domingo, 7 de junio de 2015

el extermino de los últimos pueblos no contactados

Indios xinane en 2014 · FUNAI

El año pasado, un grupo de indígenas mashco-piro abandonó su refugio en la selva amazónica para acercarse a la orilla de un río cercano al pueblo peruano de Monte Salvado. “¿Dónde están los pecaríes?”, preguntaban a gritos. Los pecaríes o jabalíes americanos son uno de sus principales medios de subsistencia en las profundidades del bosque tropical.

En Perú viven unos 8.000 indígenas aislados. Su principal amenaza es la transmisión de enfermedades contra las que no tienen defensas. Las infecciones llegan a lomos de madereros, mineros, misioneros, traficantes de droga e incluso periodistas, según la investigación de Science. En la década de 1980, unos 350 miembros de una tribu aislada murieron por enfermedades después de entrar en contacto con trabajadores de la petrolera holandesa Shell, denuncia la antropóloga peruana. “Estamos en el umbral de grandes extinciones de culturas”, sostiene Francisco Estremadoyro, director de ProPurús, una organización dedicada a blindar la biodiversidad de las cabeceras amazónicas en el sudeste peruano.

La investigación de Science destapa la falta de preparación de los gobiernos de Brasil y Perú para enfrentarse a esta oleada de contactos. Los expertos entrevistados por la periodista Heather Pringle acusan al Ejecutivo de Rousseff de anteponer el crecimiento económico a los derechos de los pueblos indígenas. Los datos también lo sugieren. Sin dinero, la Funai no puede recoger los datos necesarios para demarcar legalmente los bosques reservados a los grupos aislados.

Entre 1995 y 2002, el Gobierno de Fernando Henrique Cardoso ratificó 118 solicitudes de tierras por parte de los grupos indígenas. Entre 2003 y 2010, el equipo del presidente Luiz Inácio Lula da Silva firmó otras 81. Entre 2011 y 2015, Rousseff apenas ha ratificado 11, y solo una desde 2013. “El Gobierno ve a los indios como un obstáculo para el negocio agrícola, para la expansión de la minería y para la extracción de recursos naturales”, opina Antenor Vaz, otro veterano de la Funai.

Ni la fundación ni el Ministerio de Salud brasileño tienen planes de contingencia para actuar con rapidez cuando se produce un contacto. En junio del año pasado, un grupo aislado de indios xinane se acercó al pequeño poblado de Simpatía. Muchos de ellos cayeron enfermos. El Ministerio de Salud tardó casi una semana en enviar a un médico. Cuando llegó, los indígenas ya habían regresado a la selva, con patógenos desconocidos capaces de exterminar hasta al 90% de su tribu.


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