miércoles, 25 de diciembre de 2013

libros encadenados

Al final de la Edad Media ya había mucha gente interesada en la lectura de los libros encerrados en iglesias y conventos, y que no podían permitirse el lujo de comprar. Se creó así un sistema de bloqueo de libros con cadenas, en ciertas salas, que permitió el acceso libre a la lectura al tiempo que salvaguardaban de los potenciales ladrones la valiosa colección de libros de la biblioteca. Se trata de uno de los pocos casos en la historia en que las cadenas han supuesto un paso hacia la libertad. Cinco de ellas aún se mantienen intactas.







La biblioteca encadenada de la pequeña ciudad de Zutphen, Países Bajos, construida en 1564 como parte de la iglesia de San Walburga. Tiene un sistema de barras en los propios atriles de lectura donde se agarran las cadenas que llegan hasta un broche metálico en las contraportadas donde se fijan. Se emitieron sesenta llaves de la sala, para canónigos y gente de fuera.





La biblioteca encadenada de la Catedral de Hereford, en Inglaterra. Construida a principios del siglo XVII, es uno de los más grandes ejemplos de la supervivencia de una biblioteca encadenada con más de 220 manuscritos (incluyendo los famosos del siglo VIII Los Evangelios Hereford). En este caso los libros encadenados reposan en los estantes donde se sujetan y se leen en un atril, lo que permite que haya más libros disponibles.






En la hermosa Biblioteca Malatestiana de Cesena, Italia, los libros están escondidos dentro de los pequeños atriles. Está diseñada como una iglesia con bancas donde la gente podía sentarse a leer. Fue encargada y construida por el noble Señor de Cesena entre 1447 y 1452, cumpliendo su sueño de tener un espacio público para la lectura.

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