domingo, 14 de septiembre de 2014

sábado sevillano




Paramos frente al Parlamento Andaluz, que antes fuera hospital. Saltan sus muros las palmeras washingtonias. El trozo de muralla hasta la puerta de la Macarena, junto a la Iglesia de Santa María de la Esperanza Macarena. Beni la ve de espaldas mientras yo la dibujo. No entiendo esta religión en que se idolatran figuras de escayola. En el bar de la esquina hay una miniatura del Arco de la Macarena con su imagen dentro.

La Torre de los Perdigones es un recuerdo de la zona industrial que ahora es universitaria. Arriba hay un mirador. El pabellón de Andalucía de la Expo'92 es un cilindro oblicuo azulado convertido en la sede de la televisión autonómica. Lo que queda de esa expo empieza en el Puente de la Barqueta, una especie de puente colgante de un solo ojo.

La Alameda de Hércules algún día debió serlo, ahora es una explanada de cemento rojizo, con más calvas que árboles. Allí merodean Chicuelo, Manolo Caracol y la Niña de los Peines. Sus entrada y salida tienen un recuerdo de las columnas de Hércules, donde los leones ocupan el sitio a Simón el desértico.

Velázquez en el Duque, Tetuán. Por las calles venden el llamado paladú, palodús en mi pueblo, que tanto me recuerda los mocos verdes de los críos. E higos chumbos que el señor pela con una facilidad pasmosa. La Plaza Nueva, el Ayuntamiento. Nos tomamos un risoto falto de fungi y sobrado de nata.

Santa Ángela de la Cruz y Santa Catalina. Y por fin el Rinconcillo, una vieja bodega con unas acelgas con garbanzos riquísimas, en la calle Gerona, junto detrás de Santa Catalina. Unos guiris se arriman al tonel y les decimos que se dejen de paella y se dediquen a la acelga. Se hace corro con el dibujo.

Por la tarde me voy al mirador de Las Setas que realmente me fascina, donde hago unos dibujos por mi cuenta. Me estaría toda la tarde dibujando desde este fantástico sitio, pero me esperan en el cine y me tengo que largar. Vemos una peli llamada Lucy, por aquella mujer hábil de Abisinia y de uno cincuenta, a la que unos arqueólogos pusieron nombre escuchando a los Beatles. 

La peli empieza de maravilla, de sorpresa en sorpresa cada nuevo plano; pero luego llegan esa tanda de explicaciones que dan en las de ciencia-ficción y aquella rubia universitaria se convierte en Antoñita la fantástica. Demasiado.

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