lunes, 11 de marzo de 2013

tercer día en buenos aires














Cogemos el 126 a Retiro, terminal de buses. Miramos posibilidades a la playa. Resultado: un bus semicama a Santa Teresita para mañana a las 10:45. Parece que esta playa no está tan masificada como Mar de Plata y, seguramente, los hoteles no sean tan caros.

Tratamos de ir en línea recta al barrio de La Recoleta, pero dos policías nos desaniman a cruzar un barrio chungo que hay detrás de la estación (la 31), peligroso es poco dicen. Así que volvemos hacia atrás y pasamos a ver la pequeña estación de Belgrano, de estructura metálica pintada de verde oscuro, y luego la aparatosa de Retiro, neoclásica-napoleónica, con dos vestíbulos pasadísimos y taquillas en curva forradas de cerámica esmaltada verdosa bronce oxidado. Nos asomamos al espectacular café que ya dibujara en el anterior viaje y a las vías. Plaza de San Martín en cuesta con el famoso edificio Kavanagh. Carril bici de Libertador, Museo Nacional Hispanoamericano y un poco hacia arriba y de golpe estamos en Serrano. Casas de lujo, calles limpias, boutiques caras con señoronas cotorreando (es una pocholada!), chachas de uniforme fregando las terrazas, hoteles de muchas estrellas, cafés puestos… otro Buenos Aires, pues el nuestro es sucio comparado a éste.

Nos sentamos bajo un ficus gigante en la plaza Alvear. Nos comemos unas manzanas y yogures. Dibujo este espectáculo natural. Subimos hasta el cementerio. En el Centro Cultural, vemos las mariposas en cautividad traídas de Misiones: la monarca y julia (naranjas), la viuda del Norte (negra con una cenefa roja) y el limoncillo verde. Nos vamos porque las condiciones en que están son las ideales para los mosquitos y ya hemos visto demasiados carteles contra el denge.

Paseo por el cementerio: grandes esculturas, caras de personalidades, ángeles desesperados y el reloj de arena con alas (tempus fugit). Calaveras de chapa oxidada con dos fémures cruzados, mujeres lánguidas, pesarosas, mausoleos, cruces mohosas, óxido y ruina. Los dioses griegos, cristo muerto, batallas en relieves, cañones, espadas, coronas de bronce, símbolos masones, candelabros de siete brazos. Salimos cansados de tanta simbología y tan poco sentido del humor. Un niño pregunta: y si abrimos la puerta ¿saldrá una calavera?. Con esta frase en el coco, voy a abrir una puerta de madera, y una voz dentro me grita ¡Nooo! y me doy un buen susto. Beni se troncha.

Fuera, nos comemos dos superpanchos cada uno, en promoción, con lluvia de papas y salsa con cebolla, pimiento y tomate. Me dejo el macuto y tenemos que volver. Llegamos hasta la plaza de Vicente López donde hay muchos árboles y columpios para bebés felices. De allí a la plaza Libertad, con un espectacular edificio modernista lleno de ángulos, pegado a la sinagoga y el Teatro Nacional Cervantes. En la plaza Lavalle, el Teatro Colón en obras, estatua de Adriano y La Corte Suprema. Enfrente justo han hecho una callecita de chavolas sobre el césped, donde duermen mendigos que se despiertan frente al espectacular edificio donde se les hará justicia. También está Lavalle petrificado, un impresionante gomero y un ceibo con muletas. De allí a la Plaza de la República con un obelisco de pega (tiene una ventanita arriba) donde por primera vez se levantó la bandera nacional. Abajo, alguien ha puesto un quiosco con un gran cartel: Ministerio de Queja.

Me dibujo la espectacular esquina con Florida (en el dibujo no es tan espectacular) y nos metemos al Café Colonial, en la avenida de Belgrano. Allí descansamos junto a un argentino con cara de amargado. A las ocho se ponen a barrer y nosotros seguimos Perú hasta San Telmo. Pintadas chulas, garajes antiguos bonitos, casas del XIX, ya estamos en el casco viejo.

