lunes, 3 de agosto de 2015

contra la ortoxia económica

Todas las profesiones tratan de que lo suyo parezca más complicado de lo que es. El fontanero no te explicará todo, porque si lo hace parecería demasiado fácil. Pero los economistas han tenido un especial éxito en ello. La economía en los últimos 30 ó 40 años ha estado desempañando el papel de la teología católica en la Europa medieval: funciona como ideología para justificar el statu quo. La gente tiene opiniones muy fuertes sobre muchas otras cosas, sin tener realmente un conocimiento muy profundo. Pero cuando hablamos de economía, se nos ha hecho creer que hay que dejarlo para los expertos. Eso es un enorme obstáculo para la democracia. Se excluyen las decisiones económicas más importantes del debate y escrutinio democrático.

Al entrar en la moneda única, los países más fuertes deberían haber estado dispuestos a cuidar de los más débiles. Normalmente, los países con productividad más baja que tiene problemas, devalúan. Es lo que hacían España o Italia todo el tiempo. Ahora no pueden, lo único que pueden hacer es bajar salarios y cortar gasto público, y eso deprime la economía. Deberían haber permitido más campo para transferencias fiscales y cancelación de deuda. Pero no quieren hacerlo. Y es, probablemente, porque los finlandeses no sienten realmente que están en el mismo país que los griegos y los alemanes no piensan en los españoles como sus compatriotas. Ahí está la raíz del problema. Sin el compromiso de cuidar a los más débiles, no podemos tener una moneda única.


Hay que aceptar que fue un proyecto erróneo e intentar corregirlo. La alternativa es una austeridad permanente en países como España o Portugal. En cuatro años más la economía seguirá igual de muerta, mucha más gente habrá sufrido por los recortes continuados y en algún momento la gente va a decir que esto es un sinsentido. Si salen de la unión monetaria, por lo menos podrán devaluar y revitalizar la economía. Más pronto o más tarde, países como España, Portugal o Italia, deberán mirar sus opciones.

Se ha redefinido una crisis financiera como crisis fiscal. Una jugada muy inteligente. Primero se salvaron aceptando medidas keynesianas porque todo estaba colapsando. Entonces, el gobierno incurrió en déficit como resultado de esas políticas keynesianas y se empezó a decir que esa era la causa de la crisis. Los medios apoyaron esa teoría. La gente fue bombardeada con ese mensaje de que el problema había sido el excesivo gasto del Gobierno. La reforma financiera ha desaparecido de la agenda, se han hecho cambios pero nada fundamental que pueda prevenir otra crisis. Podemos estar encaminándonos a otra crisis financiera. Son difíciles de predecir: si alguien hubiera dicho que el mercado chino de valores iba a caer un 20% en cuatro semanas se habrían reído de él. En los últimos siete años la económica estadounidense, en términos per capita, creció a un ritmo de 0,4% anual, cuando en las llamadas dos décadas perdidas de Japón, la renta per capita subió a un ritmo del 1%. ¿Qué tipo de recuperación es esa? Al final de 2014 en la mitad de los países de la OCDE no se había alcanzado la renta per capita de 2007. Esa es la situación.

En los años 80 y 90 muchos partidos socialdemócratas estaban en crisis. Con la desindustrialización, su base política mermaba. Además el colapso del bloque soviético hizo que las ideas de izquierdas fueran desacreditados. Todas, incluso las útiles. Cuando vino la crisis muchos partidos de izquierda estaban en el poder (en España, en Reino Unido…) y la gente asoció a la socialdemocracia con el desastre económico.

El mundo es como es porque ha habido revoluciones en las fábricas, no porque inventaran un sistema bancario mejor. Incluso para el cambio climático, la única solución económica y políticamente viable va a venir de desarrollar energías renovables. Y eso solo se va a inventar a través de las tecnologías de producción. No lo van a inventar los banqueros, ni los ministros de finanzas.

Ha-Joon Chang entrevistado en El País

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