viernes, 30 de agosto de 2013

un paseo por el hondo









Había soñado mis últimos instantes.
Sudaba boca arriba en el sol cansado de la tarde. Estaba tumbado en la maraña de los tomates y había un fuerte olor a verdín. Un líquido bajaba por mi cuero cabelludo como una caravana de hormigas. No sé si era sudor o sangre, pero poco importaba.
Se estaba bien, liberado de un gran peso como un viejo boliviano que ya atravesó la frontera. Acariciado por la larga rama de una calabaza y cariñosamente lamido por un perro negro.
Las nubes se tintaban de rojos y lilas cuando escondían el sol.
Y yo ya había perdido las ganas de recordar.

3 comentarios:

  1. Luis, añadamos pasajes...están tan estupendamente trabajados los claroscuros sobre el papel entonado, que parecen de otra época. Fantásticos

    ResponderEliminar
  2. Gracias. Se lo debo al perro, que no me deja que tarde más de cinco minutos.

    ResponderEliminar