viernes, 29 de noviembre de 2013

círculo la amistad de logroño

De un viaje a Ribafrecha en 2006.

dibujos de álvaro ortiz para los animales bailarines



Precioso videoclip del Estudio Vaca para el grupo navarro Wilhelm and the dancing animals , y que se estrenó el mes pasado. Los dibujos suponen la primera incursión en la animación del magnífico ilustrador (y también cuadernista) Álvaro Ortiz. ¡Volvamos a los orígenes y disfrutemos!

jueves, 28 de noviembre de 2013

torturas según roldán

En Navarra (durante su etapa de delegado del Gobierno) se producían detenciones y denuncias por torturas. En los manuales de ETA se indicaba cómo efectuar la denuncia en todos los casos de detención. Por otro lado, hay sentencias que confirman torturas. Bien, si no somos hipócritas, uno tiene que entender que si detienes a un señor que ha matado a 23 personas y lo interrogas y confiesa, ¿qué es lo que le ha hecho confesar? Ha habido golpes, presiones físicas que no dejan huella, pero que puedes pensar que se producen. Presiones psíquicas, también. ¿Alguien se cree que declaran lo que declaran sin coacciones? Luis Roldán.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

mani de las mareas en el cuaderno diminuto



Como una exhibición sindical llena de logotipos, barreras humanas de control, popes y consignas aburridas, camino por el Paseo del Prado pensando en que esto ha perdido la música y la gracia, y que hemos vuelto atrás. Por aquí se pasean los partidos, los sindicatos y los actores concienciados delante de las cámaras. Sin pena ni gloria. Velázquez se puso el casco obrero. Alguien propone ir a Bankia, pero los peceros, como en los tiempos de revolución, prefieren que volvamos a casa, pues toda acción no organizada, inexplicablemente, hace el juego a la derecha. La famosa involución.
Aprovecho estar tan cerca de la Cibeles tan despejada para dibujarla.

martes, 26 de noviembre de 2013

dublineses






En el mismo Dublín de Joyce, el fotógrafo JJ Clarke escribía una obra parecida llena de instantáneas de la vida en la ciudad. Clarke llegó a Dublín a estudiar Medicina. Ambos fueron unos jóvenes estudiantes al tiempo y ambos trataron de captar el Dublín que cambiaba de siglo. 

Las fotos van de 1890 a 1910 y pueden verse en el Catálogo de la National Library of Ireland. Y su visita es absolutamente recomendable.

lunes, 25 de noviembre de 2013

páginas añadidas

Como el cuaderno de Lisboa se me queda corto, le añado un acordeón para guardar en el bolsillo de la contraportada. Ahí pongo el retrato que me hace Ricardo, el que yo le hago a Eduardo, algunos azucarillos, los billetes del avión, el grupo del último día, la fachada del Nicola, el gran descubrimiento de Trina con burbujas para los digestones y otras cosillas. Y esto es todo amigos.

domingo, 24 de noviembre de 2013

la ruta del 28, unos pasteles, piernas y brazos


Me quedo sin páginas en el cuaderno y tengo que meterlo todo con calzador. Duermo de un tirón y bajo a desayunar a la pastelaria Flor de Imperio, muy animada. Un galao de máquina y un pastel de nata con Margarida. Hemos quedado en el Mirador de Graça con Ricardo. Mientras esperamos, dibujo las vistas. Un café con Ricardo y luego los dos nos vamos en el eléctrico 28, un tranvía que nos da una vuelta muy interesante por Lisboa. Bajamos en la Iglesia de los Praceres y su cementerio. Hay un terreno reservado a los bomberos voluntarios. Mi abuelo estuvo enterrado aquí, me dice orgulloso Ricardo. Nos vemos aquí con Margarida y Eduardo, que se pierde con su cuaderno. Hay unos iconos chulos en las tumbas como si de un catálogo se tratara y hubiera que distinguir el tipo de difunto.

Nos tomamos unos pasteles en Belén y luego nos acercamos al Tajo a tomar el sol, junto al Monumento a los Descubridores. Me hablan de la música pimba, música hortera, de pachanga. Subimos al barrio de Mariana, a la capilla renacentista circular de Santo Amaro, con contrafuertes en el exterior y piernas y brazos por doquier en el interior. Una señora nos explica que un albañil se rompió un brazo y una pierna en la construcción de la capilla, pero le fue curado de forma milagrosa. Las escalinatas al río reproducen un barco. Los aviones vuelan bajo. En uno de esos partiré dentro de un rato. Es por eso que ya nos despedimos.

sábado, 23 de noviembre de 2013

el botánico, la sé, tabernas y una cena divertida


Eduardo va a currar en coche. me deja en el Jardín Botánico, el primero de Portugal. Pasamos por la Plaza de la Alegría, allí está la cueva del Hot Club, todo un clásico de jazz en Lisboa. También por un palacio exótico de ventanas de herradura y cúpula india. Hace 20 años vivía una familia aquí, me dice mi conductor y guía.

