sábado, 30 de abril de 2011

níjar y las negras

Difícil moverse con un grupo tan diverso. Riquísimas tapas vascas y almerienses con Isabel y Alfonso (y su cojoguía que hace día a día). Las Negras bajo la lluvia. Unos aquí y otros allí. Demasiados líderes. Mi Upe siempre alegre, siempre positifa. El agua nos irrita. Cervezas en una terraza mientras se pone el sol. Embutidos, quesos y vinos de la zona, gracias a Alfonso. Risas y charleta hasta que ésta degenera en un bucle. Entonces mejor dormir.

resaca bíblica






















Los concursantes se retiran. Como jornaleros marroquíes, limpiamos los restos de la batalla con instrucciones precisas: las botellas allí, las colillas aquí, los dientes en aquel cubo, la inocencia con la basura orgánica. Queda la paz sucia de una discoteca a medio día, con olor a tabaco y el suelo pegajoso de los cubatas. Nada que el sol no pueda limpiar.
Metemos cada cosa en su cajón, los cerramos con clavos y les quitamos las etiquetas. Colocamos la vajilla como robots, sin placer en las texturas. Barremos con miedo a ver. Fregamos con saña. Y esperamos el sol para encontrar otra playa.
En la arena, un rascamoños se pone a arder. Dios pierde el tiempo con nosotros. Lo aburrimos. Se divierte creando tempestades, destruyendo almas insignificantes, inventando dramas. Entonces, y sólo por diversión, se convierte en un tirano. En un terrible dictador que dice arbitrariamente en qué cola debemos esperar.

viernes, 29 de abril de 2011

fotos, tapas y un partido en la terraza




























Voy con Alfonso e Isabel a Almería. Vemos el Cable Inglés, que no conocen, y una expo en el Centro Andaluz de Fotografía. Es del finlandés Pentti Sammalllahti. Gatos y perros hacen su vida en nuestras ciudades. Los elegantes pájaros se saludan. Los paisajes son mágicos. Nieblas, brumas. siluetas de gente sobre la nieve. Me encanta la serie de andantes, con ese punto de captar el segundo adecuado. Fotos de Irlanda, India, Nepal, Marruecos. Pero sobre todo el frío. Rusia, Siberia, Finlandia, Islandia. Sombras difuminadas.
Me resulta curioso ver fotos de marroquíes en un barrio de Almería lleno de marroquíes.
Después, ampliamos la colección gastronómica de Alfonso con una visita a Casa Joaquín. Un bar terriblemente feo con unas tapas fenomenales: pota, boquerones, ensaladilla y un pisto con trozos de berenjenas.

A cambio de las morcillas artísticas de Rafa, los seriadictos nos dan cancha para sacar al Lobico, Mantecas, Medallas y el resto de titulares por enésima vez. Hoy libramos a Quety de los humos, a riego de ser detenidos por el acharolado vecino.
Saca Upe, por los rurales, con la pelota de la Rae. Alfonso, que había sacado inocentemente las canillas del ifone, se queda en el arbitrio. Acepta seguil aunque es falta, por mirar sólo por cima, y un cuzo fisgón por simpatía (o una brusca entrada en la cama). Pero lo que no puede admitir son esos dos saltamontes de Alburquerque (padre e hijo, que parecen gallifantes, gafañotes o gañifotes) porque Enrique no sólo exagera, sino que suele meter trapillo para el engaño.
Entonces se cierra, y ni sinaco, ni chola que no sea zapatilla o mestiza. Desmedida su altura con esas ínfulas por sombrero, decide cortar por lo sano, llamando a la acharolada autoridad. Por lo que abandonamos la hierba a la suerte pikolín.