Al llegar a Carlos Calvo alucinamos viendo como El Federal se ha convertido en “Splendid”, un bar moderno. De la noche a la mañana, un grupo de chavales están cambiando carteles, pintura… espero que nada más. Era un clásico del barrio. El otro día nos clavaron en él.

Llegamos un poco cansados. Beni se empiltra y yo me pongo a escribir en el patio. Le he cogido cariño a este hotel baratero, me gusta. Pedimos la tarjeta para reservarlo a la vuelta de la playa. Este barrio está bien, un poco Malasaña, teniendo en cuenta que los argentinos conservan mejor su pasado.

domingo, 10 de marzo de 2013

segundo día en buenos aires



Esta mañana toca pasear por el barrio, pues es domingo y esto se pone como el rastro, pero más tranquilo. Desayunamos en el bar de enfrente y nos metemos en el mercado callejero. Hay que ver la cantidad de trastos alucinantes que hay en el pasado de los bonaerenses. Aquí tienen un pasado más gringo por así decirlo: sus antiguos refrescos y publicidad, cochecitos menos romos, la Baby, la cámara de baquelita de los niños que nacieron al final de los cuarenta (nosotros tardamos mucho mas en tener cámara)… en resumen que se nota que no hubo ese corte y vuelta atrás que en España tuvimos con la Guerra Civil y el franquismo y se entrevé una infancia más feliz y para más niños. Es hermoso averiguar ese pasado de puesto en puesto, ilustrado alguna vez por el dueño. Paso mucha envidia, pero no hemos venido a Buenos Aires de compras.



La plaza de Dorrego, que ayer dejamos llena de terrazas, está ahora plagada de puestos de verdaderas antigüedades y también toda la calle Defensa, que paseamos hasta El Británico que, felizmente, sigue en pie, aunque lo lleva gente más joven. Nos bebemos allí una de a litro mientras lo dibujo. Hay mucha gente. Comemos en frente, en el restaurante “Del Establo”, casi todo es cerdo, así que pedimos lomo de ternera (que no falla) con una salsa de champi y papas en salsa de nata. El lomo impresionante.

Paseamos por el Parque de Lezama que fue el jardín de una casa particular. La casa es ahora el Museo Histórico Nacional, y en él se encuentran los increíbles campos de batalla del pintor Cándido López (por cierto: hay una película documental de 2005 sobre este tema). Allí también está la iglesia católica ortodoxa rusa, con sus cúpulas azul cian.


Bajamos atravesando el dique 1, la dársena sur y el casino para llegar a la Costanera Sur, donde hay un Parque Natural reserva de aves. Cuando llegamos todo el mundo sale con las bicis. Preguntamos. Parece ser que con la crecida del Paraná vienen los camalotes (plantas) con vívoras agarradas a ellos y es muy peligroso. Paseamos pues por el parque. La temperatura es primaveral. Al sol calorcito y a la sombra fresco. Las chicas están en bikini tomando el sol en el césped, como si fuera una piscina, y ellos en bañador jugando a las cartas y voceando como en un chiringuito de playa. Aquí la gente no se corta un pelo. Paseamos por el nuevo parque Virginia Bolton (una anarquista rosariana del siglo XIX) que ha nacido de la especulación. El proyecto de rehabilitar los viejos edificios de ladrillo oscuro de Puerto Madero, ha quedado en que estos se han convertido en la UCA (Pontificia Universidad Católica Argentina) y se han construído mogollón de edificios más con bares, comercios y viviendas, con lo que la parte más bonita, que aún mantiene las grandes grúas del puerto, no se visita porque es la universidad y los centros de ocio son completamente nuevos, horrorosos, mucho cristal y metal. También se ha salvado el antiguo molino de harina, pero creo que no tiene uso. Vamos al otro lado del dique y visitamos el nº2, el de la universidad, con sus viejas grúas, hasta el edificio de las aduanas.

