miércoles, 9 de noviembre de 2016

el edificio castromil






Hai que anotar, de forma dolorosa, dous dos atentados patrimoniais máis graves que sufriu Compostela no último século (...) O primeiro, e quizais por iso máis esquecido, é a sangrante demolición da barroca Casa da Inquisición, obra de Casas Novoa (1729), destinada ata 1834 como sede da funesta institución (...) Pero é, sen dubida algunha, a desaparición do popular Edificio Castromil a agresión máis desafortunada que, aínda hoxe, pervive na memoria dos composteláns.
Pablo Costa Buján en Evolución urbana y cambios morfológicos. Santiago de Compostela 1778-1950, 2013.


Corro como un loco y me planto en lo que en el 2013 será plaza de Galicia, antes llamada plaza de García Prieto. He llegado a tiempo. El edificio Castromil está rodeado por una cinta. Un regimiento de obreros se dispone a echarlo abajo porque así lo ha decidido el ayuntamiento que preside Antonio Castro. Una alcaldada. Varias personas le gritan a los obreros. Llevan carteles. «¡Criminales!». «¡Parad!». «¡Pesará sobre vuestras conciencias!». No tardo nada en ponerme del lado de los del escrache. Los grises rondan. ¡Anda! ese es el arquitecto Carlos Almuiña con 38 años menos. Ramón Castromil llora.
Almuiña está que trina. Me da una fotocopia y me dice que estamos a punto de presenciar el mayor crimen urbanístico de la historia de Santiago. No es un visionario: es un tipo que tiene los dos dedos de frente que le faltan al consistorio.
Me consta que el Colegio de Arquitectos se mojó desde que, en 1974, el Ayuntamiento expropió el inmueble modernista, precioso, para construir un aparcamiento. Pidieron hasta la extenuación que fuera declarado monumento histórico artístico, pero ganó la Corporación en nombre de un progreso equivocado. No lo soporto. Voy a dar un paso más: me salto la línea de seguridad y me subo a la excavadora.
Nacho Mirás Fole en Salvajada en la Plaza de Galicia. La voz de Santiago, 19 de mayo de 2013.


En el año 2008, el ayuntamiento de Santiago pidió perdón a la empresa Castromil por el derribo de este edificio. Actualmente, la plaza de Galicia es un quebradero de cabeza en el urbanismo compostelano, ya que no tiene una función muy definida en el conjunto urbano de la ciudad. Para algunos, este espacio es definido como el “vacío de la plaza de Galicia”. Ahora mismo, y como dijo un conocido arquitecto gallego: “es una isla que no sirve para nada”. En el año 2008, se hizo un concurso de propuestas para su remodelación, que ganó un arquitecto italiano, pero nada hay hecho a día de hoy en la plaza, que sigue siendo la misma “isla”.

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