jueves, 28 de abril de 2011

paseando por la mañana



Después del barullo de la noche, con copas, trapillos, juegos de palabras y algún cabreo madridista, vuelvo un poco a mi ser por la mañana (no soy ave nocturna). Madrugo y me doy un paseo a Los Cortijos Grandes, unas cuantas casas blancas a los dos lados del camino que va a Los Escullos. Sólo hay una casa ocupada, las demás están cerradas y vacías. Me siento en unas piedras y dibujo sin mucho afán. Se agradece el silencio que permite oir los pájaros. Visito una vieja noria de sangre (mula o burro).
Cuando vuelvo ya están desayunando. Alfonso se fue andando a Los Genoveses. Vuelve con el pan y la promesa de un vino.
Nos vamos a Los Escullos, esas rocas blancas esculpidas por el agua y el viento. A veces milhojas y otras colmenas. Toña y Enrique se quedan dibujando. Alfonso se ausentó en el bar, Upe y Kiko están en la playa. El resto visitamos el castillo de San Felipe, la terraza del Chaman y el resto de escullos hasta casi El Embarcadero. El viento apreta. Me escondo en un hueco y dibujo.
Luego: cañas, tapas, un gato con ganas de comer, ensalada y chuletas, el vino prometido y vuelta a la calma. Ese momento perezoso en que el sol entra por la ventana, cada uno hace sus cosas en silencio y en el aire se oyen las páginas de un periódico pasar y las voces de los críos que, lejos, juegan al fútbol.

miércoles, 27 de abril de 2011

tortilla con vistas

Empiezan a llegar bolañegos y hago de guía y de chófer. Visitamos las calas recorriendo los cerros rocosos como cabras (de Cala Carbón a Mónsul. Toña hace una tortilla impresionante con vistas a la cadena marciana que nos tapa el mar (dibujo). En las crestas, los excursionistas se dibujan como palitos finos. En el refugio de Cala Higuera nos apretamos unas cervezas de a tercio. Las olas tocan las castañuelas con las piedras cuando van de vuelta.
Quety llega en tren y luego Upe en su coche violeta. Cenamos ensalada de perdiz escabechada, un tanto  picante. Bebemos copas en casa mientras Toña juega con esa pelota gigante que usan en pilates. Seguidamente, nos certificamos hasta otro día.

martes, 26 de abril de 2011

pescando en la rioja

Llueve. Ana se va por la mañana. Cambia el limpia. Los críos vomitan como los marcianos esos de la película de anoche.
Por la tarde llegan Toña y Enrique. El aeropuerto es pequeño y manejable. Cuando faltan cinco minutos para la llegada del vuelo, llega la policía municipal a hacer la recaudación. Se ponen a multar como locos.
Vienen directamente de La Rioja, con la cabeza todavía allí. Vamos al Mirador de la Amatista para que Toña, que desconoce esta zona, se haga una idea general. Un ratón de campo se come las miguillas de los turistas. Lola tiene cerrado. Unas cañas en el hostal de la Isleta. Las olas ponen la música. Un mendigo francés quiere un cigarro. Imposible calcular su edad tras esa larga barba. Sacan sus pinceles y disparan. Junto a Chon Wayne, uno se siente pequeño. Los pescadores llevan un gran pulpo agarrado a la pared de plástico de un cubo. El gallo desdentado mira al infinito mientras fuma. Como de una tribu ancestral, comemos asaduras y sangre frita encebollada. Es tan barato que Enrique piensa que se han equivocado. El mar se vuelve plateado, las cosas cogen densidad y luego se apagan hasta convertirse en siluetas de montañas y las luces del Pozo.
Cuando cenamos, seguimos en La Rioja. La madre de Toña se ríe, y ellas también. Dorita escribe sobre su pueblo y su padre espabila. Deja el mando a un lado y se pone a hablar. Nosotros, que hemos venido de visita, nos disculpamos y nos vamos a acostar.

