lunes, 15 de junio de 2026

volviendo atrás

Estoy en Madrid, en la zona de la glorieta de Quevedo. En la acera frente a mi agencia de Publicidad hay un Saab amarillo desguazado. Observándolos de cerca veo que son dos modelos distintos y ninguno es un Saab. Una chica me pregunta a qué me dedico y le digo que soy publicitario. Es muy simpática, tiene unos cuarenta años. Tiene curiosidad por mi profesión o quizás busca otra cosa. Le digo que puedo enseñarle una agencia. Me pregunta si tengo novia y le digo que estoy casado. Entramos al edificio blanco de Arapiles. Parece que es la hora de la salida y el conserje está organizando la entrada y salida de los ascensores como un guardia urbano. Mientras la chica se queda en la planta baja, yo me doy una vuelta por el sótano. Hay como una oficina para el conserje y un taller con estanterías, sobre las cuales hay piezas grandes de cerámica. Hay un señor con mandil al que le pregunto si las hizo él. Me dice que sí con desgana. Son preciosas, yo también soy ceramista. Ni caso. Ya arriba los ascensores bajan repletos de ejecutivos trajeados. Hay un rubio guapetón que rodea a la chica con la que vine y ella le sonríe. Me acerco y le digo que qué guapetón, éste no te importará si está casado. Se ríe, le alegra mi complicidad, parece que le libera de culpa. Al final, ellas quieren ser ligadas, quieren que se acerque el tipo malote y les suelte una fresca. Logro subir a la agencia con estas disquisiciones. Afortunadamente, me despierto antes de llegar a la quinta planta.

No hay comentarios:

Publicar un comentario