viernes, 29 de marzo de 2013

estudiantes y carabineros en chile


erribaron el cristo de la borriquilla


Me aburre solemnemente ver la misma historia todos los años. La competición de tambores y cornetas a ver quién coño hace más ruido. La misma ñoñería siempre que moviliza al pueblo encerrado tocado por la crisis. El sacrificio inútil, la charanga y la pandereta. Este año se han esmerado y compraron la borriquilla del Domingo de Ramos. Y, claro, la rueda es un invento estúpido, hay que cargarla a cuestas, como si estuviéramos en Sevilla, o en otra época remota. Tanta tontería solo puede acabar así. Dios los empapa todos los años y ellos siguen. Este año mandó un chiste para que todas las teles del mundo vean tanto honorio.

jueves, 28 de marzo de 2013

cándido lópez vs roa bastos


Vista de Curuzú desde aguas arriba











Trinchera paraguaya de Curupaytí




Así, de aquellos primeros años, de aquellas historias increíbles a reventar de vida y muerte, una es la que rememoro y veo con más nitidez: la del soldado enemigo que se ponía a pintar los preparativos de una batalla, o el paisaje sepulcral poblado de muertos, que dejaba una derrota. Sentado en un tronco, o de rodillas frente al caballete, con la visera del kepis sobre la nuca, fijaba con sus pinceles esas visiones que envejecían rápidamente.

Cuando lo descubrí por primera vez en los campamentos aliados de Paso de la Patria, sospeché que se trataba de una nueva forma de alucinación. Le disparé un tiro que levantó un poco de tierra detrás del caballete. No se inmutó: volvió fugazmente la cabeza en dirección a mi escondrijo, lanzó un escupitajo y continuó pintando, impasible. No fui yo solo quien lo vio: muchos otros lo avistaron pintando con la misma impavidez el desarrollo de los combates, sentado en lo alto de las barrancas. Lo apodaron 
el ta’angá apohá (el hacedor-de figuras). 

Desembarco del ejército argentino frente a las trincheras de Curuzú
Quimera o no, lo volví a ver en Estero Bellaco, en Curuzú, en Tuyutí; por último en Curupaytí, al día siguiente del desastre de los aliados. Pretextos recorridas de exploración, salía a buscar a ese fantasma que pintaba fantasmas. Con el catalejo no tardaba en ubicarlo. Absorto, hacía su trabajo sin apuro entre los reverberos del sol y el aire manchado por el humo de la pólvora y los incendios. Sólo cuando el sucio crepúsculo comenzaba a caer, parecía acometerlo cierta inquietud, como preocupado de que los millares de cadáveres se levantaran de pronto, recogieran sus carroñas y se fueran caminando hacia algún lugar oscuro y desconocido.

En la tierra que las explosiones talaban y llenaban de cráteres, ese hombre fijaba el punto en que el tiempo aparece y desaparece. En ese punto, que abarcaba a todos, a vivos y muertos, a amigos y enemigos, también mi imagen –pensé – debe hallarse presente: la imagen de mi cuerpo escondido entre los matorrales; mis ojos observando a ese hombre cuyos ojos y manos disputaban al olvido el misterio de la comunión que la guerra forjaba: sus símbolos más visibles pero también más ocultos.
Me hubiera gustado que el hacedor-de-figuras llegara hasta Cerro-Corá, y que allí hubiese inmovilizado con inmutable pero viviente fijeza ese momento único en la historia de América.

          
                                                                                                    Augusto Roa Bastos. El Sonámbulo.

Campamento argentino frente a Itapirú






Por momentos no se sabe si Sir Richard está relatando lo que vio realmente, o si está traduciendo con palabras, necesariamente más pobres que las imágenes y como deformadas groseramente, las visiones de delirio de Cándido López, el pintor de la tragedia. Burton vio y admiró esos cuadros que iban saliendo “del natural” pero también de una visión de ultratumba; incluso vio pintar a Cándido 
López, sentado entre los muertos, al final de una batalla. “Parecía un sordomudo o un sonámbulo completamente fuera del mundo real” – escribe en una de sus cartas (la décimo-tercera), totalmente dedicada al pintor.
                                                                                                      Augusto Roa Bastos. El Fiscal.


Parece del todo cierto que Sir Richard Burton hizo de reportero en la Guerra de la Triple Alianza de Argentina, Brasil y Uruguay contra su vecino Paraguay, de 1865 a 1870. Los banqueros del imperio inglés estaban muy interesados en acabar con la autosuficiencia de un Paraguay sin deuda externa y endeudar aún más al resto financiando la guerra. Fue Burton quien habló del saqueo de Asunción y cómo vio las cortinas de palacio puestas en Argentina. Pero no es cierto que Cándido López pintase las batallas directamente en los lienzos en plena contienda como comenta el coronel traidor Silvestre Carmona ante la Fiscalía del Estado. Cándido dibujaba esbozos con lápiz y hacía anotaciones en su diario personal, insistiendo fundamentalmente en el paisaje de la batalla; y fue después, ya casado y retirado al campo finalizada la guerra, cuando los pintase con la única mano, la izquierda, que le quedaba.

