sin conductor, café con leche. A un hombre super gordo parece que le va a saltar el ombligo. Su hija está rebosante como Padre de Familia después de un x.   
Inmobiliarios argentinos camino de Frankfurt. El tarado de Venezuela que revisa las importaciones y el boludo que dejó sus sierras a los indígenas que no podían hacer nada por falta de financiamiento.
Cigarrillo y sandwich con cerveza en el restaurante Goethe del aeropuerto de Frankfurt.
Un avión gigante sin demasiada gente. Asientos vacíos. Viaje cómodo. Atravesamos el Mar Caspio a 940 km/h. Diez horas desde Frankfurt. Siete horas de diferencia. Sobre la Bahía de Bengala a sólo dos horas de Hanoi.


Llegamos a las seis de la mañana. Nubes. Microbús hasta el Hotel Prince, en el barrio de las 36 calles. Mogollón de campos de arroz, motocicletas y bicis. Valla publicitaria sobre dos brazos de hormigón. Motos cargadas de huevos, de verduras. Cientos de mujeres con coleta de caballo y la boca tapada entran a las fábricas de Canon y Panasonic. Motos cargadas con toda la familia. Muchas motos. Y bicis. Pedalean a la vez conductor y carga en los mismos pedales.
Marea humana motorizada. Nos llevan a otro hotel. Por el plano logramos llegar al nuestro entre mujeres y hombres con balancines de bambú y motoristas ofreciendo transporte. Nos tomamos un té. Hay unos mecheros en un soporte sobre la mesa. Nos damos cuenta de que ya es otro día.