Nefasto edificio de la Armada (edificio Libertador, para más inri). La Casa Rosada, anaranjada con el sol tan bajo, La Plaza de Mayo con pancartas y reivindicaciones de justicia y memoria. Cogemos la calle Defensa que está llena de artesanos, pintores y músicos, muy entretenida. Bonita calle adoquinada que llega hasta la Plaza de Dorrego, de donde partimos. Hablamos con una pintora que me gusta. Pinta siempre el Bar Dorrego, con distintos clientes y luces distintas, a veces escenifica situaciones inventadas. Me gusta que todo su mundo se encierre en un bar, un bar tan chulo.

Camisetas con figuras de fieltro cosido, bolsos pintados y cosidos a mano, pulseras hechas con tenedores de alpaca, muñecos de trapo y botones,… hay buenas ideas. También antigüedades y músicos que cantan suavesito, suavesito. Nos enganchamos con tremenda marcha de percusionistas brasileiros y todo el mundo bailando, tan fuerte que agarra. Plaza de Dorrego, El Café del Árbol con jazz en vivo y los puestos levantados. Lo que anoche fueran terrazas y esta mañana mercadillo, es ahora baile popular de tangos, enternecedor bajo las bombillas de colores. Bailan sobre tablas a Gardel, las cabezas siempre juntas y las mujeres contorsionándose y haciendo piruetas alrededor del abejarruco macho (poner voz de Félix Rodríguez de la Fuente), unas manos pegadas y las otras en la espalda de la pareja. Nadie lo baila igual pero sí parecen sentir lo mismo, como un arrebato por lo que se está perdiendo y no querer.

Dos choripanes para el cuerpo en la parrilla del exfutbolista. Luego una cerveza en Pedro Telmo, con el camarero sonado, ido. Las percusiones brasileras se oyen por las calles lejanas. Un camarero se enfada porque no le dejo propina, y es que me ha cobrado una de medio litro al precio de las grandes, que le den. Nos acercamos al hotel en la esquina unas chicas bailan. Nosotros ya hemos tenido suficiente ración. Aunque despacio, llevamos todo el día paseando y va siendo hora de tener una charlita con el catre.

sábado, 9 de marzo de 2013

a buenos aires



Los argentinos, por esta parte, ya han perdido toda posible mezcla con indios, como pasa en Misiones, y son todos una amalgama rara de europeos. Les gusta hablar alto y carecen de eso que nosotros llamamos humildad. Aquí no hay turismo, sólo nacional, así que nosotros también somos argentinos raros con otra tonada. Si en Posadas pudimos ver su sentido del humor (el cobrador del bus que al recibir todas mis monedas me dijo que la compañía no aceptaba moneda paraguaya o la de la librería que al no darle monedas sueltas porque aún no las conozco me dijo pues aquí tiene unas cuantas piezas más). Sigue habiendo gente muy agradable pero notamos una diferencia.


El caso es que esta mañana nos lían y enredan de mala manera y no hay forma de coger un colectivo a la terminal. Pillamos un remis y, más tarde, un bus muy cómodo a Buenos Aires. Todo el camino es sobre las tierras anegadas del Río Paraná. Bastante crecido, tanto que las casas están medio cubiertas, las vacas metidas en el agua hasta la barriga, y los caballos, ¡y la gente!. Algunas casas de madera están levantadas como palafitos y hay muchas garzas picoteando entre las vacas. La carretera está elevada unos dos metros y, en dos tramos largos, sobre puentes colgantes.

Llegamos a Buenos Aires, nos sentimos bien como quien llega a casa. Cogemos el 146, aquí hay que llevar moneda suelta para el bus, pues el boleto lo expende una máquina. Plaza del Correo, Parque Colón, La Casa Rosada, y Plaza de Mayo, donde las madres con pañuelos preguntaban por sus hijos desaparecidos. Paramos en la calle Bolívar, en el mercado de San Telmo, a una cuadra de la plaza. Nos gusta este barrio de calles adoquinadas y bares viejos, un tanto destartalados, recuerda un poco a la zona de Cascorro y Latina. Cogemos un hotel en un edificio neoclásico: el Hotel Bolívar. La escalera sube por un torreón circular y tiene un patio fresquito. Nos dan una habitación grande un poco desconchada, pero limpia, que da al patio. Mientras Beni descansa yo me siento en el patio.La temperatura es muy agradable: 27 grados.


