martes, 31 de enero de 2017

los lavoisier





En el Museo Metropolitano de Arte, en la Quinta Avenida de Nueva York, uno se encuentra con este cuadro de grandes dimensiones de Jacques Louis David en que Antoine Laurent Lavoisier toma apuntes en su laboratorio de química, mientras su mujer, Marie Anne Paulze, se apoya en su hombro mirando al pintor. La tela roja, la colocación de los aparatos, el vestuario y los peinados nos denuncian la falsedad del teatrillo de la pose. En realidad los papeles están cambiados, era Madame Lavoisier la parte erudita de esta pareja de químicos. Ella era quien traducía del latín y el inglés los tratados de química, quien diseñaba los artilurgios y quien tomaba notas de los experimentos, como demuestran su propios dibujos.

Su primera formación la recibió en el convento donde la ingresó su padre, Jacques Paulze, abogado parlamentario y financiero cuyos ingresos provenían de su trabajo como recaudador en la Ferme Générale, cuando solo tenía tres años, a la muerte de su madre Claudine. Su formación teológica continuó durante toda su vida, creando una rica y nutrida biblioteca.

Cuando tenía trece años, recibió una oferta de matrimonio del conde de Amerval, de cincuenta años, que su padre no podía negar, bajo la amenaza de ser expulsado de la Ferme Générale. Para frustrar indirectamente el matrimonio, Jacques Paulze hizo una oferta a uno de sus compañeros de la Ferme para que pidiese la mano de su hija en su lugar. Este compañero era Antoine Lavoisier, un noble y científico francés. Lavoisier aceptó la proposición, y él y Marie Anne se casaron en 1771. Lavoisier tenía veintiocho años.

Lavoisier fue nombrado administrador de la pólvora del Arsenal de París cuatro años después. Allí se trasladó el matrimonio y allí se acrecentó su interés por la química, hasta construir su propio laboratorio en la buhardilla de la casa. Anne Marie trabajó activamente en el laboratorio trabajando como un equipo de investigación. Ella traducía del inglés al francés los tratados de química haciendo anotaciones, ayudaba en el diseño de los aparatos y anotaba los resultados de las investigaciones con diagramas en sus cuadernos. Había recibido formación en dibujo y pintura de Jacques Louis David, el autor del cuadro de la entrada, llegando a dibujar con precisión los distintos aparatos y escenas del laboratorio, de gran ayuda a sus científicos contemporáneos para entender sus métodos y resultados.


Anne Marie tomando anotaciones de un experimento, según su propio dibujo.
Su traducción más importante fue la de Ensayo sobre flogisto y la Constitución de los ácidos de Richard Kirwan, en la que añade notas a medida que aprendía, señalando los errores en los experimentos. También tradujo obras de Joseph Priestley, Henry Cavendish, y otros para uso personal de Lavoisier, para mantenerse al día en la evolución de la química. En el caso del flogisto, fue la traducción de su mujer la que convenció a Antoine de que la idea era incorrecta, conduciendo en última instancia a sus estudios de la combustión y su descubrimiento de gas de oxígeno.

Por su posición en la Ferme Générale, que se dedicaba a la recaudación de impuestos para la monarquía, Lavoisier y su suegro fueron acusados de traidores por los revolucionarios. Los esfuerzos de Anne Marie por hacer ver el gran error que suponía acabar con una eminencia de la ciencia patria no pudieron evitar que la guillotina les cortase el cuello. Los científicos contemporáneos nada hicieron para evitarlo.

El nuevo gobierno confisca su dinero, su propiedad (devuelta al final) y el equipo del laboratorio. A pesar de ello, publica Memories de Chimie donde se recogen los principios de la química moderna, y que la convierten en una científica prominente. Tras cuatro años de noviazgo se casa con Benjamin Thompson (Conde Rumford), un notable físico de la época. Fue un breve y tormentoso matrimonio, entre otras cosas porque ella mantiene el apellido Lavoisier (y un retrato de su anterior marido en su habitación el resto de sus días). Murió con 78 años en París. Está enterrada en el cementerio de Pere-Lachaise.

