Comenzó su trayectoria en la pintura, desarrollando un lenguaje visual basado en la deconstrucción —geometrías fragmentadas, transparencias superpuestas y profundidades cambiantes— profundamente influida por su experiencia personal con un campo visual reducido. Esta condición ha marcado su manera de entender cómo se construye y cómo se percibe una imagen, y sigue atravesando su aproximación táctil al proceso de creación.
Su interés por la percepción la llevó progresivamente hacia el textil, donde el gesto y la repetición se convierten en herramientas para traducir lo intangible. El crochet y el tuffting le ofrecen una forma física y rítmica de construir la imagen, una extensión de la pintura hacia el espacio y el volumen. Sus piezas textiles mantienen la lógica de sus primeras pinturas: la superposición, el ritmo, y el diálogo entre lo que se ve y lo que se siente.
Entre Madrid e Ibiza, Rod encuentra inspiración en las tradiciones artesanales de la isla —especialmente en los peluts— que encarnan a la vez intimidad doméstica y presencia escultórica. Ese legado se refleja en la materialidad y la dimensión espacial de su obra.
En todos sus medios, Rod explora el límite entre lo visible y lo invisible, lo recordado y lo imaginado, y las formas en que el cuerpo comprende el mundo a través del tacto, el gesto y el tiempo.







































