lunes, 27 de mayo de 2013

segundo día en menorca



Javi tiene una cita con un cliente en Mallorca. Yo subo con el coche hasta Fornells mientras ellas duermen. No es un pueblo bonito, pero tiene una bahía inmensa llena de veleros. Cala Tirant y Cavalleria. Mercadal y la cortina de colores de la peluquería. Alaior y el Talatí De Dalt cerrado.

Cuando llego se acaban de levantar. Me doy un baño en la piscina y hago la compra. Trepucó, el mayor poblado tayolítico, a la vera del puerto natural de Maó. Conserva los cimientos de las casas y dos torres de vigilancia o tayalots. De su taula llama la atención lo delgada y regular que es la piedra de apoyo. Era un altar, un lugar de oficios y sacrificios religiosos donde se hacía fuego. En relidad el nombre se refiere a todo el recinto, con forma de herradura, con esta especie de mesa (una piedra horizontal sobre otra vertical). Su acceso está en el sur. Algunos investigadores sostienen que la pilastra central sujetaba una cubierta.

El periodo tayolítico empieza sobre el 1200 ac con esas construcciones funerarias en forma de nave invertida llamadas navetas y termina en el año 123 ac con la conquista romana, aunque se siguen usando los mismos poblados y necrópolis pero con cambios estructurales y de utillaje. Este poblado fue destruido violentamente durante la Segunda Guerra Púnica, por lo que mantenía el utillaje doméstico en muy buen estado (está en el Museo de Menorca).

El Talatí de Dalt ya está abierto. Es privado y nos cobran tres euros. Esta cultura no existió en Ibiza, ni las islas pequeñas de las Baleares. Hay hipogeos y a las casas se puede entrar pues mantienen las grandes vigas de piedra y las losas de los techos (dibujo). Se conserva también la muralla y el recorrido es agradable a la sombra de acebuches que se cimbrean con el viento con ese sonido que la madera produce en los grandes barcos.



Vamos al chiringo de Binisafuller, pero no hay nadie en la cocina y la camarera está sobrepasada y pasa del negocio. Vamos entonces a una pequeña cala de pescadores, al oeste y al lado de Punta Prima. El chringo es italiano y hace pizzas, pero el dueño, un chaval italiano bastante desagradable comparado con lo que aquí se despacha, nos trae tres salmonetes, dos sargos y una rodaja de atún. Pasamos del atún y nos comemos los cinco peces con una guarnición de berenjenas y calabacines con buenas vistas a la cala.

El dueño es un presuntuoso que dice que la próxima comida nos saldrá gratis. La última vez me vendí por una foto, ahora quiero cambiar al dibujo, dice. Nos cobra también el atún y todos los peces de la zona. Pepi nos dice que ya haremos cuentas. Nos quedamos otro rato delante de un expreso con posos.



Calescoves, la Cova des Degotadís. Canutells es una urbanización alrededor de una piscina gigante, llena de guiris. Botes sobre baches y el coche rallándose con el lentisco hasta el acantilado lleno de cuevas con puertas rectangulares y una columna central a la manera tayolítica. En esta parte cuento veinte cuevas. Baño en el camino de vuelta, con el agua fría. Cuando Javi llama, la cala se está cubriendo de sombras.

Con él paseamos por Maó. Plaza de la Constitució, el Ayuntamiento, la iglesia franciscana, el Casino con esa visera modernista de cristales engarzados en una estructura metálica, lleno de señoras y grandes ventiladores, el mercado municipal en un claustro.

Antes de acostarnos vemos un documental sobre la suerte de los republicanos que huyeron de España y acabaron en el Sáhara haciendo una línea férrea para el Gobierno de Vichy. Algunos morirían torturados y otros engrosarían la Novena Columna, que liberó París y atacó el Nido del Águila, el refugio de Hitler en los Alpes.

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