sábado, 7 de octubre de 2017

panaderos en la familia de mestanza

La tradición de panaderos viene de la abuela Quica La Hornera, Francisca Buendía, que vivió de casada con el abuelo Canuto, minero, en la calle del Charco, en la casa dorilla a lo que luego fuera la discoteca de Porfi. El caso es que quedó viuda muy joven, con su hijo Canuto, que era el menor, muy chico, y cuatro hijas más: Engracia, Brígida, Juana y Alvarita. Para sacar adelante a sus hijos, los hermanos de la Quica, Manolo y Acisclo, que eran albañiles, le hicieron un horno.

José Rosa Ruiz Fernández en la mili
Diariamente iban dos mujeres del pueblo con su harina y levadura a amasar el pan, hasta llenar un tablero. Y diariamente la Quica y sus hijas lo cocían por la mañana, una cochura diaria que luego recogían para tener pan durante un tiempo. Entonces las hogazas eran grandes, de dos kilos, y tardaban en ponerse duras guardadas en el costal. Al principio compraban leña de chaparros a dos reales la carga. Pero cuando Canuto se hizo mayor, iba él a recoger la leña con el carro del hermano Canuto, que no era familia sino que vivía pared con pared con ellos. El horno estuvo funcionando toda la vida, hasta que la abuela se hizo vieja.

Su yerno, el abuelo José Rosa, trabajaba de molinero desde muy joven en la fábrica de harina, donde estaba la panadería de los mineros. Luis, también de la fábrica, se salió e hizo una panadería, a la que se incorporó José Rosa. Traían la harina de Almodóvar, por no comprar a la competencia. José Rosa hacía el pan de los mineros e iban a a medias. La cosa iba de maravilla, así que Luis lo quiso poner a jornal. José entonces deshizo la sociedad y se montó la panadería en el horno de su suegra Quica, llevándose bastantes clientes. Y allí estuvo muchos años. Juan, el tío Juan, le traía la harina de Almodóvar, una fábrica de harinas de Electro.

Cuando Luis se fue de su panadería, ya que solo era socio capitalista y no sabía hacer pan, José se instaló allí. El horno de la Quica se cerró, las mujeres que hacían su pan se trasladaron a la panadería de José, el local actual, junto al bar La Chencha y la tienda, de esas de pueblo que vendían de todo. La Olaya le vendía el pan por el pueblo en dos aguaderas nuevas que le compró José. Graciano, desde el momento en que se casó con su hija, trabajaría con él, primero cogiendo leña y luego haciendo el pan. También trabajaría en ella Celestino, hermano de José Rosa y abuelo del actual panadero.

Electro le propuso a José comprar la fábrica a medias. Ellos se quedaban con la luz (de su transformador cogían la luz los vecinos) y José con la panadería. Pero antes de decidir, murió.
Actualmente lleva la panadería, la única de Mestanza, David, el hijo de un sobrino de José Rosa.

Cuando José murió, Beni tenía dos años. Le llamaba Lalo.

3 comentarios:

  1. Me alegra leer esta entrada. Siempre he querido escribir acerca de mi bisabuela pero nunca tenía datos suficientes. Este puente voy al pueblo a investigar acerca del tema. Si no te importa, cogeré estos datos para mi blog. Y enhorabuena como siempre. Un abrazo!!

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    1. Esta información me viene de primera mano de la Antonia, "Antoñita" como la llamó la familia, mucho antes de que la enfermedad debilitara su memoria. Entonces la escribí y la guardé. Ahora, que ella ha muerto, he considerado que es el momento de publicarla como un recuerdo de aquellas generaciones, de aquella gente, de aquella Mestanza. Soy un seguidor de tu blog. Me gusta como escribes. Adelante pues.

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    2. Tienes la suerte de que la tía María, la mujer de Celestino, tiene muy buena memoria a pesar de su edad.

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