martes, 12 de abril de 2016

vivir en un decorado



Una encantadora mujer que nunca se marchó de Cuba pese a que toda su familia política sí lo hizo tras el triunfo revolucionario. Josie, que se apellida Granda Rodríguez y sobrevuela los ochenta años, se casó en noviembre de 1958 con José Miguel Alonso Soler, ingeniero químico azucarero que estudió en Estados Unidos y a quien la vida alumbraba. El suegro de Josie era Óscar Alonso Solís, presidente de una importante empresa norteamericana, la Compañía de Ferrocarriles de Camagüey, y su cuñado era un alto directivo de Colgate-Palmolive. Pero llegó el triunfo de la revolución, y con las nacionalizaciones de las empresas norteamericanas y la muerte de Óscar, en 1963, José Miguel y su esposa quedaron solos en La Habana. La pareja se mudó a vivir a la vieja casona burguesa de la calle Calzada y, pese a que el resto de la familia emigró, ellos decidieron esperar. Las cosas cambiarían pronto y entonces la familia regresaría, pensaron. Pero los años fueron pasando y nada cambió, excepto que poco a poco la hermosa casa del Vedado se les fue viniendo abajo.

“Al principio no había dinero para mantenerla, pero luego resulto ser mejor”, cuenta Josie. Las estancias decadentes de la fabulosa casona ecléctica construida en 1929 comenzaron a adquirir encanto y un día se la empezaron a alquilar para rodajes. Primero fueron varias telenovelas cubanas, después películas del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematografica (ICAIC) —incluida una que protagonizó Paco Rabal en los años noventa, ‘La noche de Consantinopla’, de Orlando Rojas— e incluso hasta para producciones de moda. El año pasado, tras el inicio del deshielo entre Washington y La Habana y el boom de Cuba, el lugar fue escogido por Vanity Fair para que posara Rihanna fotografiada por Annie Leibovitz. Josie, que es de misa diaria, muestra una foto de la cantante desnuda, tumbada en la cama de uno de los cuartos. “Si llego a saber que es para esto no se la alquilo”, comenta. Josie es consciente de que las vigas al descubierto y las paredes despintadas son un buen reclamo, pero, dice, hay que tener cuidado. “Hay que mantener la decadencia, no podemos arreglar demasiado, pero el punto es que no se te caiga el techo encima y acabe contigo".


Mauricio Vicent en El País
Foto de Miguel Pereira

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