Los Lavoisier pagaron una gran suma por este retrato de la pareja. David pretendió hacerlo público en el Salón de París de 1788. La Revolución y su voto a favor de la pena de muerte de Antoine Lavoisier hizo que no fuera expuesto en público hasta cien años después de ser pintado.


lunes, 30 de enero de 2017

más capítulos de amor

La mayoría de las relaciones pasan por desacuerdos, y creo que el amor no consiste solo en llevarse genial y no pelearse nunca, sino en aceptar que a veces las personas se hieren las unas a las otras. Lo que Hollywood o Jane Austen consideran amor normalmente solo incluye el cortejo, y acaba cuando la pareja se casa. Eso para mí no es más que el capítulo uno. -Kazuo Ishiguro, novelista.

domingo, 29 de enero de 2017

viajar siempre

Muchas veces envidié las vidas sencillas que llevan trazado el camino, pero me duró poco. Hoy me gusta lo impensado, lo incierto; me atrae lo desconocido; el encanto del libro que no se ha leído y de la partitura que no se escuchó jamás. No comprendo la existencia de las personas que se levantan todos los días a la misma hora y comen el cocido en el mismo sitio. Si yo fuera rica, no tendría casa. Una maleta grande y viajar siempre. Deteniéndome en donde me agradase, huyendo de lo molesto… aspirando el aroma de las cosas sin analizarlas. Eso de hacerse un palacio con cementerio y todo para vivir y morir en un mismo sitio me parece que nos asemeja a los moluscos. ¡Pícaro progreso que trajo los ferrocarriles en lugar de las cómodas escobas sobre las que cruzaban el aire nuestras respetables abuelas! -Carmen de Burgos La Colombine en su autobiografía escrita en 1927 y recogida en Ellas y ellos o ellos y ellas, ediciones Huso, Madrid 2016

un poco de alexandra en mi bolsillo

No, estos no son mis amigos. Acabo de llegar a este bar, no conozco a nadie. Perdí mis amistades por él. Yo lo di todo, pero él nunca me quiso. Yo andaba pendiente como una gilipollas. Ahora cada uno sigue su camino.
Mi madre es la leche. Yo no le llego ni a los talones. Es una artista. Fue la primera mujer que se divorció en esta ciudad. Totalmente independiente.
Mis ojos son del color de mi jersey.
Jamás le diré a un artista cómo ha de hacer las cosas. Hasta ayer tenía el pelo largo. Me puse en manos de la peluquera, la dejé hacer. Tú puedes dibujarme como quieras. Para mí es un honor formar parte de tu cuaderno. Me gustaría escribir algo, no sé, algo que enseñe mi alma, que me trascienda.

sábado, 28 de enero de 2017

bares y cafeterías de ciudad real (14)











Algunas revisistas y algunos bares que no conocía: La Orosia, uno de mis favoritos, en la calle Libertad, quitó sus maravillosas lámparas y empeoró con las tapas, las últimas incomestibles. El diseño frío del Elisa, en la calle Elisa Cendrero, parece volverse un poco más acogedor si te sientas junto a la ventana, las tapas regular. En el 100 montaditos, franquicia en los cines Las Vías, si no hay gente es desolador y si hay tardan un siglo, ningún montadito merece tanta espera. La molletería antequerana La casa de los molletes, en Lanza, ha mejorado mucho con la reforma, todo tipo de gente y buenas tapas tradicionales de cocina. La Madriguera, en la calle Toledo, es un café-librería más café que librería, café y tartas entre jóvenes estudiantes hablando de cine y jugando a las cartas. Mendigos, abuelos y parejas prohibidas en la Taberna Dulcinea, en la calle del Espino, barata. En el Tres Hermanas, en la Corredera Alta, todo el mundo se conoce y juega a los dados, la camarera simpática. Tonteo y pijoteo culipardo en el Martina, en la calle Toledo, cafés con tartas, zumos y combinados a precios altos en un ambiente selecto, codeándote con las buenas familias. El Café Cruz, en Postas, es también pastelería con obrador, ideal para tomar café con leche y pasteles con las familias estructuradas de la capi.

