martes, 17 de enero de 2012

lima en polvo


Frente a la fachada del Palacio de Justicia descansan los embarrados vehículos del Dakar. La gente se hace fotos, grita, aplaude.
El centro de Lima es sucio, ruidoso y contaminado. El tráfico es caótico. Los coches pitan y además llevan la música a tope. Cogemos un bus hacia el estadio Alianza Lima. Las calles están llenas de talleres grasientos y casas bajas y destrozadas de colores. Todo tiene una capa de polvo negro. Entre el ruido, un chaval cuenta a voces su dramática vida, pero no se le oye con las cumbias de los altavoces y los pitidos de la calle. La banda sonora de una pesadilla. En resumen: se ve sumido a la delincuencia si no le ayudamos. Con estos ojos rojos y llorosos del humo, sólo veo belleza en la gente, en los dibujos de los motores y maquinarias en perspectiva caballera, en los colores saturados de los rótulos. 
Frente a la comisaría de Cotabambas ponen el Tiradito de Comisario. Compramos los boletos para Huancayo, camas. Comemos en El verídico de Fidel, un templo del ceviche para el pueblo. Desde la ventana se ve el estadio. Bebo la cerveza del 110 aniversario del Club Alianza Lima y me quedo con la chapa, de tapa ponen granos de maíz recién tostado. Sin despreciar el Ceviche Criminal, gana el clásico de lenguado, langostinos y pulpo.
De vuelta a casa, hace un calor insoportable, paramos en la iglesia de los huérfanos, por encontrar frescor. Luego, en el Chavelo, nos apretamos unas jarras de jugo de piña y de papaya. Mientras descansamos, dibujo el restaurante. Margarita ya se sabe la contraseña y, tranquilamente, escribo para los amigos.

 El Verídico Fidel. 

 El Chavelo.

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