domingo, 27 de noviembre de 2016

y en esto, se fue fidel

Yo le creí. Y de alguna forma le amé, como se ama a un líder máximo que inunda con sus fotos todo un país. No me importó arriesgar mi vida por sus ideales, que eran los de mi generación. Cuando Estados Unidos invadió Panamá en diciembre de 1989, yo servía como soldado en Angola, y me presenté en el estado mayor junto a otros cien de mi regimiento a pedir que nos enviaran a combatir a Panamá. Así éramos de inconscientes. Y de ingenuos.

De regreso a Cuba, asistí a su último gran discurso, el que pronunció en La Habana el 26 de julio de 1990. Y volví a casa con los pelos de punta. Pero a partir de ahí ya todo fue a peor. El periodo especial evidenció las frustraciones de millones de cubanos y el fracaso de un modelo social lleno de exclusiones ideológicas. Sufrí la prohibición de pisar playas y hoteles reservadas solo a turistas. Y la angustia de vivir en un país sin futuro, que premia la adhesión política por encima del talento. Fidel no quiso escuchar, ni ver, ni cambiar. ¿Para qué? Cuba era suya, se encerró en una realidad inventada, apócrifa, que ha ido disecando los logros de la revolución hasta convertirla en una pantomima de sí misma, en una patética dictadura de tebeo que hace mucho eligió suicidarse en su propio orgullo. Ese es su legado. Un país que tuvo en sus manos construir una sociedad verdaderamente justa, pero eligió inmolarse por la ceguera de sus dirigentes. Por eso la muerte de Fidel ya no cambia nada. Solo cierra un capítulo triste que nació al calor de la épica, y muere como tragedia.

Alejandro Hernández en InfoLibre


Fidel nos informó de que la Revolución Cubana había subestimado el poder del racismo. Como se dijo en ese momento, cuando el 26 de Julio (la organización revolucionaria que dirigió la lucha contra Batista) tomó el poder pensaron que era suficiente hacer ilegal la discriminación racista y que resolvía el asunto. El poder establecido del racismo, incluso en una sociedad que estaba tratando de erradicarlo, era más importante de lo que pensaban.


A pesar de los grandes avances que se han hecho, los avances probablemente de mayor importancia que cualquier otro país en el hemisferio occidental, las manifestaciones de racismo permanecen y, para nuestra sorpresa, Fidel estaba preparado para hacer frente a ellos.

La muerte de Fidel Castro no es ninguna sorpresa. Había estado haciendo frente a los problemas de salud desde hace algún tiempo. Sin embargo, dado el número de atentados contra su vida y los otros retos a los que se había enfrentado, ha habido un poco de pensamiento mágico para muchas personas, creer que, de alguna manera, siempre estará ahí.

Para muchos de nosotros de la "América Negra", Fidel representa la audacia que hemos deseado y buscado en la cara de la arrogancia imperial y racial. Si bien es lamentable que algunos de nosotros hemos retenido preocupaciones y críticas por respeto a Fidel y la Revolución cubana, es totalmente comprensible. Después de todo, este fue el país que desplegó tropas en Angola, que ayudó a aplastar al ejército del apartheid de Sudáfrica y sus aliados angoleños. Este fue el país que ha desplegado los médicos en la cara de un sinnúmero de situaciones de emergencia, a los países que no podían permitirse este tipo de asistencia. Este es el país que ha estudiado y llegado a comprender los huracanes de una manera diferente de la mayoría en la región de huracanes, tanto es así que se ofreció asistencia a los EE.UU. a raíz de la huracán Katrina en 2005, asistencia que el entonces gobierno de Bush rechazó.

Que su alma descanse. Y, dejar que los cubanos siguan su camino libre de interferencias externas. Fidel Castro era un componente importante para que esto suceda. Y, si esto no fuera suficiente, él y la Revolución cubana sacudió el mundo del siglo XX.

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