Pienso a menudo en todo ese arte simbólico que se ha perdido, todas esas piezas sin referente que han quedado sólo en la estética y han perdido su auténtico valor. Estoy hablando del robo del colonialismo. De la vileza del hombre blanco.
Esta cabeza está elaborada con distintos barros locales sin apenas tamizar y sometida al fuego de leña de pino hasta superar los 1300ºC en el horno tren/anagama que Wladimir Vivas construyó en el pueblo de Pelahustán, Toledo.
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