viernes, 31 de enero de 2014

construir la revuelta


El dilema más importante al que nos enfrentamos no es ideológico. Es logístico. El estado de la seguridad y la vigilancia ha convertido en su máxima prioridad la ruptura de cualquier infraestructura que podrían provocar la revuelta generalizada. El estado sabe que la yesca está ahí. Se sabe que la desintegración progresiva de la economía y los efectos del cambio climático hacen que el descontento popular inevitable. Se sabe del subempleo y la fatalidad del desempleo, la reducción de las prestaciones por desempleo, el deterioro de la enseñanza, que la clase media se marchita, de los fondos de pensiones saqueados por los ladrones de fondos, y a medida que el gobierno continúa dejando que la industria de combustibles fósiles asolen el planeta, el futuro será cada vez más un conflicto abierto. Esta batalla contra el Estado corporativo, en este momento, se trata principalmente de infraestructura. Necesitamos una infraestructura para construir la revuelta. El Estado corporativo se determina para negárnosla.

Los políticos, las empresas, la industria de las relaciones públicas, la industria del entretenimiento y los ridículos expertos de la televisión hablan como si pudiéramos seguir construyendo una sociedad basada en el crecimiento ilimitado, el consumo derrochador y de combustibles fósiles. Se alimentan de la manía colectiva para la esperanza, a expensas de la verdad. Su visión pública es auto-delirante, una forma de psicosis colectiva. El Estado corporativo, por su parte, se está preparando de forma privada. Se está cimentando en su lugar un estado policial, que incluye el despojo completo de nuestras libertades civiles más básicas y la militarización del aparato de seguridad interna, así como una mayor vigilancia de la ciudadanía.
-Chris Hedges 

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