domingo, 24 de abril de 2011

media luna de arena gris


A penas si ha quedado gente y esto vuelve a su estado, al vacío. Pienso que el gran atractivo de esta zona es el vacío. El lugar ideal para empezar. Cualquier cosa es importante donde no hay nada.
Hoy nos bañamos en la cala de La Media Luna. Aquí la arena camina hacia la sierra y la vegetación se agarra contra el viento. Como un jardín japonés, la arena rodea piedras, palmitos y rascamoños. Nuestras huellas desaparecerán por la noche y mañana habrá que empezar de nuevo.
Hoy hacen un castillo con foso. Martín organiza una exposición de piedras. Beni lee un libro y las hojas se las lleva el viento hasta el mar. Elvira se moja para hacerse un vestido de arena, calcetines y guantes. Y yo trato de dibujar a una excursionista alemana que, recalentada por el sol, se quita toda la ropa y se mete al agua. Demasiado rápida para inmortalizar ese cuerpazo para Angelito, que se queja de que dibuje tanta gorda. No me da tiempo ni a sacar la pluma.
El cielo se nubla, la pareja del fondo se viste y lanza una cometa. Es el momento de irnos.



sábado, 23 de abril de 2011

calaqué



El día es fresquito y todo esto está plagado de gente; pero aquí estamos en busca de una playa escondida que nos resuelva todo. En su excursión por los acantilados, Ana y los críos encontraron una pequeñita entre la Cala de la Media Luna y Cala Carbón. Su nombre no aparece en los mapas. Paseíto, bajada no apta para chanclas y allí está. Sin viento, con sol, arena fina y sólo dos mendas.
Hoy toca escultura. Ana hace un dragón con flequillo, una tortuga con caparazón de conchas y una cabeza dentada. Elvira hace una cabeza rodeada de muros para que el agua no la destruya. Y Martín hace un pequeño poblado que enseguida es atacado por las naves de la Guerra de las Galaxias que lo destruyen todo.
Este sitio está muy bien, ¿Cómo no lo habíamos descubierto antes? Tiene más profundidad y resulta ideal para bañarse, tiene muchas conchas y piedras redondeadas de esas que nos gustan, rocas para explorar y bucear, y apenas gente (fuera de temporada suponemos que nadie). Apuntar sitio para volver.
Nos bañamos a pesar del frío que hace y es que, realmente, hace más frío fuera que dentro. Y luego nos sentimos bien. Aprovechamos los últimos rayos de sol para controlar las esculturas de arena. Y nos vamos.

Luego, visitamos La Datilera, una bonita casa rural que ha hecho el otro socio del Pez Rojo, que también tuvo, en Madrid, el Suristán; aquel sitio tan cojonudo de la calle de la Cruz con mogollón de actuaciones de cubanos y africanos. Ahora se instaló aquí con su chica (Tatiana) y sus trillizos. Nos la enseña y nos bebemos unas cervezas. Es un tío tranquilo y de buen rollo.

En Rodalquilar, nos bebemos otras cervezas en El Cinto, el bar de Lola. Hoy está a tope. El camarero pregunta cómo se dice chorizo en inglés, para explicárselo a una pareja de guiris. Boquerones fritos y sardinas, rico todo. Una hamburguesa para Martín Pescador y carne para Elvira, ya de capa caída.

Vuelta espectacular, con todos los cerros silueteados en la noche reciente. La bajada en picado por el mirador de La Amatista y los frailes como dos tetas turgentes. El capitán Martín y su ayudante de vuelo, después de recordar el aspecto que tendrán ahora el dragón la tortuga y las cabezas, se quedan dormidos en su puesto. Unos extraños seres usaron, sin lugar a dudas, sus pistolas durmientes.

Los dibujos son de la punta entre la cala de La Media Luna y Calaqué, y Ana y Elvira esculpiendo en la playa de Calaqué.

viernes, 22 de abril de 2011

playa elvira y playa martín

Son dos playas tranquilas, repletas de cangrejos felices. A Playa Elvira llegan los piratas y son bien recibidos. Las cangrejas bailan y tocan las maracas. Las tortugas también bailan. Los peces se mueren de envidia. Encuentran un tesoro y la fiestuqui sigue toda la noche.

