En una de las salidas de la Banda Municipal de Bolaños al pueblo de Mestanza, cuando llegaron al pueblo, de madrugada, lo primero que hicieron fue tocar diana. La banda fue acompañada en su recorrido por el alguacil, el cual, por lo bajo, no dejaba de decir: "¡Ay de los dos, ay de los dos...!" En un momento dado, y picado por la curiosidad, uno de los músicos preguntó por el motivo de ese repetido comentario. El alguacil lo aclaró: dos de los músicos tendrían que hospedarse en casa del enterrador, pues entregaba o recibía. La cosa se tomó a broma. Nunca antes había ocurrido lo de tal alojamiento. En fin, el reparto ya decidiría en su momento.
Cuando el alguacil dijo que dos se iban con él a su casa, dos de los músicos más benjamines se adelantaron a decir que ellos, dejando así la casa del enterrador para otros. Pero ocurrió que el alguacil era también el enterrador. De esto se enteraron una vez instalados en la casa, por lo que pusieron el grito en el cielo. Uno de ellos, aunque no de muy buena gana, aceptó quedarse, pero el otro se negó en rotundo, y le tuvieron que preparar otro alojamiento.
Bernardo Rubio López en Historia de un director de banda de música de pueblo, que ejerció durante 50 años consecutivos, Editado por Víctor Sancho, 2017
En la foto, tres músicos bolañegos hospedados en una casa de Mestanza: Blas (músico que sustituyó a Don Víctor en la dirección), Jesús y Antonio con 9, 11 y 9 años respectivamente. La foto es del archivo personal de Jesús Ramírez. La Banda Municipal de Bolaños participaba asiduamente en el Voto y en las Fiestas de San Panta de Mestanza. Los hermanos que entregaban o recibían insignias hospedaban a los músicos, dándoles cama y comida.
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