martes, 7 de enero de 2014

invictus


Fuera de la noche que me cubre,
negro como el abismo de polo a polo,
agradezco a los dioses si existen
por mi alma invicta.

Caído en las garras de las circunstancias
no me vieron llorar ni pestañear.
Bajo los golpes del destino
mi cabeza está ensangrentada, pero erguida.
Más allá de este lugar de lágrimas e ira
yacen los horrores de la sombra,
pero la amenaza de los años
me encuentra, y me encontrará, sin miedo.
No importa cuán estrecha sea la puerta,
cuán cargada de castigos la sentencia.
Yo soy el amo de mi destino:
soy el capitán de mi alma.



Out of the night that covers me,
Black as the Pit from pole to pole,
I thank whatever gods may be
For my unconquerable soul.

In the fell clutch of circumstance
I have not winced nor cried aloud.
Under the bludgeonings of chance
My head is bloody, but unbowed.

Beyond this place of wrath and tears
Looms but the Horror of the shade,
And yet the menace of the years
Finds, and shall find, me unafraid.

It matters not how strait the gate,
How charged with punishments the scroll.
I am the master of my fate:
I am the captain of my soul.

              William Ernest Henley (1875)


La estancia de Mandela en la cárcel durante 25 años fue a menudo salpicada por el tratamiento humillante y deplorable. Inicialmente, los prisioneros negros fueron humillados con pantalones cortos, comúnmente usados ​​por los niños, en lugar de pantalones largos como uniformes. Mandela también se le prohibió usar gafas de sol cuando se ven obligados a trabajar en una cantera de piedra caliza, y los chispazos de las rocas dañaron su visión. El polvo de la cantera también dañó sus conductos lacrimales, lo que hizo imposible para él para llorar hasta recibir una cirugía correctiva en 1994. Tal vez los momentos más dolorosos llegaron a finales de 1960, cuando Mandela perdió a su madre y su hijo primogénito, y se le negó el permiso para asistir a sus funerales. 

Ese poema era su favorito ... Cuando perdió el coraje, cuando sintió que acaba renunciando o simplemente al acostarse pensando no levantarse de nuevo, lo recitaba. Y le daba lo que necesitaba para seguir adelante (Morgan Freeman).

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