
sábado, 16 de julio de 2016
viernes, 15 de julio de 2016
europa marcha atrás
A mediados de los años cuarenta, el escritor austriaco Stefan Zweig, escribió sobre el retroceso internacionalista que sufrió el mundo, que tanto se parece a éste, "como la limitación de la libertad de los movimientos del hombre y la reducción de su derecho a la libertad". Dice Zweig que todo el mundo iba donde quería y permanecía allí el tiempo que quería, que no existían permisos, autorizaciones, salvoconductos ni visados. Fue después de la Gran Guerra cuando el nacionalsocialismo comenzó a transformar el mundo y el primer fenómeno visible de esta epidemia fue la xenofobia, el odio o, por lo menos, el temor al extraño. "En todas partes la gente se defendía de los extranjeros, en todas partes los excluía. Todas las humillaciones que se habían inventado antaño solo para los criminales ahora se inflingían a todos los viajeros antes y después del viaje" ("El mundo de ayer. Memorias de un europeo", El Acantilado).
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jueves, 14 de julio de 2016
nápoles-madrid
Metro, tren, autobús, aeropuerto. El aeropuerto está dentro de la ciudad y da miedo de lo cerca que pasan los aviones. Tengo que pasar dos veces la mochila por la máquina y luego me la registran metódicamente. A veces pienso que debería mejorar mi imagen en este mundo de descerebrados de traje y corbata, solamente para pasar inadvertido. En la sala me toca con un vendedor de aceite de Bari que va a España. También hay una chica que lleva un cuaderno de viaje. No saco mi cuaderno pues Quety está demasiado sensible con el tema. Lo dejo pasar. El avión de Vueling, como siempre, lleva retraso. Lo limpian deprisa y montamos cuando todavía están calientes los asientos y huele a viajero de Madrid.
miércoles, 13 de julio de 2016
vuelta a nápoles
Franco aparca si entrar del todo el coche. Es la fórmula Bari para aparcar en un sitio prohibido. Quiere decir: Estoy saliendo ¡un átimo! Alguien agita la mano para espantarse una mosca; quiere decir: ¡sígueme! Invita otra vez Franco, que se está portando de maravilla. Y Rafael, que se ha pedido dos días de vacaciones para estar con nosotros. Les damos recuerdos para Linda y Enzo y Enza que viajan a Milán. Cogemos un pullman en la calle que nos lleva a la estación de tren de la Piazza Garibaldi.
Llegamos a casa en Nápoles. Pagamos por adelantado nuestra habitación. Ronda de Iglesias. En la de Jesús Nuevo, una sala llena de exvotos y cepillo para el popularísimo médico de los veinte Giuseppe Moscati. Luego, quedamos con Simonetta en el Gambrinus. Hay una mani, se lían a tortas y los del Gabrinus, acojonados, guardan los trastos y cierran la verja sin traernos el café. Simonetta nos cuenta que estas protestas no están organizadas por partidos de izquierda o sindicatos, que son una forma de presión de un grupo de extraña procedencia.
Paseamos con ella por Lungomare. Pasó el fin de semana en Génova y Nápoles ya le parece mejor. Esto no esta sucio, es otra cosa, dice señalando los hoteles de la orilla y el parque de Villa Comunale. Nosotros ya nos estamos despidiendo. Castel dell'ovo, la plaza Pebiscito, el último helado en la Galería, vía Toledo hasta Dante, las librerías de viejo, el último café en nuestra plaza y la pensión Imperia.
martes, 12 de julio de 2016
lunes, 11 de julio de 2016
domingo, 10 de julio de 2016
martina franca
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sábado, 9 de julio de 2016
los trulli y luego un baño
Desayunamos a la sombra de los olivos galletas de mantequilla y un bizcocho riquísimo que nos ha hecho la mujer de Cico. Luego, nos enseña la casa. Su madre está sentada junto a la chimenea. El tejado parece una huevera con los salientes de las bóvedas, desde allí se ve la selva de Fasano y enfrente el mar entre los olivos y algunos algarrobos, de donde sacan la garroba, una semilla color oscuro con sabor a cacao.
Vamos a Martina Franca, un pueblo de piedra encalada, ya en la provincia de Taranto. Las sociedades tienen en su escudo dos manos cogidas, como saludándose. Comemos en el restaurante Ai Portici, en los portales de la plaza semicircular. Una señora súper simpática nos pone una barbaridad de comida, tanto que nos llevamos para la cena. También nos dan unos folletos sobre la zona.
Por una carretera interior llegamos a la tierra de los trulli, unas pequeñas casas de piedras sujetas por su propio peso, sin argamasa, y con tejados abovedados de filas de lascas cerrándose en altura. Empezamos a ver algunos sueltos por el campo, Franco nos cuenta que están muy cotizados y es muy difícil encontrar alguno en venta. Nos lleva hasta Albarobello, donde hay un barrio completo de trulli. Comentan que su origen viene de la emigración de campesinos a esta ciudad, a los que permitieron asentarse siempre que sus casas fueran desmontables. Todos tienen más o menos el mismo tamaño, las casas mayores juntan varios. En sus cúpulas pueden verse pintados unos símbolos extraños, que en algún momento tendrían su sentido, ahora son tiendas para turistas.
Paso a mear a un pequeño museo que ha hecho un abuelo fascista con fotos antiguas de los trulli en 1922, herramientas de trabajo y muchos trastos, juguetes y objetos de su juventud. Tratamos de entrar en los trulli habitados y luego decidimos bañarnos antes de que se ponga el sol. Pasamos de Monopoli y paramos en una calita frente a la Isla del Ermitaño. Seguimos por las rocas y nos bañamos en una especie de piscina que nos libra de la mar agitada. Hervé se pone a cantar y Franco unas gafas y un cuchillo atado a una pierna para pescar un pulpo. Somos un grupo de amigos locos, dice Franco ya con la cabeza en Yemen, mientras hago unas fotos al pequeño puerto, los marineros y sus barcas.
Llegamos cansados a Bari. Nos duchamos. Quety sale a comprar algún regalo a Linda, la hermana de Franco, Raffaello la acompaña. Nos cenamos la carne sobrada de Martina Franca con cerveza.
viernes, 8 de julio de 2016
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