lunes, 14 de octubre de 2013

el seguro presiona




Quinta noche de mal dormir. El sol sigue detrás de la bruma y Santa Cruz empieza a apagar sus luces. Sergio sigue durmiendo. Siempre durmiendo niño caprichoso. La ciudad empieza a hacer ruido. Como Belicar aguanto atado a mi columna. Las enfermeras hablan alto y encienden las luces despiadadamente.

El viernes le quitamos el tornillito y le ponemos un injertito, le cuentan al médico que viene de nuevas. Le levanta la venda y miran la herida que tiene muy buena cara.

La médico me cuenta que el seguro ha hablado con ella y piensa que quizás sea mejor mandarme a Madrid con garantías de seguridad. Yo pienso en el tiempo de convalecencia sin poder volver en avión que tendrían que pagar y que quizás sería más barato (para el seguro) convencer a la médico cirujano. Me suelta que de todas maneras no te podría meter mañana en el quirófano porque tengo otra intervención y no puede hacer dos a la vez. Ridícula excusa. Esta incertidumbre, estos cambios de la médico, no me hacen nada bien, no me ayudan a auto convencerme de que todo va por el buen camino.

Hoy hablan del bichito que quería hacerse con el hueso de Ricardo. Los de Palma nunca miran el reloj. No tienen prisas. Vienen Lolo y Yaya. Lolo es piloto de Iberia, hermano de Epifanio. Se queja de que cuando vuelan los de su pueblo, todos quieren entrar en la cabina.

cuarto día en el hospital



Cuarta noche en el hospital, cuarta noche de mal dormir. Me obsesiono con la respiración y estoy deseando que se haga de día. Me pinzan el tubo de salida de aire. Mañana me hacen otra radiografía.

El sol ya ha atravesado las nubes del horizonte. Paseo por el hospital, al final del pasillo hay un espacio frío con vistas al puerto que dibujo. Pienso en mi madre, que está muy preocupada. Llama Juan, le digo que no venga. También Toni. Lo mejor de la comida son las papas sabrosas. Beni me trae un dulce con cabello de ángel.

Nueva Delhi es un bar de La Laguna donde los fines de semana siempre hay pelea. La enfermera nos hace describir nuestras sensaciones, frío, un poco molesto le digo. Siguiendo el juego, Sergio me da su primera impresión (alguien serio) y segunda (al oírte hablar tranquilidad, serenidad, paciencia).

Su hermano Raúl ha sido boxeador. Un desengaño amoroso lo llevó al alcohol, a los porros y más lejos. Es uña y carne con Sergio, que lo controla. Son los únicos hermanos solteros, juntos van de parranda. Su madre María Rosa tiene 56 años, se le ve joven.

Me cuentan que una característica guanche es tener caries, que los herreños son los que mejor hablan el castellano, que esa guitarra pequeña se llama tiple, que la polca usa letras graciosas y verdes, que el gofio es una harina especial muy rica que se mezcla con leche, que Belicar fue un caudillo guanche, que huevón quiere decir que se deja dominar por la mujer y que el Gobierno de Canarias usa una campaña que Berlanga había usado en su peli Plácido: pon un turista en tu vida.


domingo, 13 de octubre de 2013

paciente

Por la noche no puedo soportar el dolor del tubo entre las costillas. Se lo digo a la enfermera, pero pasa de mí. Salgo a la oficina para ver si no son suficientes los calmantes que me suministran. Me dice que no tengo programada medicación extra. Le digo que puede ser un problema de colocación del tubo.



Viene una auxiliar y me quita los apósitos de la herida. ¡Qué descanso! le digo.
- Es que estaba muy apretada.
Paciente es la palabra que nos define. No quiero esforzarme. No tengo el coño para ruidos.

La familia de Sergio se alterna en la habitación. Hoy vienen sus tíos. El hijo de uno de ellos tiene una extraña bacteria que le tiene hinchado el tobillo. Juan Valentín resulta un tío gracioso. Me gustan sus anécdotas de joven, mucho mejores que sus chistes. De joven vendía un abono mezcla de caca de vaca y carbón de Alemania.

Pepi me llama para que insista en que me operen. Quien no lo hace vuelve a tener el neumotórax, le repite aún más fuerte.

Cuando Beni se va al hotel me parece una dura prueba. No puedo olvidar lo mal que lo pasó sola cuando me metieron el tubo. La cara que puso cuando me vio con un respirador y el aparato en el costado.

El departamento médico del seguro me llama tres veces. Juega al agotamiento, usa la tortura.  
 

comida romántica hervida


Amanece en Santa Cruz. Hay una luz amarilla tras las nubes que se funden con el océano, mientras se apagan las luces de la ciudad y los edificios cogen poco a poco sus colores desde el gris, algún barco entre la niebla. Estoy cansado de estar en la misma posición, me duele el culo cuando la ciudad ya ha cogido su aspecto, y ya he olvidado mis sueños eróticos. No hay sexo para el paciente.

