Paseando por el barrio, en Madrid, oigo el sonido odioso de una radial, augurio del desastre.
Los Nogales era un bar de barrio de esos que tienen los churros dibujados en el cristal de la puerta y los vecinos jugando al mus. Desde su puerta de Santa Isabel se veía toda la bajada hasta la Plaza de Lavapiés. Ahora los cristales están tapados con blanco españa y dentro lo están desguazando.
Cada paseo que doy me trae una baja. La última fue la del Camacho, en Embajadores. Otro bar de barrio donde el dueño se ha hecho viejo. Su fachada sigue teniendo esa cerámica chula en blanco y negro, y dentro se va acumulando la porquería. Aún recuerdo al camarero con una bola enorme en la nuca.

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