jueves, 5 de diciembre de 2013

primos lejanos


La biología molecular llevaba décadas revolucionando el estudio de la variabilidad humana y esclareciendo nuestras relaciones con los grandes simios. Fue en el laboratorio donde se descubrió que nuestra especie era muy reciente y que todos venimos de África. Pero disponemos también desde hace poco del ADN mitocondrial y nuclear de dos especies (o subespecies) humanas desaparecidas recientemente: los neandertales y los denisovanos. De los primeros conocemos bien su morfología, de los segundos prácticamente no sabemos nada.

Ahora se ha dado un nuevo paso adelante en la investigación genética -que es también un gran paso hacia atrás en el tiempo geológico- con la secuenciación del genoma mitocondrial casi completo de un humano que vivió en Atapuerca hace mucho tiempo. A los paleogenéticos les sale, con sus cálculos basados en mutaciones, que habitó la Sierra hace 400.000 años, aunque podría ser algo más antiguo según las dataciones paleontológicas y geocronológicas.

Finalmente hemos dado a conocer un genoma mitocondrial casi completo procedente de un fémur humano de la Sima de los Huesos. Para sorpresa de casi todos, este genoma se relaciona antes con los denisovanos asiáticos que con los neandertales europeos. Existen varias interpretaciones para este resultado. Quién sabe si los de Atapuerca y los antepasados de los denisovanos se cruzaron con unos humanos de estirpe antigua que también vivían en Eurasia. Tal vez el siguiente genoma mitocondrial de la Sima que se logre secuenciar (seamos optimistas) resulte más parecido al de los neandertales, lo que indicaría que había por aquel entonces cierta diversidad. En todo caso, el problema no se resolverá hasta que se recuperen otros genomas antiguos, en la Sima y fuera de ella. Esta es una de esas historias que terminan con la celebre palabra “continuará”.













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