Me ponen bolsas con esparadrapos para ducharme. Bajo el agua, cargado de trastos, me siento dulcemente cansado, derrotado y sin fuerzas, a punto de disolverme y perderme por la cañería.

Llaman los amigos preocupados. Mi madre. Mi hermana Isabel quiere venir, la disuado. También llaman Upe, Javi y Pablo. Tengo que repetir la historia.

Como hoy no está Sergio, la enfermera le deja su comida a Beni. Brindamos mientras nuestro avión despega para Madrid. Me dicen que me harán una radiografía para ver ese pulmón.

Mi vecino llega bien. Pone en la tele un programa llamado Tenderete sobre la música canaria. Hoy lo hacen desde Puerto Rico. Cuando coge el teléfono siempre dice ¿Qué pasó?, a las terrazas las llama canteras y vacas tabuladas a las que están en el establo. Vienen algunos canarios a verlo, el Cuco trae un sombrero chulo. Es tan auténtico que lo dibujo.

sábado, 12 de octubre de 2013

una habitación con familia



Me ducho por la mañana con el maletín y el perchero de los sueros. Las enfermeras me tapan las heridas con plásticos y se ofrecen a ducharme, pero a mí me da vergüenza y lo hago solo. Bueno, me acompaña una miniatura del negrito Pedro Juan con dos cuernos rojos que me dice al oído deja ducharte suavemente, gosarás.

Después del desayuno pasa el médico que me dice que hay que esperar a que el pulmón se expanda y que luego, para viajar con seguridad, tendrá que operarme, quitarme los restos rotos y rasparme la pleura. Que va para largo.

Hago llamadas a Visa, la agencia de viajes y amigos enterados para ver si tengo algún seguro privado. Resulta que el viaje tiene seguro. Aunque la seguridad social se hace cargo, prefiero que se haga cargo el privado. Estos le pagan 30 euros diarios al acompañante para hospedarse. La enfermera nos enseña un apartamento de este precio. Sus clientes son mujeres de accidentados en el Teide, hay muchos, se deberían tomar medidas, dice. Parece el típico caso de daños colaterales del Turismo, en todos los negocios mueren inocentes.

La habitación está ocupada por Sergio, conductor de guaguas, fumador empedernido y propenso a la depresión de 29 años, y su familia. Tiene secuelas de una operación de rodilla que lo están amargando. Mañana lo vuelven a operar. Su padre, Juan Valentín, está prejubilado con sesenta años y habla como un viejo. Siempre habla del pasado como si el presente no existiera, a pesar de que se mantiene bastante bien.

un pinchazo con otro se arregla


Duermo como el culo con este dolor que me vino en el Teide. Cambiar de posición es un suplicio, una tortura. Me duele mucho la espalda, como si tuviera agujetas en la caja.

Después de comer en la playa y fumarme un cigarro, doy mi brazo a retorcer y vamos a urgencias. La tensión y el electro descartan cualquier dolencia de corazón. El médico piensa que es muscular y me echa el discurso de lo peligroso que es fumar a los cincuenta. Se pone el fonendo y soy incapaz de respirar por la boca sin toser. Me mandan a una clínica donde hacerme una radiografía. La radiografía enseña un pulmón normal y otro pequeño, determina claramente un neumotórax espontáneo del pulmón izquierdo. O sea: un pinchazo en el globo del pulmón, el aire que respiro comprime al pulmón, que no puede expandirse. Se debe a la subida  al Teide en teleférico, al cambio de presión tan rápido.

Rápidamente cirujano, quirófano, me afeitan el costado, anestesia local, me meten violentamente un tubo entre la segunda y la tercera costilla para que el aire salga y el pulmón se expanda. Noto correr la sangre. Un macarrón que acaba en una máquina que no permite la entrada de aire, solo salida.

Me arreglan para que me vea Beni, que rompe a llorar. Dice que se quedará conmigo. En una ambulancia nos llevan al hospital. El médico de la ambulancia es de Toledo y me habla de las buenas tapas de Miguelturra, el cirujano y la enfermera de Huelva. A la una y media de la madrugada se libera una cama y me suben.

viernes, 11 de octubre de 2013

el teide, las américas, los gigantes y mi pecho




Mañana nublada. Hacemos bocadillos de jamón para la excursión al Teide. En la estación compramos un bono de treinta euros. En el 348 atravesamos un bosque de pinos y las nubes, que luego quedan abajo como un mar de algodón. 1300, 1770, 1830 metros, el Parque Natural del Teide. Se acaban los pinos y el paisaje se hace agreste. Los adolescentes alemanes no paran de hablar . Hay una cola formidable en el teleférico. Nos cobran cincuenta euros. Sube deprisa y cómodo. Seguimos un sendero entre rocas que parecen de hierro oxidado, mocos de herrero. No nos dejan seguir más allá del mirador pues se necesita un permiso. Me siento a dibujar la punta del cono protegidos del aire. Hay gente que sube por el sendero desde abajo, llega resoplando, cansada. Siento una fuerte presión en el pecho, como si estuviera tumbado y me hubieran puesto una piedra grande encima. Pienso en un pequeño infarto, pero no quiero asustar a Beni. Bajamos en el teleférico a ocho metros por segundo. Ayudo a una chica en silla de ruedas. En la cafetería con unos descafeinados dibujo la inmensa caldera.

