martes, 4 de junio de 2013

murió solo


como ella se temía, demasiado temprano, en la uvi. Lloramos mientras subió a la capilla para hablar con su dios. La mortaja estaba hecha de sábanas y ella se acercó y se disculpó temiendo la última mala cara: amortajé a tu padre y a tu madre, pero a ti no he podido. Nosotros seguimos llorando por ella, que seguía hablando a su lado. Dejas a una mujer anciana y sola, le dice sabiendo que quizás había preferido la muerte a una vida indigna, arrastrada.

El certificado dijo que había sido el día anterior para llevárnoslo a casa a la hora de comer. El coche fúnebre va tan rápido que es difícil seguirlo. A la puerta esperan todos sus empleados. La Miguela, la Ino y Mari Carmen lo han llenado todo de sillas plegables y se han llevado los muebles y trastos.

Meten el ataúd en la habitación grande, la tía Elvira cuenta historias de su hermano, que Javi quiere oír. Los demás nos repartimos entre la gente, cansados de estar en fila. Me siento con el tío Paco y los primos. La gente se va yendo. A las tres y media me acuesto en mi casa, en una cama llena de fantasmas.

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