jueves, 7 de mayo de 2015

el puente de bering




Los humanos se establecieron en América del Sur en una sola migración, no mucho después de que sus antepasados cruzaran desde Siberia a Alaska durante la última Edad de Hielo. La evidencia genética basada en el ADN de los restos de cinco antiguos humanos que vivieron en los Andes del Perú, también alude a cómo los antiguos andinos evolucionaron para prosperar en altitudes de más de 4.000 metros. Presentada en la reunión anual de la Society for American Archaeology (SAA), en San Francisco, la investigación arroja luz sobre la última migración continental importante en la prehistoria humana, y una de los menos comprendidas.

El sitio de ocupación humana más antiguo de América del Sur conocido, el asentamiento de hace 14.600 años en Monte Verde, Chile, sugiere que los humanos llegaron allí después de cruzar el puente de tierra de Bering mil o dos mil años antes, tal vez bordeando la costa del Pacífico. Pero algunos argumentan que hubo una segunda migración. Utilizan evidencia esquelética para proponer que los largos y estrechos cráneos (derecha) de los sudamericanos que vivieron hace más de 5.000 años, difieren demasiado de las cabezas más redondas de los habitantes mas recientes, y de los pueblos indígenas actuales, como para representar un población continua.

En los años 1950 y 1960, el arqueólogo peruano Augusto Cardich descubrió restos humanos con la antigua forma característica del cráneo en un refugio de piedra en lo alto de los Andes, en una región llamada Lauricocha. La datación por carbono ubica el sitio en alrededor de 9.000 años, por lo que es un ejemplo clásico arqueológico de asentamiento primitivo a gran altitud. Investigadores posteriores dataron los restos de Lauricocha en cerca de 5.000 años de antigüedad, lo que disminuye considerablemente su atractivo para los investigadores interesados en la temprana prehistoria de América del Sur.

"La gente simplemente se olvidó de este sitio. Nadie se interesó más", dice Lars Fehren-Schmitz , un antropólogo-biólogo en la Universidad de California, Santa Cruz. Más de medio siglo después del descubrimiento del sitio, el equipo de Fehren-Schmitz obtuvo permiso para estudiar cinco esqueletos humanos excavados en Lauricocha y conservados en el Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú en Lima. El equipo volvió a medir los cráneos y extrajo ADN.

Su trabajo, presentado ahora, pinta un cuadro complicado de Lauricocha. Dos de sus residentes, una mujer y un niño de 2 años de edad, murieron hace casi 9.000 años. El tercero, un hombre, pereció alrededor de 2.500 años más tarde, y otro hombre murió unos 2.300 años más tarde aún. La quinta muestra no fue datada debido a su condición. Sólo el cráneo de la mujer era alargado y de forma estrecha, lo que se conoce como dolicocefalia (derecha).

Para evaluar si los residentes de Lauricocha eran descendientes de los miembros de más de una migración, el equipo secuenció el ADN de sus mitocondrias, orgánulos celulares que pasan directamente de la madre al hijo, y así rastrear la ascendencia materna. Se encontró que todas las personas descendían de líneas maternas que son comunes entre los indígenas modernos y antiguos de América del Norte y Sur. Los cromosomas Y de los varones los ubican en un linaje que surgió en la región alrededor del estrecho de Bering hace unos 17.000 años, el momento más ampliamente aceptado y lugar para la migración humana original en las Américas.

Estos y otros datos de ADN sugieren que todos los seres humanos de Lauricocha descienden de los primeros que llegaron a las Américas, avalando una migración única hacia América del Sur.



Guillermo Caso de los Cobos en Terrae Antiqvae

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