martes, 2 de septiembre de 2014

la privacidad rendida al capital



Imagíneselo: Sale de su casa para el trabajo y el sensor de luz sobre su puerta registra la hora y toma una foto. En su coche se iniciará una comprobación rápida del abuso de sustancias según sostiene el volante. Una vez que se le permite conducir, el ordenador de a bordo registra su velocidad y hábitos de frenado, y envía un gráfico a los analistas de la policía y a su compañía de seguros. Su Android pasa sus coordenadas GPS a alguna autoridad desconocida y a Google, que vende la información a distintas marcas. En un semáforo su placa de matrícula se registra, junto con una imagen térmica que muestra cómo sus pasajeros están en el coche. Además, un avión no tripulado invisible usa su zoom sobre su cara, la analiza y lee su estado de ánimo y el "tono" y compara con arquetipos de amenazas conocidas para ese día. Todavía sentado, mira a la izquierda donde un adolescente en el coche vecino que lleva Google Glasses con las que graba su rostro; de hecho, unos momentos después, Instagram le notifica que su expresión ha entrado en un concurso de votación al día y ya cuenta con 5 puntos. Su radio de coche detecta su ansiedad creciente y empieza a poner algo de música fácil de escuchar para calmarlo. Una máquina escanea su ojo para entrar en el edificio donde trabaja y el escáner de huellas digitales para iniciar sesión en su PC, en la que tiene que ser cuidadoso en la forma responder a mensajes de correo electrónico, extra consciente de cómo hablar en los teléfonos y con miedo de usar la máquina de café, ya que cuenta sus tazas y envía las estadísticas de un estudio de la productividad del trabajo con ramificaciones desconocidas. Decide volver a casa y llama al coche. Sensores y alarmas se apagan. Su coche cuestiona su mudanza. Una aplicación aparece en su Android y explora sus características. Un sensor de luz graba su regreso, solo. Entra en la cocina y la nevera inmediatamente le indica que hay poca leche y su computadora portátil tiene una lista desplegable de elementos que necesitan reposición en el frigo. Usted mea y la taza le hace un análisis de orina y después echa un producto azul. Se mete en la cama y se acurruca en posición fetal, la manta se calienta hasta el punto óptimo de "calma". Los sensores del dormitorio leen su angustia y encienden las luces y una voz flotante le pregunta una y otra vez si está bien, a la vez que advierte a su compañía de seguros, que alerta de inmediato a un consejero, cuya voz en la sala ahora le explica los pasos que ha de dar para recibir un Valium y un conjunto de cupones de descuento que se oyen llegar a su bandeja de entrada haciendo sonar una campanita electrónica...

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