martes, 4 de febrero de 2014

el día de las almendrillas







La conmemoración del Día de las Ánimas Benditas del Purgatorio se celebraba en Bolaños el cuatro de febrero, pero a raíz de los fusilamientos del tres de febrero de 1837 en la Olla de los Muertos, el pueblo pasó el día de San Blas, de demasiado jolgorio para una fecha tan trágica, a este día. Hay muchas versiones sobre el asunto, pero parece que una partida forastera y carlista encabezada por Palillos mató el 3 de febrero de 1837 a veintidós liberales del pueblo.
El caso es que así se pudo recordar los muertos un día y festejar al día siguiente, aunque mucha gente piensa que la celebración es por el día de las Ánimas Benditas.
También se le llama el Día de las Almendrillas, porque la plaza se llena de puestos donde se venden garbanzos, pitos, higos secos, peladillas, almendras garrapiñadas, frutas escarchadas, cañamones con miel, turrones y demás frutos secos y dulces que se compraban para llenar un pañuelo y llevarlo a la novia atado, lo que se llamó la pañolá, y que generalmente servía para entretener a la suegra ronchando mientras el novio metía mano a su hija por debajo de las sayas de la mesa camilla.
Recuerdo de chinorri que venían con camiones de turrones y con el portón de atrás abierto en horizontal, sujeto con cadenas, hacían un pequeño escenario donde el dueño hacía una rifa. Repartía unas tablas con varias cartas pegadas y luego sacaba una del montón. Mientras se repartían las tablas un chaval voluntario sujetaba una pila de tabletas que cada vez era mayor y el jefe decía aquello de no van a ser ni una, ni dos, ni tres tabletas de turrón de almendra, sino... Todos se mofaban del chaval, al que incluso ponían una máscara de goma y una tableta en la boca para que fuese comiendo. Todos nos reíamos de él, pasando cierta envidia por el premio en turrón que obtendría.
A pesar de que no es fiesta local, siguen viniendo muchos puestos, y la gente baja a la plaza de los distintos barrios para alquerir.

Aunque casi perdido, el pueblo procesó un fuerte culto, con hermandad y procesión, al armenio llamado San Blas, médico milagroso curador de almas y cuerpos, especialmente de las lesiones y problemas de garganta, pues en el momento de su detención sacó una espina clavada en la de un niño. En el pueblo vecino aún con más pasión, pues duraba la celebración varios días, como si de varios santos se tratase: San Blas, Resanblás, San Blasillo y el más chiquitillo. 

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