domingo, 12 de noviembre de 2017
un café en la glorieta
En el otro extremo están los cafés en cadena. Camareras tratan de ser simpáticas a pesar del estrés y de su ridículo sueldo. Las abuelas acercan sus bandejas a las mesas con las manos temblorosas. Entonces llega un encargado malhumorado y las camareras se indignan. Están a punto de lanzar las pastas al aire. Pero esto nadie lo dibujará.
sábado, 11 de noviembre de 2017
viernes, 10 de noviembre de 2017
el café boconó
En la parte superior de Lavapiés, en Embajadores 3, lo que antes fuera una tienda de muebles barateros, uno puede desayunar como si estuviera de viaje en el Bocono Specialty Coffee, un café al estilo vintage, es decir con muebles comprados en el Rastro, rodeado de guiris con el portátil. Nada que ver con un café al uso: lentísimo, caro, incómodo, silencioso y sin ninguna opción alcohólica. Te ponen el café frío con la excusa de que la leche caliente mata el sabor del café, pero no les importa matar el sabor del tomate de la tostada con mogollón de orégano. Buenos cafés internacionales y especialmente indicado para dibujar y pasar la mañana desayunando en un día lluvioso e intempestivo.
jueves, 9 de noviembre de 2017
el brindis de honorato
Brindo y brindamos
por nosotros y nuestros amos,
pa que nos vean y nos veamos
ellos criaos y nosotros amos.
Pa que vean los tíos jodíos
la vida que nos pegamos.
Honorato, llamado Muelas, de Florida de Liébana, Salamanca.
por nosotros y nuestros amos,
pa que nos vean y nos veamos
ellos criaos y nosotros amos.
Pa que vean los tíos jodíos
la vida que nos pegamos.
Honorato, llamado Muelas, de Florida de Liébana, Salamanca.
miércoles, 8 de noviembre de 2017
cuadernos en el archivo de mary y john
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lunes, 6 de noviembre de 2017
sábado, 4 de noviembre de 2017
viernes, 3 de noviembre de 2017
la vida equivocada
Vivir, tenemos que vivir. Vamos a vivir una larga serie de días y de noches. Trabajaremos para los demás sin descanso. Cuando llegue nuestra hora nos iremos de este mundo sin una queja. Solo cuando ya estemos en el otro lado diremos cuánto hemos sufrido, cuánto hemos llorado, lo amarga que ha sido esta vida. Y descansaremos. Miraremos atrás recordando nuestros sufrimientos, y sonreiremos. Y descansaremos por fin. Yo lo creo así. Lo creo.
Tío Vania de Chéjov
En el dibujo: representación de Vania en el Centro Cultural de la Villa.
jueves, 2 de noviembre de 2017
la libreta de francisco torres
Un policía apunta con un enorme arma a dos niños diminutos y un tanque imponente encañona desde un extremo. Los trazos inseguros y los colores desbordando las líneas delatan una imagen pueril, sin pretensiones. Casi todas las páginas de esa libreta repiten la escena: de un lado, Carabineros de Chile ("pacos", como se les llama de forma coloquial) y del otro, los mapuche. La ropa que visten, sin mayor esfuerzo, los delata como policías. Su autor se llama Francisco, un niño mapuche de apenas 5 años que, como la mayoría de los niños y niñas de su edad en cualquier lugar del mundo, dibuja lo que ve. Sus experiencias y emociones.
Él vio cómo los pacos disparaban a su hermano Samuel, de 14 años en su propia casa allanada. Su madre lo había escondido en el baño, junto a su hermana Natividad. Mientras sangraba, amenazaron a su madre: "Coopere, ¿dónde están las armas?, el niño se va a desangrar, ¿dónde están las armas?, ayude a buscar las armas", le decían rodeándola. "¿Qué armas, si yo vengo del pueblo, qué armas?", revive la madre de Samuel, con la voz quebrada. Mientras los carabineros allanaron el domicilio, Anthoni Torres Toro, el adolescente Diego y Juan Bautista Torres Torres, padre de los niños, fueron inmovilizados. En el patio delantero y tendidos en el suelo boca abajo, apuntados con armas y maniatados con precintos plásticos de seguridad. Ahora su hijo vive con cinco perdigones incrustados en su pierna izquierda, uno de ellos a milímetros de la rótula, otro muy cerca de su arteria femoral. Es uno más de la larga lista de niños, niñas y adolescentes mapuche que han sido agredidos por las fuerzas de seguridad del Estado chileno.
Los Torres Toro viven desde hace dos años en el Lof We Küyen, sector de la Comunidad Juan Antinao en la comuna de Ercilla. Es un lugar de difícil acceso, con senderos que se hacen barro por la lluvia constante de la región y rodeado de plantaciones forestales de eucalipto. Llegaron allí en un proceso de recuperación de tierras que pertenecían a sus antepasados. Guillermina Toro, de 45 años y madre de nueve, relata el episodio con recuerdos que se diluyen por el golpe emocional. Su voz se ahoga y entrecorta el relato. No era primera vez que Carabineros ingresaba a su hogar sin previo aviso: "Pasaron por un camino por aquí, corriendo como en una fila, corriendo y disparando, corriendo y disparando. Al que tocaba, tocaba, dice".
