Tuvo varios usos funcionales en la Prehistoria como el curtido de pieles, aumento de la capacidad adhesiva de sustancias adherentes, medicinales como antiséptico, contra dolores y astringente, protección cutánea contra insectos, abrasivo, colorante de tejidos, desodorante, impermeabilización de la madera o conservante de alimentos, ya que ralentiza la putrefacción. Pero la más importante función en la Prehistoria es la simbólica, fundamentalmente en los enterramientos, la pintura corporal, la pintura rupestre y arte mueble. La pintura rupestre ha usado los colores rojos y negros, y algo de blancos. El negro a base de carbón u óxido de manganeso, y el rojo es ocre definido como hematites -óxido de hierro- arcillosos. Los marrones son mezcla de ocre rojo y goethita.
En los enterramientos se ha usado el espolvoreado sobre partes del cuerpo o como lecho; y no a todos los cuerpos inhumados, sino a muertos muy selectivos. Se ha justificado su valor simbólico por el color de la sangre y la mestruación con relación a la fecundidad. Lo cierto es que su carácter obvio simbólico tiene también un componente funcional, ya que preserva el colágeno y ralentiza la putrefacción de los cadáveres.
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