En Playa Martín, la cosa va bien hasta que llegan las naves de la Guerra de las Galaxias. Empiezan a tirar cosas que no son misiles y cogen unos sables que no son de hierro. Empiezan a caer tantos trastos que nadie está tranquilo. Algunos cangrejos palman. Es una playa divertida, pero no demasiado segura.

mejor una playa que un cuaderno

Borges poetizaba afirmando que el único de sus libros que merecía salvarse era su libro de arena. Quizás el único cuaderno que merezca la pena es este cuaderno de arena. Con páginas efímeras de Elvira, Ana, Martín y yo. ¡Qué fácil es todo cuando tiene tan poca importancia, cuando hace sol y no hay nada mejor que hacer!


jueves, 21 de abril de 2011

agua para todos



Amanece el cielo amenazante de lluvia. Esperamos al primer rayo se sol para salir corriendo a una playa. Quieren agua salada como el cangrejo ermitaño. Como hay gente hasta en la sopa, nos bajamos a Cala Carbón, de difícil acceso y sin arena. No hay nadie. Nos hacemos dueños y señores. Nuestros tronos sobre las piedras verdosas. En el agua, los críos y mi menda, nos dedicamos a saltar las olas rabiosas que llegan hasta la orilla. Entro y salgo mientras ellos siempre están allí. Algunas familias excursionistas nos envidian y se empelotan al lado. Elvira y Martín hacen amigos con los que seguir saltando. Mientras tanto, me dibujo la cala, algún habitante, Ana y Elvira, que ha salido tiritando.
Nos comemos unos sandwiches y aguantamos hasta que el cielo vuelve a amenazar.
Ya en casa, un rayito vuelve a atravesar las nubes. Rápidamente y con la sirena puesta, vamos a la Isleta, al último rincón de la playa. Pero llegamos tarde, no hace tiempo para bañarse. Dibujo las vistas desde aquí, mientras los críos investigan cómo hacer lo más complicado.
Subimos las escaleras al altozano repleto de casas rodantes y nos entramos al pueblo hasta el hostal. Cañitas y tapas. Elvira y Martín conversan con los pescadores, preguntan si han pescado y los nombres de los peces. Martín se entera de que hay un pájaro al que llaman martín pescador. Él quiere ser, de ahora en adelante, Martín Pescador. Quiere pescar con cañas grandes. Elvira prefiere que sean más pequeñas y manejables.
Cuando volvemos en el coche, se pone a llover. Ahora sí, ahora ya puede llover.

cuaderno de cabezas flotantes




Hoy inicio, con mis sobrinos, un cuaderno de cabezas flotantes. Las primeras páginas las dedicamos, naturalmente, a las cabezas flotantes de los autores, y algunos culos.

miércoles, 20 de abril de 2011

ganas de playa









Otra vez amanecemos con viento. Pasamos la mañana con la intendencia: compra, arreglo de la ducha, riego, limpieza y comida para varios días (potaje de habichuelas con oreja y crema de calabacín).
Después de comer, llegan Ana y los críos con muchas ganas de playa. Vamos a la misma que llevamos ayer a Angelito. Una cala pequeña y bien abrigada entre El Playazo y el castillo de San Ramón. Hoy hay más gente. La pareja de gorditos de ayer. Una chica entra en el agua con susto. No está fría en realidad. Martín se mete y ya no hay quien lo saque. Elvira también. Recogen chinas de diferentes colores.
Aquí no corre el aire y el sol apreta que da gusto. Se está en la gloria. Ellos lo saborean, vienen derechos de Madrid. Martín hace el cabra por las rocas amarillas. No hay quien los pare.
Después de cenar, nos vamos al Duende. Mientras los críos se divierten por la plaza de San José, Ana nos trae noticias.