Samuel, su madre y sus hermanas fueron trasladados en un vehículo policial y luego en ambulancia hacia el hospital de Angol. Torres Torres y sus otros dos hijos fueron llevados en un blindado a la comisaría de Collipulli, a 13 kilómetros del lugar. Nunca se les informó la razón de su detención ni les fueron leídos sus derechos. Al niño se le informó que sería investigado judicialmente mientras era atendido en el recinto hospitalario, quedando bajo vigilancia de Servicio Nacional de Menores (SENAME).
Según documentos oficiales que el Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) ha presentado ante el Poder Judicial, al menos 133 niños o adolescentes mapuche han sido vulnerados de múltiples formas por parte de Carabineros de Chile y la policía civil entre 2011 y lo que va del 2017. Cifras que solo incluyen los hechos denunciados, pues según el propio INDH hay un número indeterminado de casos que nunca conocen la luz pública y se pierden en los campos y bosques del sur de Chile.
La Araucanía es el escenario de un conflicto iniciado hace 400 años. Desde las fracasadas campañas militares emprendidas por España hacia el sur del río Bío-Bío, pasando por la guerra de recursos y exterminio reconocida oficialmente por el Estado como la “Pacificación” en el siglo XIX, el pueblo-nación mapuche continúa enarbolando banderas de autodeterminación política.
Sebastián Silva Balcazar y Yasna Mussa en Kaos en la red
Él vio cómo los pacos disparaban a su hermano Samuel, de 14 años en su propia casa allanada. Su madre lo había escondido en el baño, junto a su hermana Natividad. Mientras sangraba, amenazaron a su madre: "Coopere, ¿dónde están las armas?, el niño se va a desangrar, ¿dónde están las armas?, ayude a buscar las armas", le decían rodeándola. "¿Qué armas, si yo vengo del pueblo, qué armas?", revive la madre de Samuel, con la voz quebrada. Mientras los carabineros allanaron el domicilio, Anthoni Torres Toro, el adolescente Diego y Juan Bautista Torres Torres, padre de los niños, fueron inmovilizados. En el patio delantero y tendidos en el suelo boca abajo, apuntados con armas y maniatados con precintos plásticos de seguridad. Ahora su hijo vive con cinco perdigones incrustados en su pierna izquierda, uno de ellos a milímetros de la rótula, otro muy cerca de su arteria femoral. Es uno más de la larga lista de niños, niñas y adolescentes mapuche que han sido agredidos por las fuerzas de seguridad del Estado chileno.
Los Torres Toro viven desde hace dos años en el Lof We Küyen, sector de la Comunidad Juan Antinao en la comuna de Ercilla. Es un lugar de difícil acceso, con senderos que se hacen barro por la lluvia constante de la región y rodeado de plantaciones forestales de eucalipto. Llegaron allí en un proceso de recuperación de tierras que pertenecían a sus antepasados. Guillermina Toro, de 45 años y madre de nueve, relata el episodio con recuerdos que se diluyen por el golpe emocional. Su voz se ahoga y entrecorta el relato. No era primera vez que Carabineros ingresaba a su hogar sin previo aviso: "Pasaron por un camino por aquí, corriendo como en una fila, corriendo y disparando, corriendo y disparando. Al que tocaba, tocaba, dice".
Samuel, su madre y sus hermanas fueron trasladados en un vehículo policial y luego en ambulancia hacia el hospital de Angol. Torres Torres y sus otros dos hijos fueron llevados en un blindado a la comisaría de Collipulli, a 13 kilómetros del lugar. Nunca se les informó la razón de su detención ni les fueron leídos sus derechos. Al niño se le informó que sería investigado judicialmente mientras era atendido en el recinto hospitalario, quedando bajo vigilancia de Servicio Nacional de Menores (SENAME).
Según documentos oficiales que el Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) ha presentado ante el Poder Judicial, al menos 133 niños o adolescentes mapuche han sido vulnerados de múltiples formas por parte de Carabineros de Chile y la policía civil entre 2011 y lo que va del 2017. Cifras que solo incluyen los hechos denunciados, pues según el propio INDH hay un número indeterminado de casos que nunca conocen la luz pública y se pierden en los campos y bosques del sur de Chile.
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miércoles, 1 de noviembre de 2017
limpiando el pasado
A cada momento diseñamos el futuro a la vez que reinventamos el pasado. Con cada cambio de orientación del futuro modificamos el significado del pasado. Por esto mi vida, cualquier vida, es susceptible de una cierta rehabilitación a posteriori desde el laboratorio infinitamente delicado del presente. He aquí el verdadero perdón de los pecados. El pasado es modificable. Cabe escapar al campo gravitatorio del pasado igual que hemos escapado al campo gravitatorio de la Tierra. Cabe interpolar algún discurso lo bastante enérgico para transfigurar ese expediente tan manchado. Cabe, por así decirlo, autoabsolverse. -Salvador Pániker en Primer testamento, Seix Barral 1985.
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