miércoles, 27 de agosto de 2014

la playa de madrid





Esta nueva playa urbana no es sino una fuente donde uno puede tumbarse en su superficie, con diversos chorros de agua cambiantes y un sistema de pulverización. Está a la orilla del Manzanares, en pleno nuevo parque de la Arganzuela. El proyecto surgió de la propuesta ganadora de un concurso infantil y juvenil de ideas en que participaron 3.500 escolares en el año 2005. Esta fuente está rodeada de césped y árboles, aunque solo algunos son lo suficientemente grandes como para dar sombra. De hecho me resultó bastante difícil encontrar un hueco entre los cientos de sudamericanos que disfrutan, como solo ellos saben hacerlo, de ella. El efecto es el de encontrar un oasis, después de una larga marcha por el desierto, completamente lleno de hipopótamos. El agua huele a lejía y cloro.

A mí me gusta esta sensación de estar de viaje, de disfrutar de un domingo en Guayaquil, Santo Domingo o Pimentel, rodeado de familias que se enseñan cosas en los móviles y niños morenos arropados con toallas que parecen aplacar sus nervios y que se asoman descarados a mi cuaderno mojando sus páginas.

William me felicita por los dibujos y me pide que dibuje a su familia, pero le digo que lo hago muy mal. Al rato, me pongo a dibujar a la gente que toma el sol sobre el césped. William se acerca y me dice esa es mi familia y se pone al lado de su señora para salir. Percy y William, con torsos de gimnasio, beben latas de mahou que sacan de una fresquera, y las señoras, Iris y Marina, unas fantas de naranja. Son Peruanos y hablamos de Chiclayo, Pimentel, Trujillo, Ica, y los ojos les brillan. Hacen fotos con su inmenso móvil novamás y me acercan dos euros. Oh, no, yo no cobro por dibujar, me gusta hacerlo. Toma no más, lo hisiste bien yaahh.

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