lunes, 16 de marzo de 2015

lisa en valparaiso




Hugo el memorioso nos cuenta historias antes de cocinarlas, antes de escribir un hermoso libro y llenarlo de espuma de algas y ceviche de sueños marinados.

Cogemos un turbús a Quilpue, al barrio de Belloto, donde vive Elizabeth, que nos espera en el paradero trece y medio, y luego nos monta en el 101 hasta la plaza Oasis. Allí tiene una casita de ladrillo y madera con un pequeño jardín y un par de gatos. Una casa de colores tan alegres como ella. Me manda al cerro a dibujar mientras habla con Beni, que no durmió muy bien por el estómago.

Cuando baja un poco el calor, nos montamos en el 101 y nos va contando. Las mujeres que van en auto a todas partes son muy flojas, dice. Ella compra quesos gigantes y los trocea para venderlos envasados. Llena una bolsa con dos apartados de porexpán y se va en bus a vender. Mientras los envasa, me pregunta: ¿tú crees que con esto podré reunir plata para ir a España?

Atravesamos Quilpue, Viña del Mar por su hermosa costanera. Mirad el reloj de flores, el Sheraton en la playa. De seguido aparece Valparaiso, miles de casas de colores sentadas en un teatro griego con el escenario en el mar, en el puerto que la hizo grande y caótica, pues era parada obligada después del paso por el Estrecho de Magallanes. Aparte de los cerros que conforman las localidades más altas y alejadas, está llena de pequeños cerros que ondulan la ciudad y sirven de miradores.

Paramos en la Plaza Sotomayor, con el monumento a los héroes del 21 de mayo, visualmente entre las torres modernistas de la aduana y la estación, que forman una puerta para entrar desde el mar. La estación mantiene su estructura y una cafetería en su hall semicircular. Bonita. El edificio racionalista de Correos, ahora Museo de Bellas Artes.

Los cerros tienen ascensores para subir por cien pesos (unos 14 céntimos). Subimos por el del Peral para visitar los cerros Alegre y Concepción. En el cerro Alegre vivió Lisa durante muchos años y abajo de la cuesta tuvo su padre una peluquería. La visita se hace muy especial: en esta casa vivió Enzo, en está los hermanos tal, la iglesia anglicana, los catorce escalones, donde pololeábamos de jóvenes, el Museo Baburizza, el Paseo Yugoslavo, Beethoven, Miramar, Atkinson, aquí había un saloncito de té, aquí una panadería, oh que pasó con esta casa? Hace quince años que no vuelve por aquí y está viendo cómo el turismo está cambiando de dueños a las casas y convirtiendo todo en hostales y cafés caros.

Ya sin luz, pasamos a descansar a un café menos puesto, que resulta ser de la hermana de su amigo Raúl. ¿Gué fue del uno, y qué fue del otro? Y éste se separó y tuvo dos niñitos ¿quieren crema? Se acaba de marchar ¿no viste?

Este es el bar típico de Valparaíso, nos dice frente al cartelón de cinzano, y no todo eso que habéis visto arriba. Y este también, nos dice en el añejo Bar Inglés, en cuyo cartel pintado a mano aclara que el rótulo original fue robado.

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