jueves, 12 de septiembre de 2013

el puerto, clases de tango y cerveza en el déjà vu








El hotel resultó ruidoso. Me levanto temprano. Dibujo el patio mientras la chica ve la tele sin volumen. María Luisa ha dormido mal, quiere cambiarse de hotel. Nos vamos al Hotel Río de la Plata, en la calle 18 de Julio, la más céntrica y llena de edificios chulos. Alguna vez estuvo nuevo, hace mucho. Por la calle, los chavalillos juegan a pedradas.

En el puerto entramos en un extraño club con banderines y mesa de billar donde el camarero bajito cocina y se pone a bailar cuando levanto la cámara de fotos. Gente maja sin problemas, muy diferente a los porteños. El mercado tiene un bonito techo de madera sobre una estructura de hierro forjado. Está lleno de restaurantes con estufas parisinas.

Vemos las exposiciones del Teatro Solís recién restaurado y paseamos hasta la antigua Estación Central General Artigas, que empieza a desmoronarse y está llena de familias sin techo, en los soportales, que hacen lumbre en grandes latas. Esta escena miserable contrasta con las grandes columnas, estatuas y vitrales de su arquitectura a la francesa. Dicen que la cerraron alargando la mano para recoger alguna moneda. Hay parejas jóvenes con hijos alegres. No tengo de acá, les digo y les dejo un billete nuevo de dos pesos argentinos que se pasan los niños como un cromo difícil.

Todo el mundo ve fútbol a todas horas en los bares. La Catedral Metropolitana no tiene nada especial, quizá el suelo cerámico. Caminamos por la peatonal hacia esa extraña puesta de sol. Volvemos por 25 de Mayo, la Junta Departamental, la gran columnata, edificios hermosos por toda la calle hasta la peatonal Sarandi, a un costado del Teatro Solís. Independencia, el extraño Palacio Salvo como un faro en la esquina, del mismo arquitecto que el Barolo de Buenos Aires, Mario Palanti. Quisiéramos conocer el Club de Billar de la segunda planta. Tenés suerte, solo se puede subir a esa planta, porque es una escuela de tango.

Un abuelo mira nervioso a esa pareja bailar tango. Las mesas de billar están tapadas con plásticos. Se ven relojes y una vitrina llena de trofeos. Al fondo, unos chavales le dan al taco. El profesor explica los movimientos. Nos sentamos en las mesas del bar para oír las clases, la barra está vacía, no se ven camareros. Aunque los dibujo, los tanguistas nos ignoran.

Afuera hace frío y llueve. Vamos a los bares de Sarandi, que es donde el portero dice que hay ambiente. Cuidado con los bolsos, nos dice al alejarnos. Lo mismo en todas las ciudades del mundo. Nos acogemos a una promo de dos Pilsen de litro mientras los chavales ensayan la canción del sueño alcalaoide de la mujer metafísica. El bar se llama Déjà vu, pero es la primera. Cantan hay gente limpia sin fusiles en la colina y luego cosas de Led Zeppelin. Nos volvemos calentitos al hotel que un día fue diciendo tonterías con esa forma de Bolaños. Le pedimos mantas a un señor mayor que mira la tele con gruesas gafas. Las escaleras son de madera, los suelos cerámicos (así llaman al cemento hidráulico) y los techos altos. Los muebles se mantienen bonitos desde los 60. El tráfico de la calle parece pasar por debajo de la cama.

Gastos: 26,69 euros. Gastos Acmds: 628,97 euros. Media Diaria: 62,90 euros

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