miércoles, 15 de octubre de 2014

el friso maya de la blanca



En la antigua ciudad maya de La Blanca, oculta durante más de un milenio en la selva tropical guatemalteca, se encontró un friso excepcional en muy buen estado de conservación, según dicen Cristina Vidal y Gaspar Muñoz, directores del proyecto. El friso, que ha sido datado alrededor de los siglos VII y VIII d.C., mide 4,75 metros de largo y 1,5 metros de alto y forma parte de la fachada de una subestructura, es decir, un edificio que fue clausurado por los mayas y que quedó sepultado en el interior del gran basamento de la Acrópolis de La Blanca, sobre el cual se erigieron más tarde los soberbios palacios excavados y restaurados por el Proyecto La Blanca durante la última década.

En el centro del friso aparece un mascarón, el rostro de un ser divino, formado por diferentes sillares o piedras labradas. Esta figura está rodeada de otros seres sobrenaturales que, según indican los investigadores, formaban parte del universo mitológico de los mayas, presumiblemente vinculados con el ámbito celeste. La nariz, o el hocico, del mascarón central, alrededor del cual se arremolinan las demás figuras, fue rota de manera intencionada, parece ser que como respuesta a un acto ritual que se llevó a cabo cuando se clausuró el edificio, como atestiguan los restos de material quemado que aún se conservan. Destacan también los ojos globulares en espiral del mascarón, el entrecejo, las volutas que emergen de las comisuras de la mandíbula superior, las orejeras cuadradas de las que cuelgan sendos pendientes y los adornos superiores de las orejeras en forma de voluta o espiral. Por otro lado, lo que parecen ser los dientes de la figura central son dos cuadretes simétricos en cuyo interior se tallaron dos dientes. Y en el centro, en un cuadrete más grande, se talló un motivo en forma de X, también visible en las orejeras, que confiere a este personaje un carácter celeste. En los laterales aparecen representadas las cabezas de unas serpientes bicéfalas, en las que se puede distinguir el ojo, la ceja, las fauces abiertas, la lengua y los colmillos.

Aún es pronto para formular una teoría acerca del significado del friso, pues creemos que habrá al menos otro simétrico, sostienen Vidal y Muñoz. Sabremos más sobre la funcionalidad de esta subestructura cuando penetremos en su interior, lo que esperamos.


National Geographic España

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