viernes, 27 de enero de 2017

retazos de alberto en el delicias del acuario



Yo también dibujo, lo mío es el grabado, pero ya se ha acabó. Yo no podría dibujar aquí en medio como tú, me daría mucha vergüenza.
Llevo veinte días viniendo a este bar y lo más que he sacado es un hola. Gente cerrada aquí, como en Burgos. Yo ya lo dejé. Llevo treinta años en Oviedo. Allí la gente es más abierta, pero solo miran lo suyo. Una montaña por aquí, otra montaña por allá, y por allí el mar que es como otra montaña. No salen de allí.
Llegué tarde a todo. Estudié electrónica par reparar televisiones en blanco y negro y enseguida salieron las de color. Luego diseño, con esas letras que se pegan, y llegó el ordenador. Hubo una época en con cualquiera que hablases en los bares se dedicaba al diseño. Cualquiera que maneje el ordenador es diseñador. No ven que solo es una máquina. Monté un taller de grabado, la gente más pijotera quería imprimir en mi taller. No quería ayudas ni compromisos con el Ayuntamiento. También eso se acabó. He pensado abrir algo en Cuba, dibujar para los turistas.
Mis hijos ya no me necesitan, viven su vida. Encontré a una mujer en el balneario y ahora he venido a verla. Yo salgo a los bares, pero a ella no le gusta salir. Hay un bar cerca de la plaza de toros que te gustará. Es muy familiar. La gente se saluda y habla. No hay bares así en Ciudad Real.
Eres la segunda persona con la que puedo hablar desde que estoy aquí. Ya sabes, aparte del hola y adiós. Son caros los bares si no quieres la tapa. Vengo a éste porque la caña solo cuesta un euro. Tómate un vino.
Buff qué horas, habrá que comer. Nos veremos por aquí. Yo tengo que subir un día de estos.

jueves, 26 de enero de 2017

cine gratis (o muy barato) en ciudad real

Todos los lunes, cine de terror y serie b de dominio público gratuito a las 20:30 h., programado por y para amantes del cine, en el Cinefórum Living Room, en la calle Quevedo nº 7. El próximo 30 de enero: The Man Who Cheated Himself, de Felix E. Feist (1950), con guión de Seton I. Miller y Philip MacDonald y música de Louis Forbes. Película presentada por Gonzalo Norton (Club de Amigos de Adam West) y José Ángel Labrada (Espectadores Exaltados).

Todos los lunes a las 21:00 h., Los Clásicos del Deicy Reillys, en la taberna irlandesa Deicy Reillys, en la calle Alcántara nº 2, joyas del cine rescatadas y presentadas por José Luis Vázquez. El próximo lunes 30: La condesa descalza (The barefoot contessa, USA) de Joseph L. Mankiewicz.

Todos los miércoles a las 18:30 h. en la Biblioteca Pública, en la Avenida del Ferrocarril, se desarrollan los  ciclos de cine en Cineclub, coordinado por Rodrigo Dueñas, que comenta y modera el coloquio. Ayer fue la última sesión del ciclo Paso a la comedia, con Día de fiesta (Jour de fête) de Jacques Tati (1949).

Los terceros miércoles de cada mes, en el salón de actos del Hospital General Universitario y a las cinco de la tarde, Medicine ofrece documentales sobre distintos aspectos de los hospitales y un foro con especialistas y el crítico de cine José Luis Vázquez. El próximo 15 de febrero será sobre el médico y el paciente.

Y solo a 3,50 euros, los Martes de VOS de la UCLM, películas de estreno seleccionadas, y presentadas por José Luis Vázquez en los cines Las Vías a las 21:15 h. El próximo martes 31: La luz entre los océanos de Derek Cianfrance (USA).

Y, finalmente, por 5,50 euros, con dos euros de regalo incluidos para una caña, los Jueves al Cine con José Luis Vázquez, estrenos doblados seleccionados y presentados por este crítico, el oficial de Ciudad Real, en los cines Las Vías a las 21:00 h. Para hoy: La ciudad de las estrellas de Damien Chazelle (USA).

Cinefórum Living Room
Cultura en Tiempos de Crisis
Los Clásicos del Deicy Reilly's
Biblioteca Pública del Estado en Ciudad Real

miércoles, 25 de enero de 2017

otros cuadernos de degas




Los cuadernos de Edgar Degas responden al gran consejo de su admirado Ingres: Dibuje líneas y más líneas, joven, tomadas de la realidad y de la memoria, así se convertirá en un buen artista. Aparte de sus bailarinas, carreras de caballos y desnudos en el baño, algún cuaderno recoge dibujos rápidos de tinta aguada en sus excursiones por el campo. Puede verse una búsqueda de la atmósfera, los juegos de luz y sombras y esa inmediatez de los impresionistas. Es curioso ver a un Degas irreconocible, aquel que menospreciaba la pintura al aire libre, escondido entre los decorados de teatros y cabarés nocturnos, ahora dibujando árboles, colinas ensombrecidas por las nubes y paisajes montañosos.