¡Había olvidado lo bonito que es Buenos Aires! Siempre he usado el tópico de lo parecido que es a Madrid olvidando qué es mucho más interesante (ellos dicen que se parece a París). Sólo en la calle Perú veo bastantes murales chulos, tiendas antiguas, cafés preciosos, librerías de usados, restaurantes de principios del siglo XX como el Querandí, bares pulquerías como El Federal -del estilo del Británico-, galerías alternativas, el exconvento de los franciscanos con sus túneles de los siglos XVII y XVII, teatros clásicos, salas de baile -Museum, de estructura de hierro remachado-, plazas circulares como la de Roca con el Palacio Legislativo al lado -con su torre de reloj-, y la gran peatonal de Florida, con grupos de música, artesanos tirados en el suelo y bailadores de tangos: un paseo impresionante de una hora.


Luego paseo con Beni. Nos colamos al claustro de los franciscanos donde hacen una representación de guiñol de su Revolución de Mayo. Vemos las actuaciones callejeras en Florida y acabamos en el bar El Federal comiendo ensalada. Estaba equivocado: se parece al Británico sólo estéticamente (la estética de las antiguas pulquerías, que eran tiendas y bares a la vez), pero el ambiente es pijo y es más caro. Después vamos a la Plaza de San Telmo por Umberto I, el ambiente es cojonudo. En la plaza nos sentamos en una terraza mientras vemos a una senegalesa bailando. Esta plaza es la leche. Todo lleno terrazas con música en vivo (algún cantaor flamenco) y hippies tocando el bongó en las aceras. Nos bebemos una jarra de a litro con unas bolsitas de maní y me dibujo el panorama. A las doce nos vamos (clavada) felices de vivir a una cuadra y no tener que precisar movilidad. De paso vemos el La Coruña o el Pedro Telmo, tan bonitos o más que los otros pero con ambiente del Palentino. Alfonsito, esto te va a gustar!

 

jueves, 7 de marzo de 2013

gualeguaychú



A las seis y media de la mañana el bus nos deja en una estación de servicio con restaurante. Desayunamos mientras viene el urbano a Gualeguaychú, que nos deja en el centro. Cogemos un hostal caro para lo que ofrece, pero es que esto está inundado por los corsos, una fiesta de carnaval que se hace todos los sábados de Febrero, entre cuarenta mil y cincuenta mil personas vienen a verlo. Es un desfile a lo Río con un estadio con tribunas donde verlo, que llaman corsómetro. Nosotros ya hemos pillado el carnaval en cuatro países, quizás solo veamos un adelanto que hay en la casa de la cultura. Recorremos el pueblo paseando hasta la Costanera por San Martín, 25 de Mayo y Bolívar.  Plaza 25 de Mayo: la catedral y el colegio Rawson. Un pueblo tranquilo aunque grande, agradable, con cierto ambiente de veraneo por sus playas fluviales y su paseo, ahora convertido en malecón porque abrieron las compuertas y el río está muy crecido, tapando las playas. Sólo vemos un montón de sauces y farolas que salen del agua, sucia de barro, a media altura. Se jodió el baño.