federico castellón





Tengo la ocasión de ver bocetos del almeriense Fred Castellón en el Centro de Arte del Museo de Almería. Libres, rápidos, nerviosos, violentos. Me gustan los más bestias, que traigo aquí aún más bestializados. Perdonad mis alteraciones. En internet podéis encontrar cosas más fieles. Tiene estupendas litografías e ilustraciones para libros.

el cable inglés


Es una estructura metálica, de hierro oxidado, que soporta un tramo de vía ferroviaria de la estación a la playa de las Almadrabillas, de Almería. Acaba en un muelle de cuatro plantas, el muelle del Alquife. Parte de ellas están cubiertas con madera. La parte superior es una tablero de vías en que los vagones podían descargar sobre un lado u otro, con un mecanismo en la segunda planta, para almacenar o descargar sobre los barcos.
Se terminó de construir en 1904, para el uso de una compañía minera de Glasgow que extraía mineral de hierro en El Alquife (Granada). En 1970 se dejó de usar, pero no fue desmontado, gracias a que fue declarado Monumento Histórico Artístico. Es una mole espectacular que, creo, se ilumina por la noche.

lunes, 18 de abril de 2011

vuelta al mar de la tranquilidad

Hoy se van los amigos y volvemos a la tranquilidad y al blog. Buen fin de semana con risas, playas aireadas, comilonas, cañas con tapitas, alguna excursión y copas. Se puede resumir en los dos primeros dibujos: el primero, comilona en el hostal de la Isleta, una estupenda cuajadera (guiso de patatas con pescado y demás frutos del mar) y algo de playa. Alrededor, toda la partida menos mi menda.

Hoy sigue haciendo viento. Vamos a la Cala de los Toros, que está muy resguardada. Bajada p0r el Campo del Negro, con su bosquecillo de pinos y palmeras. La playa es de pedruscos rojos con un poco de arena, pero se está de maravilla. Muy poca gente: pareja con niño, mujer con perro y lector con libro. Dibujo el muro de rocas que nos guarda del viento, a Ángel y la playa. El mar está blanco, rabioso de espuma. Nos bañamos. Cuando llega el grupo de senderistas adolescentes, me tapo con el cuaderno.


Después visitamos Cala Higuera. Su refugio circular con sus habitaciones destartaladas y el bar de madera que han arreglado quitando las maderas retorcidas que usaban de decoración. Antes, mucho mejor. Uno no entiende sus excesivos precios.
Última caña en bar del camping con la pareja de amigos de Rafa, fotos de Joe Strummer (su familia sigue viniendo por aquí) y otra, grande, estupenda, de la bahía de San José en el 51. Cerros pelados, arena y una casita con una barca. Eso era todo.
Hablamos de Rafa y sus niñas, de Manolo y Sonia, de Joe, del Pez Rojo (que llevaban ellos), el Plátano Azul y otras historias del pasado de San José.
Comemos macarrones con champi y queso y siestorro. Llueve. Café en el Duende.

domingo, 17 de abril de 2011

mundo mutante


Recibimos visita. Al final le pillan el tranquillo a este extraño mundo. Ángel llena el maletero de estos alienígenas más propios de una chapa de díaXmenos60, aunque yo los veo más dentro del mundo de Miró que de Poe. Es otro de los regalos que el mar nos hace.

viernes, 15 de abril de 2011

juanita caballero







La fotógrafa suiza, afincada enAlmería, Jeanne Chevalier, ha hecho fotos fantásticas de esta zona. Me gustan porque destaca lo de salvaje, lo de virgen, que tiene. Publicó dos libros con fotos hechas en los años ochenta y principios del noventa (los años en que venía más a menudo), llamados Calas y Campo. Editados en 1989 y 1995. Acompañadas de poesías de José Ángel Valente.

Éstas que muestro, son malas reproducciones . Pueden verse sitios de los que hablo aquí, como Los Genoveses, El Playazo de Rodalquilar, La era de Las Presillas Bajas, El Cortijo del Fraile, dunas y la abrupta costa.