Cogemos un bus a la Playa de las Américas. Paisajes alucinantes del Parque, rocas caprichosas, colores extraños que se mezclan, formas de plastilina, cactus y páramos desiertos, grandes barrancos y cañones. Mi pecho está encorsetado. Una iglesia antigua rodeada de casas blancas: Vilaflor. Luego dando vueltas hacia Aroma, La Camella, Los cristianos y Las Américas. En Las Américas cogemos un bus a Los Gigantes. Como sale a las y media, vemos la playa con sombrillas de palma y madera, protegida por un malecón de piedra volcánica negra, con poca gente, que forma siluetas en el agua brillante.

Cuando llegamos a Los Gigantes está anocheciendo. Hago un dibujo en la penumbra del hotel y los acantilados. Después nos tomamos un café en la plaza. Han construído casas hasta los arrecifes. Parece imposible encontrar un pueblo normal con sus tascas y gente bebiendo. Los paisanos son alemanes, me llaman artista. La Iglesia parece un adosado más.

La carretera de vuelta es demasiado estrecha y el conductor suele usar el carril contrario en las curvas. Pasamos El Retamar, Santiago y Erjós, que está de fiesta . Hay una gran pantalla en la plaza y pasan una película. La escena me gusta. Solo los pueblos del interior parecen verdaderos pueblos y no un decorado. En El Tanque monta una chica que cuenta que todos los dias y durante tres horas oigo a una viejita y me pagan por eso.




jueves, 10 de octubre de 2013

cuando duermen las palabras




De una loma a otra me olvido de ti. Y en las siguientes también de los otros.
Las palabras se desvanecen con la luz, y en el último rayo dorado sólo hay ladridos lejanos. Y unas erres que grita un pastor para guardarlas en la cerca.

En la noche, ya solo quedan bes con patas entre los tablones podridos.

miércoles, 9 de octubre de 2013

por el camino del rasillo


Hoy paseo por el nuevo paseo paralelo a la carretera del Hoyo hasta la Mina del Rasillo, y sigo por el camino de la finca de este nombre. Los últimos tramos están bien vallados y Tranqui puede ir suelto (y con grandes charcos para su disfrute). En la casa de la finca las ovejas están sueltas.

En los dibujos: Por el camino mirando hacia el Sur, a la sombra de las encinas, el Valle hacia el Sur con el muro de la Sierra de la Umbría de Solana al fondo, el Valle con la Sierra de Puertollano al fondo (al Norte) y casa en ruinas de la Finca del Rasillo y la chimenea de la mina (la Antoñita cuenta durante un tiempo en esta casa estuvo el único teléfono de Mestanza).

colón y su alter ego


Tras un peritaje caligráfico 80 expertos indican que Colón y Pedro Madruga son la misma persona. Toda la documentación, todo lo que dijo e hizo el navegante, todos los hechos coinciden en que eran el mismo.

La teoría se inició con Celso García de la Riega, sabemos que Colón era gallego porque escribía en el gallego de aquella época, con los mismos giros, y por la toponimia, porque los nombres de los sitios que fue bautizando en el descubrimiento constituyen un calco de las Rías Baixas, de las costas pontevedresas, de hecho hay más de 200 lugares que coinciden. Además en ese momento el único sitio del mundo en donde existía el apellido Colón tal cual, sin que fuese Colombo ni Colóm ni nada por el estilo era aquí en Pontevedra. Además se sabe que Cristóbal Colón era noble, un personaje que era recibido por los reyes, tanto los castellanos como los portugueses, franceses, ingleses, todos lo trataron como noble antes, durante y después del descubrimiento, tanto a el como a su hermano Bartolomé y en esa época ningún plebeyo podría tener acceso a esas cortes, llegar a donde llegó Colón, si no era de origen noble. Entonces había que buscar un noble gallego que tuviera tratos con la corte portuguesa y castellana, y en 1976-77 Alfonso Philippot enlaza Pedro Madruga con Cristóbal Colón y todo empieza a tener forma.

Susana Regueira | Pontevedra Faro de Vigo | 06.10.2013 | 01:52