El paseo está fresquito y comemos en una terraza. Un pescado raro raro que se llama Boga, y que sólo puede comerse la mitad superior, que está rica, porque la otra mitad sabe a cieno. Volvemos paseando, Renault cuatro latas y el falcon, mi favorito. Dejamos ropa a lavar y paramos en el bar de la esquina de casa, un bar estupendo con billares, barra de tiras de madera, camarero, y clientes, abueletes; que ponen licores, cerveza y vino con seltz. También tiene estanco y cierto sabor rancio desgastado que me gusta. Hay pizarras para anotar y una tele grande para ver partidos (lástima que sólo sea viernes). También un letrero que canta: prohibido fumar cuando se taquea. Cae una Brahma de tres cuartos bien fresquita. Recabamos información sobre cómo entrar a Uruguay y las noticias no son buenas: Botnia, una multinacional, quiere poner una papelera en el pueblo y todo el mundo está en contra. De tal forma que el puente internacional está permanentemente cortado como medida de protesta. Ningún bus o remis (taxi barato que puede salir del área urbana) puede cruzar. La única forma sería contratando a un taxi de Uruguay que nos esperase al otro lado y coger uno aquí hasta el puente, y cruzarlo andando. Otra opción es volver cien kilómetros atrás, a Colón, y atravesar el puente de allí. Lo vemos muy complicado sólo por pasar por Urugauy, así que decidimos irnos directamente a Buenos Aires y allí ver si hacemos alguna excursión de una semanilla. ¿A Mar de Plata a bañarnos, a Patagonia si no es demasiado caro? Ya veremos. Por lo pronto intentaremos disfrutar este pueblo y su maravillosa temperatura.

Recogemos la ropa y, goliendo a limpios, cenamos en un café del centro con wifi. Bife de lomo otra vez, que no falla y mucha cerveza con el clásico termo de porespan, me molaban más los cubos de hielo de Paraguay.

miércoles, 6 de marzo de 2013

de san ignacio a posadas


Me levanto temprano gracias al gallo. Me ducho y me siento en el jardín, en un trocito con mesa donde entra un rayo de sol. Esto es más grande de lo que pensaba, tiene otra cocina comunitaria para una habitación de literas, un porche con hamacas, barbacoa… y estamos nosotros y una pareja de
argentinos! Desayunamos y cogemos el rápido-camas a Posadas. Aserraderos en el camino y repoblación con pinos. Algún cartel de eco-madera, biocaradura. A las afueras de posadas un baile popular: El nuevo TERRE bailable, con la actuación estelar de los taquilleros del Chamame, los potros salvajes y Carlitos y la diferencia. Sábado 27.

Los buses urbanosdecorados con una gran flor en los laterales: flor amarilla sobre fondo verde, flor roja sobre fondo amarillo, flor lila sobre fondo blanco… quedan muy bien, han cogido la orquídea como símbolo de la ciudad de Posadas. Una ciudad mucho mejor de lo que nos dibujó el funcionario de
turismo de San Ignacio, para el que no merecía la pena ir. Nos sorprende por lo acogedora que es. Hace sol pero corre un aire fresco del Paraná. Las calles son anchas con anchas aceras en las que hay grandes árboles que dan mucha sombra. Hay casas muy bonitas, afrancesadas, modernistas y de nueva
factura, pero con gusto. Precioso el edificio del Banco Nacional Hipotecario, de lo simple que es, con sus lámparas art-nouveau y los tipos en relieve, el Hotel Savoy, comido por las plantas, la farmacia del pueblo, ahora pizzería, y muchos más edificios como colegios, cines, etc. Plazas grandes y verdes, con árboles muy crecidos: San Martín y 9 de Julio. El mercado paraguayo junto al puerto con las cosas que pasan por el puente internacional. Lo malo: que han desaparecido varios museos en pocos años (como el provincial de Bellas Artes y el de Ciencias Naturales, ahora una escuela de inglés) aunque aparecen en nuestra guía. Sólo vemos dos exposiciones de pintura y foto digital. Coches y camiones destartalados, sobre todo Ford Falcon y el R12, un mito. Comemos de maravilla: lengua a la vinagreta. Como aquí las cebollas, así como en Ecuador, Perú, Bolivia y Paraguay, son mucho más suaves y ricas,
hacen deliciosa la vinagreta. Es una comida fría muy recomendable. A las ocho y veinte cogemos el bus semicama nuevo flama para Gualeguaychú, última opción de atravesar el río Uruguay y entrar en
ese país.