domingo, 20 de marzo de 2016

el asesino que no se mojó

El tiempo de las ilusiones ha llegado a su fin. Ningún acto de nuestra vida cotidiana es inocente. Al pedir un café y pan con mantequilla en la panadería, nos implicamos en una cadena de horrores causados a animales y a humanos involucrados en la producción. Cada acto banal implica una decisión ética, y también una opción política.

La descripción de las atrocidades que cometemos de forma rutinaria puede seguir aquí a lo largo de miles de caracteres. Comemos, nos vestimos, nos entretenemos, transportamos y nos transportamos a expensas de la esclavitud, de la tortura y del sacrificio de otras especies y también de los más frágiles de nuestra propia especie. Somos lo peor que le ha sucedido al planeta y a todos los que lo habitan. El cambio climático ya anuncia que no solo le tenemos miedo a la catástrofe, sino que nos hemos convertido en la catástrofe. Esta vez, no solo para todos los demás, sino para nosotros mismos.

¿Cómo ser ético en un mundo sin ilusiones, en el que cada acto implica la tortura y el sacrificio de otro, humano o no humano? Si somos los nazis de las otras especies, cuando no de la nuestra, ¿aceptar que así es no sería convertirse en un Eichmann, el nazi juzgado en Jerusalén, que alegó que tan solo cumplía órdenes, el hombre tan banalmente ordinario que inspiró a la filósofa Hannah Arendt a crear el concepto de “banalidad del mal”? ¿Cómo construir una elección que vuelva a incluir la ética? ¿Cómo no paralizarse frente al espejo, reducidos o al horror o al cinismo, tras haber eliminado la posibilidad de transformación? ¿Cómo movernos?


Ante el filete que deseamos y el ojo de buey que nos interroga, hay, al menos, una hipótesis cada vez más fuerte: el inocente es un asesino.

Eliane Brum es escritora, periodista y documentalista. Autora de los libros de no ficción Coluna Prestes - o avesso da lenda, A vida que ninguém vê, O olho da rua, A menina quebrada, Meus desacontecimentos, y de la novela Uma duas.
Puedes leer este comprometedor artículo completo en El País.

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