viernes, 4 de octubre de 2013

música, palmeras y una playa de arena negra








Nos despiertan los pájaros. Fuera hay palmeras y torres de pisos hasta la muralla de montañas. Todo el mundo lleva flores a sus muertos en el cementerio de muros de piedra volcánica y les habla con esa dulce voz. La Playa Jardín es de arena negra, lo que resalta a los bañistas, todos turistas alemanes.

El Chiringuito Pipo está lleno de locales y es barato, la terraza se desparrama entre las grúas del puerto. Es una persona tan tan desagradable, increíble, si lo cuentas no se lo van a creer, siempre provocando. En la Plaza del Charco tres músicos tocan dixie hasta que una pedorra pide una ranchera y luego un pasodoble y se pone a bailar con su marido de camisa cian bajo esos gigantes árboles que parecen almeces o limoneros. En la mesa de al lado hay un grupo de la banda con instrumentos de viento que tocará en la procesión, se levantan y se añaden a la fiesta. Ahora tocan todos juntos.

Un niño que odia el batido de plátano quiere besar a Beni cuando ya he empezado el partido. Esto del juego balompédico me da sueño. Beni cuece unas papas para ensaladilla, estas papas pequeñas, ricas y llenas de caliches que aquí tienen, que parecen piedras. Luego vamos al Cosmopolita, y ya van 5-1, donde dibujo a los parroquianos. En la terraza del Hotel La Marquesa una chica canta por Julio Iglesias y en la Plaza del Charco emulan al Trío Los Panchos, que oímos alejarse entre callecitas y callejones tranquilos llenos de plantas y casas antiguas.

Puerto de la Cruz.

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