El horno de leña no es solo una herramienta para cocer barro, supone un rito comunitario alrededor del fuego, un trabajo en común para obtener objetos cerámicos que dura varios días. Con ayuda del gas, acortamos el tiempo para adecuarnos a los horarios de la Escuela de Cerámica de las Moncloa, pero sin prescindir de la magia del calor de la leña y su ceniza.
Los resultados son bastante satisfactorios. Hemos llegado hasta los 340ºC con reducción, consiguiendo tostados en los blancos del PRAI y la porcelana y exquisitos dorados. Las arcillas salvajes muestran su mejor cara. Todo tiene un aspecto natural, conmovedor; como si los objetos se hubieran formado en el tiempo sin nuestra intervención.
Estamos agradecidos a Ícaro Maiterena, nuestro profesor en la Escuela, que ha organizado y dirigido esta actividad para el taller de Corporeidad, Poesía y Materialidad en la Cerámica Contemporánea.


















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