jueves, 27 de noviembre de 2014

un dandi en lisboa


Entre aquellos dibujantes, seguidores y el fantasma de Morato, destacaba el señor Conejo, con su gorrito, su camisa floreada y su serpenteante nariz. Pero su mérito no estaba en el dandismo sino en su obsesión por manchar cuadernos de contabilidad y quizás también por su exquisita educación (su acento francés era dulce, sin la más mínima subida de tono).
En el descanso de la cena, sacó su pincel y lo llenó de figuras. Las camareras asombradas murmuraban parecidos. Alguien habló de Picasso con la esperanza de convertir el refrigerio en un sinpa, aquel peixe espada repetido en una broma del destino.

Dibujos de la presentación del libro colectivo "Diários de Viagem 2", recopilado y editado por Eduardo Salavisa, y la cena posterior.

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