viernes, 25 de marzo de 2016

la hora mágica

Al salir del Palacio de Justicia para subir al coche reconocí en un breve instante el olor y el color de la noche de verano. En la oscuridad de la cárcel rodante encontré, uno por uno, surgido de lo hondo de mi fatiga, todos los ruidos familiares de una ciudad que amaba y de cierta hora en la que se me ocurría sentirme feliz. El grito de los vendedores de diarios en el aire sosegado de la tarde, los últimos pájaros en la plaza, el pregón de los vendedores de bocadillos, la queja de los tranvías en los recodos elevados de la ciudad y el rumor del cielo antes que la noche se cerrara sobre el puerto, recomponía para mí un itinerario de ciego, que conocía bien antes de entrar en la cárcel. Sí, esa era la hora en que, hace ya mucho tiempo me sentía contento.

Albert Camus en El extranjero. Editorial Planeta. Barcelona 1973

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