El Jardim es tranquilo y solitario. Paseo por viejos y gigantes árboles de Mozambique, Australia, Japón y China, un jardín francés abandonado y el Observatorio Astronómico. Llegan niños y lo llenan de alegría. Bajando la escalera se llega a un jardín más salvaje con esculturas contemporáneas con cierto sentido del humor y muchas especies mezcladas con un criterio apacible.

Cinemateca y Bellas Artes, una enfrente de otra, en la calle Barata Balgueiro. Un galao de máquina, esperando que abran, en la terraza de la Cafetaria Picasso. La Cinemateca tiene una expo de José Loureiro y un restaurante chulo, con techo de madera, grandes ventanales a la terraza y friso de azulejos como los del metro.

De la Plaza de Comercio subo hacia Alfama. El salón de té japonés, la Casa dos Bicos, olor a sardinhas, el eléctrico lleno de turistas, alemán. La Sé es un auténtico castillo almenado, piedra vetusta, tres naves, crucero, una columna desplazada por el terremoto. La iglesia de enfrente es San Antonio, me dice un abuelo entre gargajos. Una filipina toca el cristal del santo. La luz baja de la cúpula. Santa Justina parece una monja en una urna de cristal, lleva guantes de encaje y perlas. Huchas y velas automáticas.

En un escaparate, una mujer elegante con cintura de avispa luce un corséfaja de ortopedia. En Madalera encuentro una cantina. Un viejo ciego se ha dormido. Luego se pone un cigarro en la boca y, tocándolo, se lo enciende. Cuando pregunta, canta. Me ponen una caña con altramuces. En el 32, una horma gigante colgada en la fachada de un zapatero. Putas y A Ginjinha, una antigua taberna donde te ponen un aguardiente de cerezas con este nombre.

Frente a La Brasileira hay una peluquería de caballeros que afeitan a navaja. Es tarde para ponerme en sus manos. Me hubiera gustado. Cojo el metro. Cenamos en casa con amigos dibujantes. Eduardo me presenta a su hija Mariana. Ricardo me trae pipas sin cáscara, pevives à portuguesa. Hablan de sus blogs y otras cosas que cojo con dificultad cuando hablan deprisa. Apunto algunos comentarios. Eduardo habla de su viaje a América del Sur. Margarida es más entrañable, con una especie de nostalgia familiar, de arraigo. Me enseña una antigua máquina de cine de su abuelo. Se me agolpan en la cabeza muchas valiosas mujeres que sus hombres tapan. Sacan la cabecita de detrás humildemente. Aquí estoy.

viernes, 22 de noviembre de 2013

bicas de otoño


Mañana limpia espectacular. Nubes escasas que se forman detrás de la ciudad. Desayuno en la terraza de la Leitaria Académica. Dibujo esta tranquila y hermosa plazoleta. La fuente barroca o chafariz, el agua sale de unos delfines, y las ruinas de la Iglesia do Carmo, que ahora es un pequeño museo arqueológico, y que visito. Las naves de la iglesia están descubiertas, las salas cerradas carresponden a las capillas. Dibujo lo que llama mi atención, como el esclavo sujetando las espuelas del caballero muerto o el San Antonio del siglo XV.

Como en el Jardín de Amalia Rodrigues, en la orilla del estanque que llaman Linha d'Agua, tomando tranquilamente el sol. Parecen todos unos pijillos excepto esta señora extraterrestre con las piernas hinchadas y moradas que pide un vaso de leche. Luego, se duerme al sol, siguiendo los ritos de su planeta.

Paseo hasta el Gulbenkian, que es un búnker de hormigón en medio de un jardín. Hay una expo de los griegos desde el Neolítico. Me bebo una Cheers en la terraza mientras dibujo un grupo de abuelas inglesas coquetas. Desde la salida puede verse un edificio clásico portugués pintado de rosa, es la Residencia de la Embajada Española. Detrás se levanta la cúpula turquesa de la mezquita. La fachada es de ladrillos naranjas pastel. Impresionante recortada en el cielo rojo con los aviones atravesando su minarete. Solo se puede visitar por la tarde. Detrás edificios bancarios de cristal y acero.

Empiezo a notar el frío en los huesos. Cojo el metro hasta el Baixa-Chiado. La tienda de guantes, carruchas en un escaparate y una señora cosiendo disfraces de carnaval en la Rua do Norte. En la Leitaria Nelson todos los abuelos miran la tele. Un galao calentito y una española con el salgo de una relación de cuatro años. En la Rua do Loreto los negritos me piden tabaco. Museo de la Farmacia. La calle del eléctrico, velas en escaparates góticos con un reloj, me siento cansado, compro unos pasteles, me esperan a cenar. Margarida me enseña su cuaderno. Un tesoro con las hojas costureras, botones, alfileres. Precioso.

Bajo a la Pastelaria Flor de Imperio. Una bica y gin con Trina de limâo, y me pongo a dibujar al personal. Me vuelvo un poco loco y la camarera se pone a enseñar dibujos. Es el momento de coger el caminito que nos lleva a la cama.