Esta imagen podría ser de su Diario
Es cierto que pintó a sus enemigos en las trincheras paraguayas desde su propio terreno (segunda foto), incluso a sí mismo cayendo herido en plena batalla de Curupaytí; pero hubiera sido imposible llegar más allá, pues fue aquí donde una metralla se llevó su mano derecha al saltar una zanja de la trinchera, y más tarde a su asistente mientras lo vendaba. Le fue amputado medio brazo y más tarde por encima del codo ante el peligro de gangrenarse. Y la guerra real acabó para él. Aunque su cirujano pensase que había truncado su carrera pictórica, Cándido practicó con la izquierda, regaló su primer cuadro al médico y siguió pintando esas mismas batallas al óleo. Es precisamente que pinta desde la imaginación que pueda considerarse como un artista.

Fue duramente criticado en su primera exposición en Buenos Aires, solo destacando su interés histórico. Hasta criticaron que pintara la tierra roja (propia de Paraguay pero algo extraño para un porteño). Hasta 1887 no consigue vender sus 29 cuadros expuestos por once mil pesos argentinos al Estado de la República, como él quería; pudiendo descansar de tanta naturaleza muerta pintada para sobrevivir junto a su señora y diez hijos. Hoy está considerado como un gran pintor de la Argentina, aunque hay muy poca obra en el Museo de Bellas Artes y sus batallas estén felizmente guardadas en los depósitos del Museo de Historia (en el Parque Lezama), donde es imposible verlos.

Jamás he visto su famoso Diario de Guerra, aunque lo he intentado insistiendo en el Museo de Historia de Buenos Aires. Agradezco cualquier información o enlace sobre él.
Más información aquí y aquí. En 2005 José Luis García recorre en un documental los paisajes de sus batallas.

más cafeterías de madrid

Nuevo Café Barbieri. Ave María

Rodilla. Paseo de las Delicias con Palos de la Frontera

El Riojano. Mayor

Terraza del café Ojos Negros. Segovia, Puerta Cerrada

Cafetería Valor. Paseo de las Acacias

Cafetería Hinojar. Paseo de las Acacias

La Infinito. Tres Peces, Lavapiés

Miranda. Huertas

Cefetería Cine Doré. Santa Isabel

miércoles, 27 de marzo de 2013

hace nueve años



Entonces vivía en un pequeño piso pintado de amarillo y con el suelo de madera. Desde su terraza se veían las agujas de lo que alguna vez fueron los Almacenes Simeón y de la iglesia de San Sebastián, y al fondo el Pirulí. No es que lo recuerde con precisión, es que lo dibujé en un pequeño cuaderno.

 

martes, 26 de marzo de 2013

alegrías de josep pla.narbona









De las muchas alegrías que me llevé de chinorri, la inmersión en los papelajos de la propaganda del abuelo Juan era una de mis favoritas. Entre ellos encontré miles de imágenes que por ahí andan entre los surcos de mi cerebro. Muchas de ellas eran del diseñador Pla-Narbona, el que hiciera la famosa identidad corporativa de Cosmo y LAUS de honor de 2011. Estas aprecieron en la revista médica Folia Humanística de septiembre de 1967. Las ilustraciones también son suyas.

Josep Pla-Narbona nació en Barcelona en 1928, y está considerado como uno de los pioneros del diseño en España. Comienza a trabajar en publicidad como aprendiz de Josep Artigas y luego en el taller de Ricard Fábregas. En el 54 gana el premio Nector de fotografía y gana varios concursos de carteles. Entre el 56 y el 58 trabaja en París para la agencia publicitaria R.L. Dupuy. En el 61 expone dibujos y grabados en Barcelona. En el 62 trabaja en Suiza para la agencia Adolf Wirz. En el 64 expone en Zurich y gana los concursos de carteles de Nestlé y Sonimag2. Del 60 al 65 trabajan en su estudio Peret y Josep María Trias. En el 67 recibe el primer premio de carteles en la Segunda Bienal Internacional de Artes Aplicadas de Punta del Este en Uruguay. Después de su participación en varias exposiciones, en 1967 inicia trabajos de escultura en hierro con Ramón Terrades, herrero de Sant Vicenç de Montal, y coloca obra gráfica en el MOMA de Nueva York.

Desde entonces se dedica a hacer diseño gráfico, anuncios publitarios, ilustraciones en el mundo editorial y a exponer en galerías, hasta convertirse en un maestro ( World Masters:10 de Idea-Japón en 1991). Entre sus trabajos y clientes hay que citar laboratorios farmacéuticos como Grupo Uriach, Bayer, carteles para teatro, Salón Hogarotel, Congreso Nacional de Artes Plásticas, Nestlé, La Lechera, Nescafé, Semana Santa de Sevilla, Sonimag, empresas textiles, Cosmo, editoriales, Idea, Print, Feria del Libro, Tele/eXpres, Barcelona 92, entre otros.

lunes, 25 de marzo de 2013

europeos

¿Nos queda mucho para llegar a Bolaños? Llevamos cuatro días seguidos en autobús. Desde Bulgaria. Mi marido, mi hijo y yo, el niño ya tiene hambre. ¿Tienes tú campo, podrías darnos trabajo? ¿Cuántos kilómetros faltan?

noventa mujeres retratadas desde el siglo XII


Vídeo de Philip Scott Johnson con música de Bach interpretada por Yo-Yo Ma. El listado de obras de las que se partió puede verse aquí.

domingo, 24 de marzo de 2013

el durillo, diez días después

Foto de hoy del durillo del patio
Foto del 14 de marzo

sobre el dolor (3)





El fotógrafo bilbaíno Mikel Bastida se viste de reportero de la II Guerra Mundial y recrea su escenas épicas en sus escenarios naturales, como aquellos cuadros de héroes al óleo y viejas epopeyas. Con todo su sufrimiento, con todo su dolor.