En el
Bar Albahaca se está bien fresquito cenando a base de los montados que ponen de tapa. En la penumbra brillan las pantallas azuladas de los móviles. Después un recital de poesía irreverente, con mucha picha, cura y beata, y una fiesta de cumpleaños en el patio del Chill Out. Amparo me habla de su admiración por mi abuelo Juan, de sus genes artísticos repartidos en las siguientes generaciones, y su amistad con mi hermana Isabel. Nos invitan a salir en la foto pero nuestro reino no es de este mundo.
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