sábado, 15 de noviembre de 2014

último día en cuba


Me pongo en marcha hasta la 12 y me meto en el Cementerio de Colón, que es gratis los domingos y no hay funcionarios. El coche funebre es un Cadillac negro con cabezas de torpedos en el punto de choque del paragolpes delantero. Tengo que dar la vuelta para entrar al cementerio chino. Pequeño, acogedor, silencioso, con grandes árboles de sombra. Casi todas las tumbas son cristianas, pero también se levantan pequeñas pagodas con incensarios como en los templos budistas e inscripciones en chino. Me entretengo leyendo sus nombres y apellidos en una calle de nichos: Luis Chang, Enrique Lee, Antonio Tang, Alfonso Lam... La calle 23 mantiene edificios preciosos, que dibujo. La antigua fábrica de tabaco H. Upmann reparada y pintada para Tabacuba.

Junto a Beni visitamos el callejón Hamel, que es un collage tridimensional lleno de objetos y graffiti. Una especie de galería sobre el afrocubanismo y sus palos. Se oye música de percusión bongosera y negritas bailando con pelucas para las cámaras digitales. Luego pasamos por la mole de torres circulares de Soledad con San Lázaro. Un hombre pasa con un traje de arpillera y una caja de cartón con un San Lázaro, que nos desea salud. El 17 es el día en que sus seguidores se visten con un saco, deben haber aprovechado el domingo. Su devoción está ligada a la santería, a Babalú Ayé, a quien se ofrecen sacrificios y en ese día se le dona dinero (dame veintisiete velas pa ponerme en cruz).

Salimos al Malecón por Parque Maceo y su estatua ecuestre, el Titán de Bronce. Bebemos cerveza en la Taberna Galeón. Los cubanos descansan sentados en el bordillo, pescan con una cuerda o buceando. El sol ilumina el faro y el castillo del Morrillo.

En Prado se han organizado las timbas de ron. Beben ron blanco de dudosa destilación. Todo se ha llenado de artistas vendiendo sus cuadros. Los árboles se han hecho gruesos y sobresalen de los círculos de hierro fundido que los rodeaban originalmente. Cerca del Capitolio se acerca un buitre con la sinceridad, el amor al gallego y finalmente el anticastrismo. Estos moscones son lo peor de La Habana, por eso siempre dejamos la capital para el final, cuando ya nos hemos cubanizado y sabemos relativizar. Está empeñado en acompañarnos y no nos apetece nada. Le digo que no quiero nada. Ya en el Barrio Chino quiere sentarse en nuestra mesa del Luna de Oro y le digo que preferimos comer solos. Me dice que no va a comer y le repito que preferimos estar solos, que nosotros elegimos nuestras compañías.
- Un día te hará falta una ayuda y te acordarás de mí.
- Me acordaré de mucha gente.
- ¡Te acordarás de mí! me dice más alto y mirándome fijamente a los ojos como si de un maleficio yoruba se tratara.

Cojemos un taxi. Los chavales juegan al baloncesto y al fútbol por las calles con un balón ponchado que suena bastante mal. 23, edificio Alameda. Nos sentamos en un bar de cerveza dispensada a seis pesos, hace un calor pegajoso. Unos chavalillos nos explican el mecanismo de unos triciclos caseros de madera y rodamientos con los que bajan las cuestas. El volante es el eje de la rueda delantera, fijo a uno de los costados y móvil el lado opuesto. Me dicen que si soy pintol que pinte a éste de tremendas orejas. Frente a Tabacuba hay una terraza con cerveza Polar en botella y dispensada en jarras de tercio. Hay un borracho pintado y una señora con una gran jarra. Se pone a llover y nos metemos bajo una visera de hormigón de una sola columna. Una luz lateral quema todas las fachadas y parece levantar ese fuerte olor a tierra mojada. Bajamos hacia Los Almendrales, al río. Atravesamos el puente que los une a Miramar. Abajo empujan un coche que cuando empieza a funcionar arrastra a todos los chavales y los revuelca por el piso mojado. En la Casa de la Música todo se ha acabado. Hay un fuerte olor y mucho humo. Los músicos recogen los instrumentos en el escenario. Las mesas están llenas de latas vacías de Bucanero.

En el Habana Libre vemos las fotos de los barbudos en el vestíbulo con sus botas encima de los sofás.
La señora nos cuenta que se jubila a los 55 años. Necesito tiempo libre para ir a un balneario que me haga bien para la artrosis en los codos y las rodillas. Bueno, esto se ha acabado, hay dos Cubas y un pueblo que vive mal. El bloqueo es un asesinato. Estados Unidos ahora castiga a una empresa que nos vendió una purificadora de agua. Apenas si ha llovido, es una salvajada.

Nos llama a un taxi.  Es un 1430 como el que tuvo mi padre. Es emocionante circular otra vez en él. Hacen milagros.
- Es una Lada, Nosotros le llamamos 1600 aunque tiene 1500 centímetros cúbicos. Éste es un 1600 Especial.

En el aeropuerto nos dejan pasar las botellas de ron que aparecen en las radiografías. Todo lo demás es lo de siempre.

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