domingo, 17 de febrero de 2013

trasiego complicado


Bajo a desayunar. El comedor del hostal está en el sótano; pero como aquí todo está en cuesta, este comedor da a una patio con soportales como si fuera una pequeña plaza o un claustro. En el centro: veintiún futbolines en tres filas y cubiertos por un techado hecho de lona impermeable.

Paseo por Potosí mientras Beni duerme. Me acerco al Cerro Chico como atraído. Me detengo en las casas señoriales y dibujo los muñecos encaramados en sus columnas, paso a los patios. Entro en el edificio de correos con sus mesas destartaladas, compro postales. Me acerco al barrio bajo el cerro pelado y rojo. Casitas pequeñas de adobe y tejas. Los tejados curvados por el tiempo. Algún ingenio aún en pie. Ramblas con escombros. Indias con carritos azules preparando el almuerzo.

Vuelvo al centro. La Merced con techos mudéjares de madera. El Templo de Belén está abierto porque tiene un restaurante dentro. Fue rehabilitado en 2.005 con ayuda española. Ahora es e pequeño Teatro Municipal Modesto Omiste, con un restaurante caro. Cuando voy a subir al teatro me para una señora y me dice que no se puede.
-Un pequeño derecho a verlo tengo, veo que mi país (señalo al logo de Cooperación) ha participado en la restauración. ¿Así lo agradecen?
Finalmente me lo deja ver. Le doy las gracias a la señora.

Hasta el último momento no conseguimos dos plazas para Uyuni. Es carnaval y viernes y va mucha gente. Al final falla una reserva y nos vamos. Recorrido precioso por carreterín de tierra, con pampas de paja y llamas, pueblecitos de adobe. Se va transformando en más desértico, montañas rojizas con puntos verdes como en San José. Una laguna rosada por la gran cantidad de flamencos. Cactus peludos viejunos con pelos canosos. Más adelante va apareciendo la roca roja y crea paisajes como en Arizona. Esculturas gigantes de piedra roja que hace formas de árboles y otras curiosas. Termina en un cañón que tenemos que bajar y acompañar su riachuelo que baja con fuerza.



A medio camino, el bus no puede subir una cuesta y empieza a echar humo, se para y retrocedemos. Una mujer histérica dice que nos bajemos para que el autobús suba vacío. Bajamos. Se ha quedado sin aceite y le han dado un calentón al motor. El sol pica, pero el aire es fresco. Llegan dos buses, se monta la gente. Alguien dice que no puede con más de diez (apretados en el pasillo). Quedamos ocho en tierra: dos argentinas, una pareja de norteamericana y suizo, dos pardillos de Potosí y dos pardillos de Ciudad Real. No hay problema: dentro de una hora viene otro autobús. Llega, nuestro chófer habla con el otro chófer, mueve la cabeza negando. No va a Uyuni. El chófer va parando coches para colocarnos, ninguno quiere. Me acerco para enterarme. La gente pide pasta y el chófer no quiere pagar. Hablan sin tapujos porque piensan que no los entiendo. Le digo que la empresa tiene que asumir el problema y pagar a quien sea para llegar a nuestro destino (aquí no hay cobertura telefónica y la empresa se enterará de lo sucedido a las seis, cuando lleguen los otros buses a Uyuni). Me dice que él no es la empresa y que no tiene dinero. Empieza a hacer fresquito. El aire mueve el polvo del camino. Nos ponemos las chamarras. Dibujo el paisaje. Ya han pasado dos horas. Nos metemos en el bus arruinado. Para otro coche. Llevamos tres horas tirados. Me llama el chófer. Nos mete en un 4X4. El chófer negocia la pasta: 25 cada uno. Cuando estamos dentro, me dice que lo tengo que pagar yo, que mañana me lo paga la compañía.

Son una pareja que hacen turismo nacional. Nos enseñan un mapa marcado con rotulador de lo recorrido del país en varios años. Ella parece tener una pequeña agencia de viajes en Cochabamba. Nos cuentan que no montan a nadie (supongo que quiere decir sin cobrar). Hacen apología de su ciudad y nos dicen que nos perdimos lo mejor no pasando por ella. Oh! La comida y el clima son excelentes! Ella no aguanta el calor seco y yo no la aguanto a ella. Él me cae bien, nos ilustra y cuenta anécdotas, ella es una chaspanta con cara de dólar. Anotan los kilómetros, los pueblos, calculan el gasto de gasolina. Da la impresión de que quieren montar una ruta Cochabamba-Uyuni con su 4x4.



Nos dejan en el centro. Pillamos el primer hostal. Cenamos en un mejicano que sólo tiene pizzas, no son horas. Mañana intentaremos ir al salar. Hoy ya sólo conviene cerrar página en una buena cama.


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