miércoles, 16 de septiembre de 2015

cazando nombres en la patagonia




Cuando Darwin llegó en el Beagle a Río Negro, en la Patagonia Argentina, en 1832, se dio cuenta que era tarde, que estaba pisando la sombra de alguien que probablemente había recogido las cosas buenas y solo le había dejado las migajas. De ello se queja en una carta a su mentor John Henslow.
Ese alguien era el naturalista francés Alcide d'Orbigny, a quien el Museo de Historia Natural de París había enviado seis años antes a Sudamérica a recoger muestras, y había estado recorriendo la zona durante los últimos seis meses.
Un poco más tarde, Darwin encontró en una olla donde se preparaba la cena los restos de una especie de ñandú más pequeño que el conocido en Europa, al que su colega John Gould llamó Rhea darwinii, el ñandú de Darwin. Tarde había píado. Orbigny ya había recogido una muestra y la había llamado Rhea pinnata; por lo que el término de Gould hoy no es más que un chiste.
Cuando la maravillosa litografía superior, de Elisabeth Gould, se publicó en Zoología del Beagle de Darwin, el término seguía siendo válido. Ahora solo es un término coloquial, sin validez científica.
Orbigny publicó un relato de sus aventuras en este viaje que tituló Voyage dans l'Amérique méridionale (1835-47). También una Historia Natural de Cefalópodos con grabados en color, como estos dos ejemplos que aquí mostramos.


No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada