viernes, 9 de agosto de 2013

eleanor davis

Alguna vez una ilustradora en un periódico piensa que lo mejor para ese relato es una historieta gráfica. Una buena y valiente idea.

Me enteré de lo que el racismo estaba en un autobús escolar amarillo mucho tiempo, cuando yo tenía 6 años. Íbamos muy arriba, en los mismos barrios donde mi abuela se escondió bajo las mantas para ocultar su rostro, recogiendo niños blancos cuyas camisas siempre parecían demasiado estrechas y los pantalones demasiado cortos. Ese día en el autobús, algunos de los niños comenzaron a contarme una historia sobre sus amigos que montaron otros autobuses. Evidentemente, estos amigos habían hecho algo mal. Estos amigos, me contaron los niños, dijeron unos a otros chistes de negros y cantaron canciones cortas que todos nosotros sabíamos sobre "negros que escogen." A medida que los niños me lo dijeron, me miraron como si me hubieran crecido cuernos y me hubiera vuelto verde, y fue entonces cuando me di cuenta de que yo era un negro, y que los otros niños estaban diciendo chistes sobre mí, y cantando canciones sobre mí. 
No podía expresarlo, pero me sentía amenazado. Sentí un trasfondo de violencia como el toque frío de las aguas profundas en un lago.
                                                                                            Jesmyn Ward. Fragmento de Una corriente fría

Eleanor Davis

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